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Cardenal Rouco
Siempre hay razón para vivir
En una entrevista para los oyentes de la cadena COPE, el cardenal Rouco habló, el domingo, acerca de diversas cuestiones de actualidad, como la próxima Jornada por la Vida o la Eucaristía de reparación en la capilla del campus de Somosaguas, de la Universidad Complutense. Ofrecemos un fragmento:

El cardenal Rouco, en un encuentro con jóvenes

Ayer celebramos el Día del Seminario, con el reto a los nuevos sacerdotes de estar muy arraigados en el Señor, en medio de un mundo relativista....

Ésa es la clave: muy arraigados en el Señor y dispuestos a ser como san José. En estos tiempos no es fácil, pero es bello y apasionante. El mundo necesita a Cristo, como en todos los tiempos, pero quizá de una forma agravada por sus propios abandonos, por sus propias apostasías y por las debilidades de muchos hijos e hijas de la Iglesia. Por eso, es apasionante volver a dar a Cristo al mundo, y entregárselo a los jóvenes, como esperamos hacer en la Jornada Mundial de Juventud.

Tenemos por delante, el próximo 25 de marzo, la Jornada por la Vida.

Hay que recordar, una y otra vez, el valor de la vida humana, que es valor divino, porque a través de la vida humana se consigue esa plenitud que es la vida en Dios y que es gloria y felicidad eterna, amor perpetuo, sin límites. Por eso es tan grave no valorar el don de la vida. Y reconocerlo una y otra vez es muy importante, hacer que llegue al corazón de la opinión pública, que llegue a la opinión de los más jóvenes, que a veces se sienten perturbados en su forma de ver la vida del hombre, desde que es engendrado en el vientre de la madre, hasta el momento en que el Señor lo llama a pasar el trance de la muerte y superarlo. Son elementos fundamentales de la concepción del hombre que se han perdido o, mejor dicho, se olvidan, se descuidan y se presentan falsificados y, muy frecuentemente, fragmentados, en muchos medios de comunicación, en contextos del sistema escolar y en la educación que reciben los niños y los jóvenes en muchos ámbitos de la vida social. Que los católicos seamos testigos de la verdad de la vida, como de la verdad del matrimonio y de la familia, es decisivo para el presente y el futuro de la sociedad, y por supuesto de la Iglesia. Pero, además, también tenemos que pedirnos a todos que demos un paso más allá del testimonio de la palabra, del debate intelectual, y vayamos a una propuesta social que cambie la opinión pública, que cambie la sociedad, y que un día pueda cambiar así el ordenamiento legal. Hay que dar el paso de cuidar la vida en la realidad de las madres que tienen dificultades, o se ven tentadas de no dar a luz a sus hijos, y también ayudarlas a ser madres después. También debemos estar alerta ante las situaciones finales de la vida, o las situaciones de discapacidades, situaciones difíciles, casi dramáticas, y muchas veces heroicas, tan heroicas que permiten que quienes las viven en el corazón de Cristo se santifiquen a marchas forzadas. Debemos estar al lado de los enfermos en esas situaciones, de sus familias, que no caigan en la tentación de pensar que no hay razón de vivir en ese momento de la vida. Efectivamente, siempre hay razón para vivir. Razones humanas muy sencillas, como esas del cariño que vives, de la esperanza que transmites, de dolor que vives con amor y, después, la gran razón de la vida en este mundo, que es dar el salto a la vida divina en plenitud.

Quiero recordar el acto bárbaro que tuvo lugar en la capilla de Somosaguas. ¿Qué reflexiones podemos hacer?

Primero, mostrar mucha tristeza por la ofensa que se ha hecho a Dios y, sobre todo, a ese Dios cercano que es el Jesús de la Eucaristía. Duele mucho que ante el Santísimo, en el Sagrario, se produzcan comportamientos que ofenden al Señor. Objetivamente es así, y es lo que nos tiene que doler más a los que formamos parte de la Iglesia. Pensar que quienes lo han hecho seguramente son todos chicos cristianos, que han sido bautizados, proceden de familias y de ámbitos escolares donde les han hablado de Cristo, de la fe, de la vida cristiana, duele mucho. Hay que pedir un gran esfuerzo por parte nuestra para acercarnos a los jóvenes universitarios, para abrirles el camino hacia el encuentro con el Señor. Y para los chicos que lo han hecho hay que pedir la conversión, que se den cuenta de que ése no es buen camino para ellos. Luego hay un segundo aspecto, que es el del respeto al derecho a la libertad religiosa, el respeto al ordenamiento jurídico, que es imprescindible para que peda haber convivencia, y una conciencia de cooperación al bien común, de responsabilidad respecto al bien común, que sin respeto a los derechos fundamentales, y muy especialmente al derecho a la libertad religiosa, es muy difícil de mantener. Un hecho como éste afecta a aspectos fundamentales del ordenamiento constitucional, y hay que pedir que quienes tienen el deber de velar por él, por su respeto y aplicación, en el ejercicio responsable y moralmente y jurídicamente exigible de la autoridad, actúen, y procuren que el ambiente público, de la vida universitaria, no propicie estas lesiones de derechos fundamentales. Es también una ocasión, en esta Cuaresma, para que también nosotros mejoremos y hagamos revisión de nuestro compromiso con la evangelización de los jóvenes universitarios; y una ocasión para que hagamos examen de conciencia de la seriedad con que estamos tomando el cumplimiento y el respeto al ordenamiento constitucional español en sus fundamentos más esenciales, que son los de los derechos fundamentales del hombre.

Javier Alonso Sandoica
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