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«Lo mismo que los recuerdos son lágrimas en la lluvia, los artículos publicados en la prensa son literatura volandera que, apenas entrevista, sucumbe al voraz e igualatorio olvido»: así escribe Juan Manuel de Prada en el Liminar de su nuevo libro Lágrimas en la lluvia. Cine y literatura, que publica en Sial/Tribium. Sospecha el autor que los articulistas los publican «por la misma razón que la mariposa alza el vuelo espléndido de sus alas que mañana mismo se apagarán: porque está en nuestra naturaleza; porque como le decía Ruano a la monja que le cuidaba en el Hospital [mucho de lo que escribe Prada sobre Ruano en estas páginas se le puede aplicar a él mismo]: «Hermana, ¿es que no se da cuenta? Yo soy escritor, como usted es monja. No lo puedo evitar». En estas páginas, Juan Manuel de Prada recoge un espléndido puñado de artículos y reflexiones que originariamente aparecieron en las publicaciones más variopintas, pero sobre todo en ABC y en la XL Semanal. Son páginas dedicadas a los libros y a las películas que, según el autor, «han amueblado mi vida, haciéndola más habitable y, desde luego, han sido mi cobijo, cuando el frío invierno, y también el frío infierno, me arañaban con su angustia». Con su rico y peculiar estilo, Juan Manuel de Prada se supera a sí mismo cuando, por ejemplo, recuerda su niñez y a su abuelo enseñándole a leer. Prada no concibe a un hombre libre deshabitado de libros, o de películas; sería tanto como imaginarlo desposeído de alma; y confiesa paladinamente que toda su vida ha consistido en asomarse a «libros que me explican quién soy y a dónde voy».

Abel Hernández no ha escrito nada mejor que este libro, El caballo de cartón, que acaba de editar Gadir, y ha escrito mucho y bueno; y es probable que nunca vuelva a escribir algo mejor que estas 180 páginas, con su glosario incluido de las viejas y queridas palabras del pueblo, que se van perdiendo. ¡Qué película haría Fellini con este Amarcord de Abel, o Tornatore, o Garci, si quisiera. Estas deliciosas páginas en las que Abel Hernández regresa a su soriano Sarnago natal, pueblo hoy deshabitado de las Tierras Altas de Soria, demuestran que se es de donde se pasó la infancia, de donde uno fue niño, por mucho jardín madrileño que se tenga. «El agua que pasa por debajo del puente no vuelve», escribe. Sarnago es, para Abel Hernández, «el mundo al que regreso siempre, si es que alguna vez me he marchado del todo». Ilustran sus páginas preciosas ilustraciones de Cristina Ortiz.
M.A.V.