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El problema, la cultura
Es común, entre los católicos, escuchar comentarios de desánimo ante la situación social en la que se desarrolla la acción evangelizadora de la Iglesia. Sobre todo en la política, queda una y otra vez en evidencia la dificultad de encontrar ofertas representativas de las preocupaciones y aspiraciones de los católicos. El Papa ha animado a dejar atrás los lamentos, y a comenzar a promover la presencia de los católicos en la vida pública desde los cimientos


Biblioteca Vaticana
Para Benedicto XVI, la falta de representatividad de los católicos en la vida pública no constituye, ante todo ni sobre todo, un problema político: nos encontramos ante un problema más de fondo, de naturaleza cultural. Desde hace años, asistimos a una brecha cada vez más profunda que separa la cultura dominante de la visión de apertura a la trascendencia que presenta la Iglesia. Se ha difundido una visión materialista y relativista que parece incapaz de comprender un mensaje de salvación metafísico. Y cuando surgen los debates legislativos sobre cuestiones morales o de libertad religiosa, se constata que faltan hombres capaces de dar razones de lo que creen y esperan, a causa de este divorcio entre fe y cultura, que luego se manifiesta en divorcio entre fe y política, entre fe y ciencia, entre fe y economía...
El Papa no sólo ha concentrado la prioridad de su pontificado en ofrecer un magisterio que permita a los creyentes dar razones de su fe, sino que, además, quiere que las instituciones de carácter cultural de la Santa Sede estén a la altura de los tiempos. Así se comprende la importancia que atribuyó, el 28 de enero, festividad de Santo Tomás de Aquino, al encuentro que mantuvo con los miembros de las Academias Pontificias, con motivo de su XIV Sesión Pública. Cada una de estas Academias cuenta con grandes hombres de cultura en los cinco continentes, pero ¿quién sabe siquiera que existen? Su impacto se reduce a su ámbito de reflexión: les cuesta hacer cultura. Algunas de las Academias Pontificias están especializadas en Teología (como las Academias Pontificias de Santo Tomás de Aquino, de Teología, de Arqueología, de la Inmaculada, de Bellas Artes, Cultorum martyrum, y la Academia Mariana). Otras de las Academias Pontificias, entre las más prestigiosas del mundo, están dedicadas a las Ciencias, a las Ciencias Sociales, o la Vida.
Al encontrarse con el primer grupo de Academias Pontificias, el Papa quiso continuar con la labor emprendida en su encuentro con artistas del mundo que mantuvo en la Capilla Sixtina, el 21 de noviembre pasado. Su audiencia quiso convertirse en una sacudida para que los intelectuales católicos comprendan mejor la emergencia actual, pues en ocasiones parece que el Titanic se estuviera hundiendo, mientras los intelectuales católicos siguen ocupados en sus propias tareas internas.
Dialogar con el mundo de hoy
Benedicto XVI dijo a los académicos que están llamados «a ofrecer una contribución cualificada, competente y apasionada, para que toda la Iglesia, y en particular la Santa Sede, pueda disponer de ocasiones, de lenguajes y de medios adecuados para dialogar con las culturas contemporáneas y responder eficazmente a las preguntas y a los desafíos que la interpelan en los diversos ámbitos del saber y de la experiencia humana».
Como ya ha afirmado muchas veces, el Santo Padre reconoció que «la cultura de hoy se resiente fuertemente, tanto de una visión dominada por el relativismo y el subjetivismo, como por métodos y actitudes a veces superficiales e incluso banales, que dañan la seriedad de la investigación y de la reflexión y, en consecuencia, también el diálogo, la comparación y la comunicación interpersonal. Parece, por tanto, urgente y necesario volver a crear las condiciones esenciales de una capacidad real de profundización en el estudio y en la investigación, para que se dialogue racionalmente y se confronte eficazmente sobre las diversas problemáticas, en la perspectiva de un crecimiento común y de una formación que promueva al hombre en su integridad y compleción».
La problemática adquiere una dimensión particular en lo que se refiere a la educación de niños y jóvenes. En repetidas ocasiones, Benedicto XVI ha calificado de emergencia educativa la situación cultural que dificulta transmitir a las nuevas generaciones unas convicciones firmes sobre las que puedan construir su vida. Sobre ello volvió también en su discurso a las Academias Pontificias: «A la carencia de puntos de referencia ideales y morales, que penaliza particularmente la convivencia civil y sobre todo la formación de las generaciones jóvenes, debe corresponder una oferta ideal y práctica de valores y de verdades, de razones fuertes de vida y de esperanza, que pueda y deba interesar a todos, sobre todo a los jóvenes», concluyó.
Jesús Colina. Roma
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