Alfa y Omega > Nº 698 / 15-VII-2010 > España
Numerosas parroquias intensifican su actividad en verano
Abierto por vacaciones
La fe no se toma vacaciones, ni siquiera en verano. En la playa y en la montaña, en el mar y en el campo, sigue siendo necesario acudir a misa, ir a confesarse, hablar con un sacerdote...

Cada año por estas fechas, millones de españoles dejan su residencia habitual y se van de vacaciones. Para poder seguir atendiéndoles pastoralmente, muchas parroquias se refuerzan con sacerdotes de fuera para facilitar el acceso a los sacramentos y organizan charlas, de modo que el retiro vacacional no se convierta en una retirada espiritual. Así, por ejemplo, los lugares más señalados para el turismo en la archidiócesis de Valencia se verán reforzados con la ayuda de cuarenta sacerdotes, procedentes sobre todo del interior de España, según informa la agencia de noticias de la Iglesia en Valencia, AVAN. «Cada diócesis lo hace de una manera -afirma don Francisco Galiana, Director del Departamento de Turismo en la Conferencia Episcopal Española-, pero todas acogen a la gente con el máximo cariño. A la habitual carta del obispo diocesano, se unen las parroquias informando de todos los actos de culto y actividades específicas que realizan estos meses. Para los turistas extranjeros, se celebra la misa en otros idiomas, incluso a veces en latín».
Un descanso necesario
Una de las parroquias que más turistas recibe en estos meses es la de San Nicolás, en la playa de Gandía. Para poder atenderlos a todos, recibe la ayuda de cuatro sacerdotes por cada quincena de junio a septiembre, procedentes sobre todo de Madrid y de Burgos. Don Vicente Soler, Vicario parroquial, afirma que, «en este tiempo, cuidamos mucho la Eucaristía y las confesiones, porque hay muchos visitantes que durante el año no se acercan a la confesión, y aquí aprovechan para hacerlo». En julio y agosto, la parroquia organiza un retiro cada jueves, así como exposición del Santísimo, seguida de Vísperas y Eucaristía; los martes y los miércoles también organizan charlas sobre diferentes aspectos, a cargo de los sacerdotes que están atendiendo la parroquia en ese momento. Todo ello se une a la atención pastoral en el despacho y en los teléfonos que ofrecen a los feligreses, así como a la atención a los enfermos que vienen con sus familias a pasar el verano.
Don Vicente es de la opinión de que las vacaciones, más que peligrosas para la fe, tienen muchas ventajas: «En este tiempo, el creyente puede encontrar tiempo para la familia y los amigos, y también disfrutar de su fe con tranquilidad y sosiego, porque tienen más tiempo. Si uno quiere, hay más tiempo para cuidar el cuerpo y el espíritu. Al final, el que no tiene fe o tiene una fe débil ni disfruta de la fe ni de las vacaciones».
Juan Luis Vázquez Díaz-Mayordomo
Sacerdotes en el mar
Miles de turistas se embarcan cada año en alguno de los 100 cruceros que ponen a su disposición las agencias de viajes españolas para recorrer las diferentes aguas y puertos del mundo. También ellos necesitan la presencia de un sacerdote que atienda a sus necesidades espirituales, por lo que existen en la actualidad cerca de 30 sacerdotes que se embarcan con ellos para celebrar la Eucaristía y administrar los sacramentos. Don Javier Serna se embarcó, hace un par de años, en un crucero que salía de Barcelona con destino a Túnez. «Ocho días un cura en un barco. ¿Qué iba a hacer allí? -recuerda hoy-. La experiencia resultó muy gratificante; todos los días se me acercaba gente para hablar, para que comiera con ellos, nunca estuve solo. Celebraba la misa todos los días con 20 personas, y el domingo la tuvimos que celebrar en la discoteca, de toda la gente que había». Sin embargo, lo que más le impresionó fue el contacto con la tripulación: «La mayoría eran inmigrantes, brasileños y filipinos, que llevaban meses en el barco trabajando duramente. Celebraba con ellos la Eucaristía a partir de las doce de la noche, en la bodega, porque su turno de trabajo acababa a esa hora, estaban reventados. Al acabar, me decían: Gracias, padre, por estar aquí, hace seis meses que no tenemos la Eucaristía. Yo mismo me emocionaba, veía cómo el Señor se hacía presente allí mismo junto a ellos».
También don Manuel Llopis tuvo la oportunidad de prestar su servicio en tres cruceros, hace un par de años. Incluso tuvo que oficiar el entierro de un tripulante indonesio que murió en Túnez: «Quisimos celebrar la misa, la gente quería rezar por él. En el barco se sintió su muerte de una forma especial. Fue muy bonito, estaban muy agradecidos de que se rezase por ellos». De aquellas travesías recuerda que fueron «una experiencia muy buena. A veces, en la parroquia no tienes ocasión de pararte y hablar con la gente; sin embargo, allí se podía hablar tranquilamente en la cubierta con todos».
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