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Nuevos medios
La generación iPhone
Ando últimamente preocupado, más de la cuenta, por las tareas educativas. Es la vocación que todo comunicador guarda en algún cajón, la de andarse cerca del receptor. Durante el pasado siglo, en los pueblos de Castilla, el oficio de pedagogo era tan trascendental, que el cura y el maestro se repartían, a partes iguales, la regeneración espiritual de la parroquia, en un sentido lato. Me dice un amigo que nuestros profesores andan confundidos; casi todos se pasean por las aulas como enfermos, agarrando el goteo de su depresión porque no son capaces de meter en faena a las fieras. Los métodos pedagógicos son del siglo XIX, los maestros son del siglo XX, y los alumnos del XXI; esto tiene que explotar de alguna manera. Han tenido mucha razón nuestros Papas de entresiglos. Juan Pablo II dejó escrito que los nuevos medios elaboran una manera propia de relacionarse con el mundo. No es que el medio sea el mensaje, es que el medio produce un receptor diferente. Hay una mutación en cuanto a la manera de interpretar el mundo. El Papa ha repetido que, si no entra con los dos pies en la cultura digital, al cristiano del siglo XXI le va a ser muy difícil entenderse con el hombre del cuarto de al lado.
Estoy leyendo Richard Yates, la novela escrita por el neoyorquino Tao Lin, considerada la biblia de la generación iPhone. Tao Lin ha pasado de escribir porciones de vida personal en su blog, a ponerse con una novela. El entramado está fabricado a partir del millón de conversaciones extraídas de chats de Gmail. Un fresco emocional en el que los dos protagonistas, solos, desnutridos de referencias, con todos los puntos de fuga en el horizonte, se escriben en la pantalla líquida, porque la inseguridad de verse les produce aversión: «Creo que estamos abrazándonos para no tener que mirarnos el uno al otro». No hay conversaciones, hay un adosado de monólogos. La pareja -él con 22 años, ella con 16- no acude a ninguna opción de responsabilidad: «Quiero cavar un hoyo y meterte dentro», dice el chico. Más allá de la fobia social, es la conciencia de que viven una calamidad. Ella aborta, ambos roban con regularidad... La obra no está escrita por un moralista; es un escritor de 28 años, nativo de tuenti y twitter, que grita que la anchura de océano de la Red exige una abrazadera de toda la persona. Si no, cualquier cosa es posible.
Javier Alonso Sandoica