Alfa y Omega > Nº 698 / 15-VII-2010 > Desde la fe > Con ojos de mujer
Con ojos de mujer
Dos Papas y santa Teresa
Hace sólo unos días pude ver a Su Santidad, como le llaman aquí en Roma. Nosotros hablamos del Papa..., pero para Roma es Su Santidad. Quizá porque para ellos les es tan cercano.
La Providencia me ha permitido acompañar, con algunas señoras más, a nuestros maridos, Patronos de la Fundación Madrid Vivo, que apoya a la organización de la Jornada Mundial de la Juventud Madrid 2011.
El Vaticano y su entorno sobrecogen, aunque se le haya visitado muchas veces. En la sala de audiencias, mientras esperábamos que entrase en ella Benedicto XVI, contemplé, embelesada, los frescos, tapices, cuadros, etc. Una visita para recordar, pero todo palideció cuando entró ese pequeño gran hombre que emociona con su sola imagen. Tuve la suerte de poder besar su anillo y mirar de cerca la profundidad de sus ojos azules; contemplarle con emoción por unos momentos... Tiene en su mirar el azul del lago de Tiberiades, y su expresión es de remar hacia adentro.
Conocí hace diez años a Juan Pablo II, sentada frente a frente en su mesa. Esa gran fuerza que transmitía no la he olvidado. Hojeó con interés el facsímil del Libro de la vida de santa Teresa, primero de los manuscritos que se conservan en El Escorial, que le entregamos, motivo de la visita. Otro gran hombre de blanco...
Al atravesar de vuelta las estancias vaticanas, que son un extraordinario homenaje al arte, todo se funde al encuentro con estos seres. Un Papa fuerte, Juan Pablo II, y su No tengáis miedo... Un Papa frágil, Benedicto XVI, capaz de soportar sobre sus hombros el peso aplastante de culpas ajenas y maquinaciones aviesas.
Los dos tienen algo que trasciende. Me doy cuenta ahora, al volver al mundo de fuera, que Sus Santidades vienen llenos de Cristo, vienen de mirarle, como escribía santa Teresa en el Camino de Perfección: «Sólo os pido que le miréis». Estos Papas que he conocido lo hacen, y se nota al estar en su presencia.
Por cierto: entre los regalos que le entregó al Papa la Fundación, además de sus primeras obras traducidas al español, y un grabado precioso, hay un ejemplar del facsímil, recién editado por la Editorial Monte Carmelo y Patrimonio Nacional, del manuscrito que santa Teresa escribió para contar a sus hijas cómo se reza, El camino de perfección, último facsímil de los cuatro grandes manuscritos de la santa.
Quizá Su Santidad Benedicto XVI sea un primer lector de esta edición que acaba de ser presentada hace unos días.
Asunción Aguirrezábal