Alfa y Omega > Nº 760 / 17-XI-2011 > Desde la fe > Con ojos de mujer
Con ojos de mujer
Merece la pena luchar por la familia
Esta semana se cumplen 30 años de la Exhortación apostólica Familiaris consortio, una Carta que escribió, durante su pontificado, el Beato Juan Pablo II, y en la que nos anima a proteger y defender a la familia, por ser «la célula primera y vital de la sociedad». En ella, dice también Juan Pablo II: «La conexión íntima entre la familia y la sociedad, de la misma manera que exige la apertura y la participación de la familia en la sociedad y en su desarrollo, impone también que la sociedad no deje de cumplir su deber fundamental de respetar y promover la familia misma».
A partir de la unión estable de un hombre y una mujer, abierta a la vida, se crea el ambiente idóneo para traer hijos al mundo y, como consecuencia, se funda una familia. Los hijos, a medida que se desarrollan, cooperan en la formación de la sociedad, creando estructuras sociales comprometidas: nuevas familias que aportan los bienes necesarios a la sociedad para que ésta se desarrolle y florezca.
Por este motivo, hay que dar a la familia el máximo poder de representación social. Y, para que esto no quede sólo en meras palabras, los gobernantes tienen la obligación de legislar con perspectiva de familia. Legislar con perspectiva de familia es favorecer que ninguna mujer se vea abocada al aborto; es proteger el matrimonio con leyes que lo revitalicen y lo contemplen como un vínculo indisoluble, que facilite el crecimiento y fortalecimiento de los lazos familiares... Además, los poderes públicos deben garantizar que los titulares de la educación, o sea, los padres, puedan elegir libremente la educación que quieren inculcar a sus hijos, basada en sus convicciones, principios y creencias, sin ningún tipo de imposición ideológica por parte del Gobierno en el poder. Igualmente -y precisamente por que los individuos componen la sociedad-, los dirigentes de una nación deben proteger el derecho a la vida, desde el primer minuto de su concepción, hasta el final por muerte natural.
Desde su fundación, el Foro de la Familia, al que pertenezco desde hace años, se ha caracterizado por despertar conciencias en materia de familia, vida, educación y matrimonio. Gracias a sus campañas, ha despertado a ese gigante social que es la familia. Ha conseguido movilizar a más de dos millones de personas en defensa de la familia, de la educación, del matrimonio y de la vida. Ha sido impulsor y elemento concienciador de los titulares de la educación, los padres, para hacerles caer en la cuenta de lo que se avecinaba con cada ley perniciosa que respondía a la agenda de género de los políticos gobernantes. Ha estado al pie del cañón, y ha sido no sólo altavoz de los problemas, sino que ha presentado soluciones. Los que formamos el Foro procuramos hacer realidad nuestro eslogan: Hablar bien de las cosas buenas, precisamente porque hemos hecho nuestra la realidad que propone la Familiaris consortio. Merece la pena luchar contra las sombras que acechan a la familia e intentar darle luz, porque la célula más importante de la sociedad es la familia y es responsabilidad de todos promocionarla y protegerla.
Carmen González