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No es verdad
Mingote, en ABC
La singular contienda entre la gaviota y el faisán, a la que la sociedad española asiste impertérrita, como si la cosa sucediera en otro sitio, ha alcanzado un nivel más que preocupante, desde que un juez digno de tal nombre ha permitido que, cinco años después, aparezcan videos por la magia de la Guardia Civil. Con la mitad de lo que ha salido hasta ahora, cualquier político decente de cualquier otro país hace tiempo que se habría retirado a su casa a esconder su vergüenza. Aquí, no. Aquí los periódicos del Régimen o no dicen ni pío -yo no sé si los faisanes pían o no-, o se permiten nuevos trampantojos y camelos para tratar de seguir engañando al personal. No les falta la ayuda de los mediadores internacionales, a los que nadie les ha pedido que medien y de determinados periódicos internacionales que les hacen el caldo gordo y les bailan el agua -bien cerquita, ahí al lado, en Francia o en Italia- con páginas tituladas: Los separatistas vascos se desmarcan de ETA.
Se trata, como se ve, de que ETA sea una cosa, y la izquierda separatista vasca otra. Pues no, no es verdad: ellos saben que no es verdad, que a los que ellos llaman separatistas vascos son tan ETA como los asesinos; pero hacen como si no fuera así, y consiguen todavía engañar a algún tonto útil más. A veces es verdad aquello de que en España no cabe ningún imbécil más, pero ante ciertas cosas, parece como si los imbéciles se apretaran para hacer sitio a otros, y así llevamos casi el último medio siglo... Los etarras y sus cómplices pretenden socavar el Estado, pero ni por lo más remoto renuncian a aprovecharse de él todo lo que puedan, en Estatutos privilegiados o en candidaturas camufladas, con tal de conseguir estar en los Ayuntamientos y seguir chupando del frasco. Zapatero, Rubalcaba y su Gobierno siguen pretendiendo pasar a la Historia -ilusamente- como los que le dieron la puntilla a la ETA, pero no falta algún socialista lúcido, como Joaquín Leguina, que les recuerda que nadie pasa a la Historia bajándose los pantalones. Por mucho sol naciente que le echen al logotipo, que es ya el duodécimo, los de Sortu siguen negándose a condenar a ETA. Parece mentira que todavía haya catedráticos, de Derecho Constitucional, ¡nada menos!, que escriben, obviamente en El País, artículos sobre la izquierda abertzale titulados: ¿Legalización? Ahora sí.
Otra de las auroras borealescon que últimamente nos obsequian los socialistas es ésa que Sáenz de Santamaría ha resumido así: «Es gravísimo que el Gobierno haya renunciado a crear empleo, pero es repugnante que socialistas hayan hecho negocio con él». Efectivamente, negocio repugnante y sucio es el de quiénes en Andalucía se han gastado el dinero de los parados en prejubilar a amiguetes. El desvío de nada menos que 647 millones de euros, que debe ser algo más de 100 mil millones de pesetas, permite lucrarse a cargos socialistas con prejubilaciones falsas. Es lógico que un periodista tan avezado como Ignacio Camacho se pregunte, en ABC: «¿Nada tuvieron que decir los sindicatos?, ¿nada barruntaron los comités de empresa en tanto ERE subvencionado?» Pero, bueno, ya están ahí otras cosas para entretener al personal: por ejemplo, la gala del cine catalán -me dicen que la mitad de los miembros de la Academia de Cine son catalanes, y quizá eso explique que hayan premiado a una película que estuvo una semana en cartel y que no ha visto casi nadie-, pero sirve para exhibir modelitos llamativos. Y ¿quién paga todo eso? ¿A que usted lo adivina igual que yo? O también ese conjunto escultórico que preside la plaza de Ramón y Cajal, de la Ciudad Universitaria de Madrid, y que se llamaba y ya no puede llamarse Los portadores de la antorcha, porque los cafres del botellón, cabreados por la limpieza del monumento que habían ensuciado con sus pintadas, han hecho desaparecer la antorcha. ¿Quién paga todo eso? ¿A que usted lo adivina igual que yo?
Gonzalo de Berceo