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No es verdad
Mingote, en ABC
Tinta china tienen que haber sudado los cientos de asesores de Zapatero para preparar su discurso en el National Prayer Breakfast (Desayuno Nacional de Oración), al que ha sido invitado, poco antes del plantón planetario que el Presidente de los Estados Unidos le ha dado, al afirmar públicamente que en ningún momento había pensado encontrarse con Zapatero en Madrid, durante la presidencia semestral de turno de la Unión Europea. La verdad es que empiezan a ponérsele las cosas bastante cuesta arriba a Zapatero. Ventura y Coromina le han pintado recientemente, en una viñeta que ha publicado La Vanguardia, sustituyendo, en la madrileña plaza de Colón, al descubridor de América, bandera norteamericana en mano. Y Mingote, en otra viñeta, le ha pintado de rodillas rezando: Te pido, Señor, un milagro económico, pero que parezca laico, por favor.
La verdad es que, si como dice, no cree en Dios y para él la oración es, según sus propias palabras, una abstracción, lo lógico es preguntarse cuál es la motivación concreta de ZP para participar en ese Desayuno de Oración. Muchos analistas políticos se estrujan las meninges para lograr entender por qué le han invitado y por qué ha aceptado la invitación. Tampoco es que Obama, en este momento, goce de una popularidad como para tirar cohetes; la tozuda realidad va desdibujando la magia inicial y, por ejemplo, el humorista Montoro lo ha sintetizado muy bien en una viñeta que ha publicado en La Razón. Se ve un gran letrero en el que la palabra Massachusetts ha sido tachada con tinta roja y sustituida por otra palabra en la que se lee Menossachusetts: ya saben ustedes, el Estado norteamericano en el que, hace poco, los demócratas perdieron un escaño que les ha hecho dejar de tener mayoría blindada en el Senado. En todo caso, si no entienden la fe ni la espiritualidad, lo menos que se les puede pedir a todos es que la respeten, que no la manipulen para fines ideológicos que nada tienen que ver con la fe. ¡Ojalá no tuviera razón el ex-Presidente Aznar, cuando afirma que España ha vuelto dramáticamente a la segunda división europea y que nunca nadie hizo tanto daño como ZP en tan poco tiempo!
Ahora que no se habla en España prácticamente de otra cosa que del pensionazo, y que el Gobierno socialista parece aceptar matices -¡ojala!, aunque no sea más que por una vez, acierten cuando rectifican, si es que lo hacen-, resulta más equilibrada, justa y sensata que nunca la pregunta que se ha hecho, en ABC, José María Carrascal, ante la disposición del Gobierno «a salvar las pensiones de 2030». ¿No sería más prudente salvar los salarios de 2010?; porque, efectivamente, si no hay una reforma laboral seria y a fondo para sanear nuestra economía hoy, no habrá más trabajadores que puedan garantizar las pensiones del futuro, sino más paro, más frustración y más estancamiento. Se empiezan a oír en España -¿quién lo hubiera dicho hace sólo un mes?- palabras mayores como huelga general, elecciones anticipadas, Solana en vez de ZP. Si Zapatero esperaba que su presidencia de la Unión Europea le sirviera de trampolín para tomar impulso ante los dos últimos años de su legislatura, se está encontrando con que, precisamente, los grandes focos de la iluminación política europea están sirviendo precisamente para todo lo contrario, para que se le vea el plumero también a escala europea, y para que las televisiones, radios y periódicos de medio mundo ofrezcan a sus audiencias y lectores razones apabullantes para no fiarse de este flautista de la Moncloa, sin más criterio que el de permanecer en el poder a costa de lo que sea. No se nos puede pedir a los españoles que nos apretemos el cinturón, mientras los 77.000 altos cargos de la Administración Pública nos cuestan cada año 82 millones de euros; mientras cada ciudadano debe 566 euros de deuda municipal; mientras en España hay 2,6 millones de funcionarios, más de la mitad de ellos en las Autonomías; mientras los cargos públicos tienen pensiones blindadas -a veces, dos o tres- y gastan 1,7 millones de euros en teléfono, 5 millones en viajes y no sé cuantos más en embajadas autonómicas y en derroches antilengua española.
Gonzalo de Berceo