Alfa y Omega > Nº 725 > Día del Señor > La voz del Magisterio
La voz del Magisterio

Educar en la fe hoy no es una empresa fácil. Cualquier labor de educación parece cada vez más ardua y precaria. Por eso, se habla de una gran emergencia educativa, de la creciente dificultad que se encuentra para transmitir a las nuevas generaciones los valores fundamentales de la existencia. Podemos añadir que se trata de una emergencia inevitable: en una sociedad que tiene el relativismo como su propio credo -se ha convertido en una especie de dogma-, falta la luz de la verdad, más aún, se considera peligroso hablar de verdad, se considera autoritario, y se acaba por dudar de la bondad de la vida -¿es un bien ser hombre?, ¿es un bien vivir?-. Entonces, ¿cómo proponer a los más jóvenes algo válido y cierto, reglas de vida, un auténtico sentido para la existencia humana? Por lo general, la educación tiende a reducirse a la transmisión de habilidades o capacidades de hacer, mientras se busca satisfacer el deseo de felicidad de las nuevas generaciones colmándolas de objetos de consumo y de gratificaciones efímeras. Así, tanto padres como profesores sienten la tentación de abdicar de sus tareas educativas y de no comprender ya la misión que les ha sido encomendada. Pero, así, no ofrecemos a los jóvenes lo que tenemos obligación de transmitirles. El auténtico educador toma en serio la curiosidad intelectual que existe ya en los niños y con el paso de los años asume formas más conscientes. El joven conserva dentro de sí una gran necesidad de verdad; por tanto, está abierto a Jesucristo. Debemos responder a la demanda de verdad poniendo sin miedo la propuesta de la fe, abriendo al misterio de Dios, en el cual se encuentra el sentido de nuestra existencia. A la escuela católica corresponde una tarea muy importante: promover la unidad entre la fe, la cultura y la vida. También las escuelas del Estado pueden ser sostenidas en su tarea educativa por la presencia de profesores creyentes -en primer lugar, pero no exclusivamente, los profesores de Religión- y de alumnos cristianamente formados, así como por la colaboración de muchas familias y por la misma comunidad cristiana.
Benedicto XVI, Discurso a la Asamblea diocesana de Roma (2007)
© 2006. Alfa y Omega, Semanario católico de información. Fundación San Agustín, Arzobispado de Madrid