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¿De qué se reirán...?

Otra vez esos aplausos, los abrazos, las risas... «El aborto ya es un derecho en España», escribe Martín Prieto en La Razón. «Lo que mueve a horror es esta complacencia de las mujeres socialistas rodeando a la inteligentísima flamenca Bibiana Aído para celebrar un gran día para todas las mujeres, como si descranear a un feto de 22 semanas fuera un festejo taurino-musical mientras se hacen pis de risa. Habrá que pensar por qué, entre las principales féminas del Gobierno de Rodríguez Zapatero, la mayoría no tiene hijos». El Alcalde de Getafe, don Pedro Castro, se sumó a la fiesta, concediendo un premio a un abortorio por su «incansable labor en defensa de la salud sexual y reproductiva de las mujeres», actuación inmediatamente condenada por el Obispado. Mientras tanto, en Ginebra, al Presidente Zapatero no se le ocurrió mejor día que ese ignominioso 24 de febrero de 2010, pobre san Modesto, para afirmar que «nadie tiene derecho a arrebatar la vida de otro ser humano, absolutamente nadie». Al menos, en esta legislatura, no habrá debate sobre la eutanasia, anuncia el Gobierno. ¿Pero alguien duda de que esto no es sólo cuestión de tiempo? El terreno se va abonando. Según desvela el INE, los accidentes han dejado de ser la primera causa de muerte no natural, sustituidos por los suicidios.
Desde una Tercera de ABC, Amelia Valcárcel invita al «discurso religioso» a adaptarse a «las nuevas posiciones de las mujeres». Al parecer, lo que de verdad importa es el bienestar económico... Así lo cree también cierta sociedad civil de empresarios y famosos, que lanza a los cuatro vientos el mensaje de que esto sólo lo arreglamos entre todos. Ahí nos duele. Pero habrá que ir pensando en revisar nuestros prejuicios sobre los alemanes... Su sociedad civil se unió, hace unos meses, para lanzar también un mensaje a la nación, pero lo hizo para promover un clima cultural más sensible a la infancia. Los niños lo ponen todo patas arriba -se muestra en simpáticos anuncios-, pero son la fuente de alegría y vitalidad de la nación, tengan el color que tengan, vengan o no con síndrome de Down. Du bist Deutschland: Tú eres Alemania, dice el lema de la campaña.
Lo que está por ver es que este pragmatismo de nuevo rico nos saque del atolladero. Denuncia el arzobispo de Burgos, monseñor Gil Hellín, en su Carta Una sociedad enferma: «Una sociedad con varios millones de parados, que mata impune y sistemáticamente a sus hijos más inocentes, que administra la justicia según los colores políticos, que miente con descaro y desde las más altas instancias, que viola los pactos más sagrados, que fomenta el odio y el enfrentamiento entre sus miembros, que impide el ejercicio libre de la religión, que destruye la inocencia de los niños desde su más tierna edad, que azuza las pasiones de los jóvenes, que niega que haya acciones buenas y malas con independencia de tiempo y circunstancias, que convierte la escuela en un instrumento ideológico y el poder político en trampolín para el enriquecimiento personal y el medro de los suyos, que se empeña en no tener hijos, en una palabra, una sociedad cuarteada en sus estructuras básicas y removida en sus cimientos éticos es una sociedad decadente y enferma de extrema gravedad». Pues ésa es nuestra España, y «no debe ser mirada con desinterés, desprecio u odio... Necesita ser amada, pero para ser renovada... Hay que cambiar a las personas. Lo que ahora necesitamos con absoluta urgencia es volver a Dios».
Desde su nueva cátedra en El Confidencial, don Alejandro Llano ofrece un diagnóstico similar, escandalizado por la desidia con que algunos han acogido la terrible aprobación del aborto libre en España. Hay que ir al fondo del problema, advierte: «El principal presupuesto cultural de la imposición del aborto es el materialismo. Si los humanos somos fragmentos sofisticados de carne, se puede hacer de todo con ellos... Ahora somos todos liberales y economicistas. Lo que importa es la riqueza», mientras nuestra cultura se infecta, y «tenemos que tragar veneno, que no sólo hará daño a quienes liquiden a víctimas inocentes, sino a todos nosotros».
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