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La voz del Magisterio

El santo Job había soportado hasta el final la pérdida de sus bienes; entregado a los golpes de los espíritus malignos, sentía los dolores de las heridas, pero, amando la sabia necedad de Dios, había pisoteado con el desprecio de su mente la necia sabiduría del mundo. A Job se le llama pobre frente a los ricos del mundo, oprimido frente a los poderosos, necio frente a los sabios. Para los tres amigos tiene respuesta, porque siendo pobre no busca sus riquezas, estando oprimido no busca ayuda contra los robustos, apareciendo como necio no busca la doctrina de la sabiduría de la carne. El santo varón, arrebatada su alma por encima de sí, en su pobreza no siente la estrechez de la necesidad; oprimido, nada padece; voluntariamente necio, no se deja sorprender por la sabiduría carnal. Otro pobre oprimido [san Pablo] dice: «Estamos en apuros, pero no desesperamos; sufrimos persecución, pero no estamos abandonados; nos derriban, pero no perecemos». Y se refiere a la sabiduría de la santa necedad, diciendo: «Lo necio de este mundo lo ha escogido Dios para confundir a los sabios»; y: «Si alguno de entre vosotros se cree sabio de este mundo, hágase necio para ser sabio». Por eso, desvelando la gloria de la opresión y la riqueza de la pobreza deseada, dice: «Estamos casi muertos, pero aún vivimos; nos castigan, pero no nos alcanza la muerte; nos tienen por tristes, pero estamos siempre alegres; nos consideran pobres, pero enriquecemos a muchos; piensan que no tenemos nada, pero lo poseemos todo».
San Gregorio Magno, Libros morales (Moralia in Iob), VII, 52 (595)
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