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Impresionismo. Un nuevo renacimiento
El entusiasmo por la modernidad
Hasta el 22 de abril, la Fundación Mapfre acoge 90 grandes obras maestras de Manet, Monet, Renoir, Sisley, Pissarro o Cézanne, entre otros. La exposición Impresionismo. Un nuevo renacimiento recorre la historia del más importante movimiento artístico moderno, a través de las grandes obras maestras del Musée D'Orsay

La casa del ahorcado en Auvers-sur-Oise, de Paul Cézanne (1873). Museo de Orsay
La exposición Impresionismo. Un nuevo renacimiento constituye una ocasión única para contemplar, a través de los grandes maestros, una visión global de este movimiento artístico que cambió la percepción de la modernidad: el impresionismo, que supone un nuevo Renacimiento, un momento de esplendor en las artes que cambiaría todo el devenir artístico, marcando nuevos valores y nuevas maneras de hacer y de entender el arte.
El movimiento impresionista eclosiona en todo su esplendor en un momento históricamente muy complicado, marcado por la guerra franco-prusiana y los sucesos de la comuna que convulsionan París, además de transformar el mundo en su configuración y sus planteamientos geopolíticos.
El impresionismo y su afán de transformación no supusieron, sin embargo, una ruptura radical con el arte tradicional y académico. Cada artista -realista, impresionista o académico- busca una transformación en el arte que lo haga más acorde con el mundo moderno. Y ésta es una de las grandes aportaciones de esta exposición, que, además de presentar obras maestras de los impresionistas, ofrece también una visión de aquellos otros artistas que, en los mismo años, también intentaron, aunque desde otros lenguajes, una renovación de la pintura.
Artistas clave
Édouard Manet se convierte en el gran artista del momento, así como la gran referencia para los impresionistas. El pífano es, sin duda, la obra que mejor resume la complejidad artística de Manet, su revolucionaria modernidad y su apego a la tradición. La escuela barroca española se convierte en estos momentos en un gran referente para estos artistas. Sus obras retoman las lecciones de Goya y Velázquez. El realismo sobrio y austero de Velázquez permitía a Manet justificar una pintura apegada a la realidad. Como ocurrió con estos artistas españoles, sus creaciones nacen con la aspiración de perdurar en los museos
Claude Monet se presenta, en cambio, como el artista más virtuoso con obras como La estación de Saint-Lazare, Las regatas de Argenteuil o La calle Montorgueil. Frente a la fuerza de éste, Renoir aparece como un artista más sensual, más delicado en sus retratos, quizás por las sutiles irisaciones de su paleta veneciana, que se muestran con esplendor en obras como El columpio.
Cézanne aprendió junto a Pissarro lo que significaba el impresionismo. Su complicidad se muestra al comparar obras como La casa del ahorcado, de Cézanne, y Los tejados rojos, de Pissarro, que muestran una composición muy similar.
Si Monet, Renoir o Cézanne se caracterizan por la renovación estilística, Degas representa la renovación del clasicismo. Su modernidad se apoya en una estética fragmentaria que le permite
crear la ilusión de representar un instante de la vida moderna.
La exposición Impresionismo. Un nuevo renacimiento se cierra brillantemente con las últimas obras de Manet, que demuestran su triunfo absoluto.
V. Gutiérrez
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