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Con ojos de mujer
Leire me confunde
Cuentan las malas lenguas que, mientras el PSOE en pleno celebraba su tarde de gloria en el Senado por la aprobación de la Ley del Aborto, una becaria del gabinete de Leire Pajín notó una sombra en la mirada de una compañera. Sorprendida por algo así -el país va viento en popa, ya saben-, la apartó discretamente a un rincón para preguntarle si se encontraba bien.
-«No es nada, me deben de hacer falta esas clases de educación sexual. Con lo que ha dicho Leire hoy, ¿metió la pata Bibiana con lo del feto de 13 semanas vivo, pero no humano?»
-«¡Pero bueno! ¡No te creerás ese dogma absurdo de la Iglesia sobre la fecundación sólo porque se hayan buscado 3.000 pseudocientíficos ultracatólicos!, ¿no?»
-«No. Pero como ha dicho que el aborto sirve para que las mujeres que no lo desean no se queden embarazadas... Yo pensaba en una amiga del instituto: un día me llamó llorando porque el médico le había dicho que estaba embarazada».
-«¿Sin quererlo ella? ¿Y no le denunció por facha? La mujer puede decidir sobre su cuerpo».
-«Fijo que era facha, pero para quedarme tranquila he llamado a mi prima, que trabajaba en el Ministerio de Sanidad cuando las Leyes de Investigación Biomédica y de Reproducción Asistida. Me ha dicho que las dos se basan en que una inglesa dijo, en 1984, que el embarazo empieza con la implantación de los embriones en el útero. Se deben implantar cuando la mujer decide si está o no embarazada. Pero antes, ¿flotan por ahí?»
-«1984 fue hace mucho, las cosas han cambiado. Fíjate que por esa época se debatía la otra ley del aborto, y cuentan que Cristina Almeida dijo que había un niño, pero la madre podía matarlo. ¿No ves lo que hemos avanzado para hacer realidad nuestros deseos? Los gays se pueden casar porque lo desean; si eres mujer y deseas ser hombre lo eres, aunque parezcas mujer, y viceversa... ¡Si incluso ha habido hombres que se han embarazado porque lo deseaban y tenían un útero por ahí guardado!»
-«Es verdad... Oye, ¿y por qué nuestra ley no recoge el derecho a abortar de los hombres?»
-«Pues supongo que porque nuestra ley es muy moderada. A alguno del PNV, CiU o Coalición Canaria no le habría gustado, y no podíamos darles más por votarla. Es como lo de las referencias a proteger la vida prenatal».
-«Sí, ésa era otra duda que tenía. ¿Qué quiere decir exactamente eso? Según Leire, una mujer sólo tiene vida dentro cuando ella desea que de ahí salga un niño. Si quiere abortar, no hay vida, con lo cual, ¿qué vamos a proteger?»
-«Lo que te digo, para tranquilizar a los que creen que la realidad no depende de nosotros».
-«Aun así, todavía queda la injusticia de que las mujeres que no pueden tener hijos y lo desean, o que temen que les salga uno y no lo quieren, tengan que someterse a un procedimiento por el que otros se forran. El próximo logro de la igualdad será que, sólo por desearlo, -¡plop!- ocurra, y gratis».
-«Creo que estamos pensando demasiado. Vamos a felicitar a Leire y Bibiana, que nos saldrá más a cuenta. Pero no abras la boca».
María Martínez López