Alfa y Omega > Nº 760 / 17-XI-2011 > Desde la fe > Cultura
Cultura
Ateísmo de baratillo

El jueves pasado, Benedicto XVI recibió a una delegación del Consejo de los Jefes Religiosos de Israel. En su discurso, recordó algunas de las frases que pronunciara en el reciente encuentro de Asís, para reiterar que nos enfrentamos hoy a dos tipos de violencia: «Por un lado, el uso de la violencia en nombre de la religión y, por el otro, la violencia que es consecuencia del rechazo a Dios que caracteriza a menudo la vida en la sociedad moderna». La primera se ha glosado hasta el exceso, pero la segunda está aún por descubrir.
Tenemos en estos días una pléyade de ateos militantes que llevan en la punta de sus lanzas la afición por una cruzada materialista: Michael Onfray, Richard Dawkins, Sam Harris, Daniel Dennet y Christopher Hitchens. Insisto en la militancia salvaje, porque hay una intratabilidad de base en cuanto a la posibilidad de dialogar con ellos. Iba a decir que lo peor de sus argumentos es que no son gran cosa, apenas pesan. Es decir, que echamos en falta a grandes ateos como Nietzsche, con quienes el cuerpo a cuerpo era fecundo.
El libro de Richard Dawkins El espejismo de Dios es un acto de fe en el azar, pero la suya es una fe del carbonero, sin plausibilidad ni explicaciones. Dawkins dice que, mediante cálculos matemáticos, podemos llegar a movernos en el terreno de una improbabilidad similar a la de los milagros. Es decir, pueden suceder cosas (que un burro salga disparado hacia la luna) como resultado del «choque aleatorio sincronizado de partículas subatómicas». Es fascinante cómo Dawkins afirma que lo imposible puede suceder, y cómo es capaz de creer en cualquier cosa, excepto en el milagro.
Scott Hahn y Benjamin Wiker han escrito recientemente un libro que realiza una crítica pormenorizada del nuevo ateísmo: Dawkins en observación. Los autores se asombran de la incapacidad del filósofo del El espejismo de Dios por reconocer un principio de inteligencia en el nacimiento de una célula, que no sólo es una realidad compleja, sino compuesta por elementos que han nacido para estar integrados, como si tuvieran una planificación previa a la que van poniéndole patas.
Los cristianos deseamos un diálogo serio con el no creyente, pero el ateo militante se autodefiende, y actúa a pesar del rigor en el análisis de la realidad.
Javier Alonso Sandoica
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