Alfa y Omega > Nº 753 / 29-IX-2011 > Cartas
Esto acaba de comenzar

Ahora que ya ha pasado más de un mes de la JMJ, es cuando empieza a dar sus frutos en forma de nuevas vocaciones, carismas y cientos de miles de testimonios de fe. En la misa de clausura, el Santo Padre nos dio un mensaje muy claro: «Id y contad lo que habéis visto y oído». Y eso es lo que he hecho y lo que han hecho muchísimos jóvenes católicos de todo el mundo: hacer apostolado a través de la narración de unas jornadas inolvidables como fueron las vividas en Madrid.
Tuve la ocasión, en la JMJ, de conocer a jóvenes de países donde ser cristiano era motivo de persecución. No debemos olvidar que son 350 millones de cristianos los que sufren persecución en el mundo. Ya nos lo dijo el Santo Padre: «No paséis de largo ante el sufrimiento ajeno». La mejor forma de hacer apostolado y que nuestros amigos nos pregunten cuál es el motivo de que siempre estemos tan felices es, simple y llanamente, el actuar dando ejemplo arraigados y edificados en Cristo, firmes en la fe. Mucho ánimo. ¡No estamos solos!
Álvaro Herrero de Béthencourt
Las Palmas de Gran Canaria
Todo acto tiene consecuencias
Estoy totalmente de acuerdo con la opinión del Presidente del Tribunal Supremo, Carlos Dívar, de que los terroristas deben estar en la cárcel. El ser humano es libre por naturaleza. Libertad es escoger hacer el bien o el mal cuando tienes la opción de hacer ambas cosas. Todo acto tiene sus consecuencias y, en nuestra sociedad, el infringir gravemente una ley tiene como consecuencia la cárcel.
Los terroristas deben aprender a ser responsables de sus actos, y eso se intenta conseguir con la cárcel. Que queden libres significa quitarles esa oportunidad de poder cambiar sus vidas y que, por lo tanto, sigan cometiendo delitos. Por otra parte, también daría pie a la conclusión de que todos podemos hacer lo que queramos, sin consecuencias, sin leyes... Sería un caos. Los efectos de dejarlos en libertad sería perjudicial para ellos y para nosotros mismos.
Pau Fernández Fluriach
Barcelona
La ideología de los partidos
Cuando en una empresa privada no se puede hacer frente a los gastos, enseguida vienen las consecuencias: los proveedores cortan suministros, los bancos ejecutan hipotecas… En la cosa pública no ocurre así. El Gobierno, las Comunidades Autónomas, los Ayuntamientos… se han endeudado hasta las trancas, generando una deuda cuya amortización e intereses absorberán los recursos de las próximas generaciones.
Todo, porque la macroeconomía no se rige por la lógica de las leyes de la economía, sino por la arbitrariedad de una política que debería tener como fin la búsqueda del bien común y que, en la realidad, está supeditada a la maquinaria de unos partidos que están saturados de ideología exacerbada. De ahí, por ejemplo, tantas televisiones deficitarias.
Esa ideología hace insolidarios a los hombres y mujeres de partidos diferentes, y divide las fuerzas que deberían sumarse para solucionar problemas, como la actual crisis económica. Porque la ideología, llevada al extremo, trastorna el juicio y lo convierte en prejuicio, de lo cual sólo se derivan disparates.
José Murillo
Zaragoza
Demasiados medios y pocos fines
La conflictividad con la que comenzamos el curso escolar, nos brinda una oportunidad de entrar a fondo en las causas del por qué estamos a la cola de los países desarrollados. Un poco de historia: desde 1985 llevamos tres planes de estudios del PSOE, con ese afán de ingeniería social, con una programación hueca de conocimientos y una ausencia total de valores. Con la implantación de la LOE, se ha provocado la ruptura del principio de igualdad en el modelo educativo: diecisiete modelos educativos diferentes, pocas asignaturas comunes, contenidos curriculares diversos y velocidades distintas, según la Autonomía de que se trate.
¿Cuál es la causa por la que Singapur, Finlandia y Corea del Sur, en el informe PISA, figuran con los mejores resultados? ¿Qué es lo que hay en común en esos países que les sitúa a la cabeza? ¿Es cuestión de medios económicos? Los tres países citados se basan en la exigencia a los alumnos y en la autoridad de los profesores.
Me pregunto, ante la tozuda realidad, si no sería un buen momento para dejar de lado la política y trabajar todos por alcanzar el necesario pacto de Estado en Educación.
Laureano Yubero
Valladolid
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