Alfa y Omega > Nº 675 > Desde la fe
Discurso del Papa al Tribunal de la Rota Romana, sobre la concesión de nulidades:
No hay caridad sin justicia
En la Iglesia, no existe el divorcio; sólo, muy excepcionalmente, casos en los que el matrimonio es nulo, porque se contrajo sin que concurrieran los mínimos requisitos indispensables... Un año más, al recibir a los miembros del Tribunal de la Rota, el supremo tribunal eclesiástico en materia matrimonial, el Papa ha recordado que la indisolubilidad del matrimonio es siempre el punto de partida para la Iglesia


El Papa, el pasado viernes, se dirige a los miembros
del Tribunal de la Rota Romana
También en nombre de una malentendida caridad se cometen atropellos. El argumento es, en apariencia, consistente: «El sábado ha sido hecho para el hombre...» O bien: «Mujer, ¿nadie te ha condenado?» Pero se olvida que Jesús nunca animó a la adúltera a seguir pecando, y que si fue benevolente con respecto a algunos formalismos de la época, fue para que los rigorismos no desvirtuaran lo esencial.
Una problemática en la vida de la Iglesia, en particular, es hoy especialmente sensible a este tipo de confusiones: la situación de las personas divorciadas y vueltas a casar, grupo cada vez más numeroso. «Algunos consideran que la caridad pastoral podría justificar cualquier paso hacia la declaración de la nulidad del vínculo matrimonial para salir al encuentro de estas personas», dijo el Papa a los miembros del Tribunal de la Rota. Frente a esa tendencia, una vez más, Benedicto XVI insiste en que «la justicia es inseparable de la caridad», porque «la caridad sin justicia no es tal, sino una falsificación». Del mismo modo, no cabe subestimar el Derecho Canónico, «como si fuese un mero instrumento técnico al servicio de cualquier interés subjetivo», ni el juez que debe decidir en un caso de nulidad debe ceder a la tentación, «cuando la injusticia parece el camino más fácil a seguir, en cuanto que implica la condescendencia a los deseos y las expectativas de las partes, o también a los condicionamientos del ambiente social».
La cuestión central es ésta: «El bien altísimo de la readmisión a la comunión eucarística exige considerar el auténtico bien de las personas, inseparable de la verdad de su situación canónica. Sería un bien ficticio, y una grave falta de justicia y de amor, allanarles el camino hacia la recepción de los sacramentos, con el peligro de hacerles vivir en contraste objetivo con la verdad de su propia condición personal».
Ahora bien, «la caridad excede a la justicia», y por ello, quienes, por su responsabilidad, deciden en medio de estas dolorosas situaciones, no deben «olvidar que se está siempre ante personas marcadas por problemas y por sufrimientos». Hay que proceder con «delicadeza y solicitud», y «es importante trabajar activamente cada vez que se entrevea una esperanza de éxito, para alentar a los cónyuges a convalidar eventualmente el matrimonio».
Y en todo caso, ante las siempre presentes dificultades, no es lícito animar a que se tomen atajos. Si en 2009, el Papa alertó del «peligro de caer en un pesimismo antropológico que, a la luz de la situación cultural actual, considera casi imposible casarse», un año más tarde, reitera que la validez de todo matrimonio es siempre la hipótesis de partida. «En caso de duda, se debe considerar válido, mientras no se pruebe lo contrario».
Ricardo Benjumea
Justicia, caridad y verdad
Desde el pontificado de Pío XII, la inauguración del año judicial viene siendo aprovechada por los Romanos Pontífices para reflexionar a propósito de los criterios que deben conformar la actividad del Tribunal de la Rota romana, al que la Pastor Bonus le encomienda velar por la unidad de la jurisprudencia y servir de ayuda para los tribunales inferiores. Aunque tienen el formato de discurso, no se trata de simples diatribas jurídicas, ni de meras recomendaciones, sino de verdaderas pautas de actuación.
En el discurso de este año, Benedicto XVI se centra en la relación que existe entre el quehacer forense canónico y la justicia, la caridad y la verdad. El punto de partida es la encíclica Caritas in veritate, especialmente el n. 6. Como el propio Santo Padre afirma, las reflexiones de la encíclica no se circunscriben únicamente al ámbito de la doctrina social de la Iglesia, sino que iluminan otros ámbitos.
Con este propósito, y desde un planteamiento de teoría fundamental, pero también de praxis concreta, el Papa fija unos criterios que deben estar presentes en todos los «operadores del Derecho», especialmente cuando existe el peligro de dejarse empatizar por el contexto sociocultural que tiende a sustituir la búsqueda de la verdad, y la consideración del valor de la misma, por soluciones pseudopastorales, en las que se advierte la pretensión de conseguir la nulidad del vínculo conyugal a toda costa, ello con el fin de superar cualquier obstáculo que impida la recepción de los sacramentos de la Penitencia y la Eucaristía.
En este sentido, y frente a quienes invocan la caridad pastoral para justificar cualquier paso hacia la declaración de nulidad de aquellos que se encuentran en situación matrimonial irregular, el Papa repite en varias ocasiones la necesidad de confrontar la caridad pastoral, con la justicia y la verdad.
A modo de flash, los puntos principales son los siguientes: 1º/ El ministerio de los jueces es esencialmente «obra de justicia»; 2º/ Desde la demanda a la Sentencia, el proceso canónico tiene un carácter instrumental respecto de la justicia y la verdad; 3º/ Los «operadores del Derecho» deben ejercitar las virtudes humanas y cristianas, especialmente la prudencia, la justicia y la fortaleza; 4º/ La caridad debe comprender la justicia, y ésta es inseparable de la caridad, también en la administración de justicia; 5º/ La justicia y la caridad postulan el amor a la verdad; 6º/ Hay que seguir afirmando que el matrimonio goza del favor iuris (canon 1060).
Carlos M. Morán Bustos
Decano de la Rota de la Nunciatura en España
© 2006. Alfa y Omega, Semanario católico de información. Fundación San Agustín, Arzobispado de Madrid