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Con la gentileza de

La voz del cardenal arzobispo
Pan... y amor de Dios
Con ocasión de la Jornada Nacional de Manos Unidas y de la fiesta de Nuestra Señora de Lourdes, nuestro cardenal arzobispo ha declarado, en entrevista a Javier Alonso Sandoica:

Hoy celebramos la Jornada Nacional de Manos Unidas, que nos recuerda que miles de niños menos de cinco años mueren todos los días por causas que se podrían evitar. El lema es Su mañana es hoy.
En un año en que Manos Unidas ha ocupado espacios muy notables en los medios de comunicación y en la opinión pública de España, por haber recibido el Premio Príncipe de Asturias. Manos Unidas ya ha cumplido sus Bodas de oro; nació, como muchos saben, al menos las personas de una cierta edad y experiencia en la vida de la Iglesia lo saben muy bien, como una obra de las mujeres de Acción Católica, a finales de los años 50 del siglo pasado, y esta segunda mitad del primer centenario de su vida cada vez se ha concentrado más en problemas muy agudos y que tienen mucho que ver con esa salud del hombre que es del cuerpo y del alma. La caridad que se encauza a través de Manos Unidas y que se dirige a los pueblos y a los grupos humanos y sociedades que antes llamábamos el Tercer Mundo, y donde sigue habiendo mucha pobreza y mucha necesidad, ha tenido siempre un doble significado: el responder a las necesidades físicas y materiales, pero en el fondo también hacer llegar, a través de esa ayuda, un poco de la caricia del Señor, de la noticia de que Dios les ama.
La de los niños es de esas situaciones en la vida en que la pregunta de los que se rebelan contra Dios se hace muchas veces: ¿Por qué sufren tanto los niños? A veces, se quiere responder con soluciones puramente humanas, no desde la caridad cristiana; no las del amor sin más, sino las del egoísmo de personas, de grupos y de países que no quieren ir al fondo de los problemas, porque el fondo de la cuestión exige una conversión del corazón, y entonces se buscan soluciones inaceptables. Las que busca y promueve Manos Unidas están en esa línea de la caridad, como la gran respuesta que Dios nos ha ofrecido, a través del misterio pascual de su Hijo.
Son realidades que tienen que ver con el mundo del enfermo y del necesitado...
Sí, además, con la Jornada Mundial de la Juventud ya muy cerca, los jóvenes enfermos han sido el centro de la atención pastoral de la Iglesia, en este año de Pastoral de la Salud, que tiene como día principal y culminante la fiesta de la Virgen de Lourdes. Que los jóvenes enferman del cuerpo es lo que aparece en el primer plano de la atención pastoral de la Jornada. Necesitan, también, en situaciones para ellos incomprensibles, esas razones que tienen que ver con la biología de la vida y con la psicología de la vida; por eso necesitan también salud corporal, ofertas de salud corporal, médicas, sanitarias, familiares, etc., que sean eficaces en ese campo, pero que también lleven amor a estas vidas y a estos chicos en estas situaciones que muchas veces son irreversibles.
Basta visitar los grandes hospitales de Madrid, las plantas donde se atiende a los niños, las plantas de oncología, para encontrarse uno allí con jóvenes y con niños muy enfermos. La pastoral de la salud, en este año dirigida a los jóvenes, va a jugar un gran papel en las celebraciones de la Jornada: ya sabemos que el Papa va a ir al Instituto de San José, donde se atiende a tantos discapacitados en Madrid, una Fundación que preside el arzobispo de Madrid, y que dirigen y cuidan los Hermanos de San Juan de Dios. Con ese horizonte podemos comprender mejor qué significa para la Iglesia y para un cristiano atender a los jóvenes enfermos, o responder a esa situación de los jóvenes que necesitan salud, pero también soteriología -una palabra un poco técnica-, que necesitan salvación, y salvación plena, integral.
Las apariciones de Lourdes se producen en un momento en que los hombres creían que iban a poder dominar el dolor y la muerte, y que no lo consiguen. Avanza la Medicina, avanzan las terapias, pero también se producen enfermedades; sobre todo, el hombre tiene una enfermedad radical que tiene que curar, que es su alejamiento de Dios, la ruptura del pecado, la pérdida del don del Espíritu Santo, la pérdida del amor. La Virgen cura físicamente, incluso milagrosamente, a muchos enfermos que acuden a Lourdes, como lo hacía el Señor, pero a la mayoría lo que les ofrece es el consuelo del alma, la curación del corazón, la posibilidad de abrir la vida y la experiencia del dolor a una experiencia que podemos llamar la aventura del amor crucificado. Eso es muy bonito decirlo y muy bonito vivirlo para los que estamos sanos, naturalmente; no lo es tanto para los que están enfermos, pero al final también lo es.
Por cierto, en estos tiempos se produce una enfermedad nueva que tiene una curación difícil, la depresión, un estado de enfermedad entre lo espiritual, lo psicológico y lo físico, muy típica y muy expresiva de nuestra sociedad y de lo que le pasa a los jóvenes en nuestro tiempo. La gran receta de Lourdes vale para curarla. Hay que rezar mucho por estas intenciones, por la intención de la Jornada de la Pastoral de la Salud, y la intención de la gran Jornada de Manos Unidas, rezar mucho, y ayudar lo que podamos también, ayuda espiritual y ayuda material.