Alfa y Omega > Nº 760 / 17-XI-2011 > Desde la fe > No es verdad
No es verdad
El Roto, en El País
Evidentemente, aquí lo que interesa no es la realidad, sino lo que pueda parecer; con tal de que pueda parecer un éxito, no importa que en realidad todo sea un fracaso descomunal. Concluye una larguísima campaña preelectoral, cansina y aburrida como pocas; algo peor: tardía. Si las elecciones hubieran sido convocadas hace un año, hace incluso unos meses, la realidad no hubiera sido, en ningún caso, tan absolutamente dramática como es, al margen de que cada día que pasa los españoles tenemos que pagar 100 millones de euros sólo en intereses de la Deuda. ¿Han hecho ustedes las cuentas de lo que son 100 millones de euros y de lo que diariamente se podría hacer con ellos? La irresponsabilidad tiene estas consecuencias y otras peores todavía; pero una de las más graves irresponsabilidades es la de creer que los únicos irresponsables son los políticos. Es una historia muy vieja: si alguien cree que la situación, el estado verdaderamente catastrófico de las cosas, va a cambiar si antes no cambiamos cada uno de nosotros, está en Babia. Aquel insigne español, de lucidez poco común, que fue el cardenal Merry del Val, solía decir: «Dios no nos pide a cada uno de nosotros grandes cosas; sólo nos pide que usted y yo hagamos, esta mañana y esta tarde, lo que tenemos que hacer; porque si, esta mañana y esta tarde, usted y yo no hacemos lo que tenemos que hacer en casa, en la familia, en el trabajo, ante los medios de comunicación..., eso se queda sin hacer». Bueno, pues eso. Eso vale siempre, a todas horas, pero esta semana más que nunca. Si alguna vez se nos exige sentido de la responsabilidad plenamente consciente, es cuando, una vez cada cuatro años, podemos elegir a los que nos van a gobernar.
No basta, como han hecho algunos, entre ellos ZP y Rubalcaba, con declararse responsable de lo que ha sucedido. El darse golpes de pecho únicamente, nunca ha lavado las culpas; hay que arrepentirse, pedir perdón, proponerse la enmienda y restituir por el mal causado. Si no, todo se queda en palabras vacías y, naturalmente, hay que pagar por haber hecho las cosas mal, eso que tan sabiamente el Catecismo católico define como cumplir la penitencia que nos fuere impuesta. Porque si no, pues si te he visto, no me acuerdo; si no, esto es mera retórica; si no, cada minuto será peor que el anterior. Insisto, no basta con declararse responsable; y no digo nada si, encima, ni eso, porque entonces le entra a uno la risa floja cuando le oye decir a Rubalcaba eso tan laico de que A quien Dios se la dé, san Pedro se la bendiga. Oiga, si últimamente hasta hablan de Dios. Pues menos mal, algo es algo. También ha dicho, por ejemplo, que pone la mano en el fuego por Pepiño Blanco. Ojalá no tengamos que verle dentro de poco en la Unidad de quemados. ¿Y quién puede creer promesas de austeridad a alguien que, como Rubalcaba, utiliza un Jet privado, a 10.000 euros la hora, para desplazarse en su frenética campaña electoral? Una campaña electoral, por cierto, en la que ni ZP ni ninguno de sus ministros han aparecido para nada, hasta tal punto deben de estar avergonzados de todos y cada uno de ellos. ¿Han advertido ustedes lo calladita que está doña Bibiana en la ONU? ¿Han seguido ustedes lo de la impresionante flota de coches, de alta gama, de los que el socialista señor Barreda disponía como Presidente de Castilla-La Mancha? Con pantalla de televisión en el respaldo del asiento y todos los demás etcéteras imaginables... ¿Han visto que, como ha escrito Ignacio Camacho, en ABC, «el PSOE ha viajado al bucle melancólico del felipismo en busca de una memoria de la que no tenga que avergonzarse»? ¡Pues anda que...! ¿Se han enterado ustedes de que mantener las televisiones públicas engulle 2.314 millones de euros del contribuyente? ¿Saben ustedes que España tiene hoy 300.000 empleados públicos más que al inicio de la crisis, mientras la Seguridad Social perdió 75.249 afiliados, el pasado octubre? Oigan, y si la ETA está derrotada, ¿por qué quieren seguir negociando y por qué hay que negociar con tipos que se tapan la cara con pasamontañas?
Sólo una cosa más: al margen de cualquier opción política, hay unos principios morales básicos, trascendentales, prepolíticos, que debemos tener en cuenta, antes que nada y por encima de todo, quienes creemos que el Evangelio es más importante que todas las Constituciones, Tribunales, Parlamentos y Gobiernos. ¡Que ustedes voten bien!
Gonzalo de Berceo