Alfa y Omega > Nº 730 > España
La labor de la Iglesia, en favor de los más pequeños
La vida de un niño ni se compra ni se vende
El caso de los llamados niños robados está siendo aprovechado por muchos para pescar en río revuelto y atacar a la Iglesia. Sin embargo, multitud de religiosas llevan años dedicadas, en exclusiva, a la acogida de las mujeres embarazadas y de sus hijos, facilitando la alternativa de la adopción en el seno de una familia, cuando las madres no querían, o no podían quedarse con sus hijos

Nunca han faltado en España religiosas que han acudido en ayuda de mujeres embarazadas con problemas. A la Iglesia le importan mucho más esas madres y esos niños que a todos los que ahora aprovechan el caso de los niños robados para atacarla y que, paradójicamente, son los mismos que defienden sin escrúpulos el drama del aborto.
Por eso hay que diferenciar entre niños robados y niños dados en adopción por sus madres. Hemos hablado con una religiosa que lleva toda su vida dedicada a la acogida de madres gestantes; ella misma pertenece a una Orden cuyo carisma es ayudar, desde su fundación, hace casi un siglo, a las madres y a sus hijos.
Para empezar, ella misma aclara que, hace años, las mujeres embarazadas que acudían a ellas no querían quedarse con el niño: «Eran mujeres del servicio doméstico que no podían hacerse cargo de su hijo; o bien eran mujeres violadas; o madres solteras. Nosotras teníamos una casa adonde llegaban estas chicas; luego tenían el niño, lo daban en adopción y se marchaban. Nadie se hacía cargo de esos niños, ni su madre, ni su padre ni las instituciones, por lo que nosotras nos ocupábamos de todos los trámites para darlos en adopción, con el permiso de sus madres». Y añade un dato que muchos desconocen: «Se le daba a la madre un tiempo para reclamarlo más tarde, después de pensarlo un poco; hubo alguna que sí volvió al mes, o al año; la madre tenía derecho a reclamar a su hijo».
Hoy, las cosas ya no funcionan así. Son mayoría las mujeres que hoy deciden quedarse con el niño, quizá porque la situación de ser madre soltera no es tan vergonzante como en el pasado, y porque las instituciones están tomando cada vez más conciencia de la necesidad de ayudar a las madres embarazadas con problemas. «Nosotras mismas -confiesa esta religiosa-, con los años, al ver que cada vez más mujeres querían quedarse con el niño, decidimos comprar un terreno nuevo y adaptar nuestro centro para ayudarlas, y que madre e hijo pudieran permanecer juntos».
Siempre por el bien del niño
Lo que ocurre con aquellos niños que fueron dados en adopción y que hoy, ya adultos, acuden a las religiosas, a pedir información sobre sus orígenes, es que «aquellas madres no han venido a nosotras para buscar a sus hijos; hasta ahora no ha venido ninguna. Nosotras siempre hemos respetado su anonimato y su intimidad; muchas de ellas, a veces, por su situación, se cambiaban el nombre, o escondían sus orígenes. Nosotras lo que queríamos era sacar a esos niños adelante».
Cuando, a día de hoy, vienen algunos hijas e hijas de aquellas madres de entonces, «nosotras les encaminamos al Juzgado donde está su partida de nacimiento». El problema, cuenta a este semanario, es que «ha habido mucho negocio que no tiene nada que ver con las casas cuna. Nos quieren hacer pagar cosas que no hemos hecho. Nosotras siempre hemos mirado el bien del niño y hemos respetado el anonimato que quería la mujer, y hemos ayudado al niño cuando hemos podido». Por eso agradecen la ayuda «de tantas manos generosas y de tantos médicos que nos han permitido sacar a muchos niños adelante y poder darlos en adopción; incluso niños que han nacido enfermos, o con alguna deficiencia». Y afirma con rotundidad: «Los hijos a cuyas madres hemos atendido no son niños robados, y nunca se nos habría ocurrido semejante cosa. Recuerdo una vez que vino un señor ofreciéndonos un millón de pesetas por un niño, y nosotras le dijimos que ni compramos ni vendemos niños. Nosotras respetábamos el deseo de la madre y luego facilitábamos las adopciones».
Por eso, sobre los niños robados, concluye: «Yo no puedo hablar de lo que no conozco. Nuestro deseo ha sido que todos los niños puedan nacer a la vida, y que todas las madres puedan recuperar la ilusión para seguir viviendo».
Juan Luis Vázquez Díaz-Mayordomo