Alfa y Omega > Nº 760 / 17-XI-2011 > Contraportada
Capilla del Santísimo, en la catedral de la Almudena
Pan de vida
De la mano del sacerdote don Pablo Cervera, en su libro El arte de Marko Rupnik y del Centro Aletti en Madrid, recorremos algunas escenas de la recientemente renovada capilla del Santísimo, de la catedral de la Almudena, obra del jesuita esloveno, una catequesis en color sobre el Pan que ha bajado del cielo para dar la vida al mundo
De izquierda a derecha: Discípulos de Emaús; Multiplicación de los panes; y Adoración de los Reyes Magos
A través de la puerta de cristal de la capilla del Santísimo, el fiel ve la escena de la Adoración de los Reyes Magos, con una frase explícita: Venimos a adorarlo. Esto indica inmediatamente que estamos penetrando en un lugar de presencia real del misterio de Dios en Cristo, en concreto como Eucaristía. Los Reyes Magos son presentados conmovidos y totalmente prendados por el hecho de que su camino de búsqueda de Dios se concluye con el descubrimiento de un rostro. Los Reyes Magos han estado buscando a través de las estrellas, pero su búsqueda revela una inteligencia transparente y humilde. Al final, descubren que, detrás de las estrellas, hay verdaderamente algo, más aún, hay Alguien, una persona con rostro preciso.
La capilla del Santísimo es un espacio exclusivo para la Eucaristía, y la iconografía que se encuentra en ella debe ayudar a la concentración, a la oración, a la unión con Cristo. En cualquier sitio de la capilla donde se detengan los ojos de quien reza, el orante debería ser llevado a vivir la comunión con Cristo. La franja negra en el ábside es apretada por el oro; así, todo fiel que rece aquí ante el Santísimo podrá ser confirmado en que no existe nada en su vida tan negro, pecaminoso o dramático que el amor de Dios no pueda penetrar.
La primera imagen de la izquierda recuerda la serpiente de bronce de Moisés en el desierto. Todo el que fue mordido por las serpientes y miraba la serpiente de bronce, fue curado y no murió. El mal supremo es la muerte, pero quien come el Cuerpo de Cristo y bebe su Sangre, aunque muera, vivirá eternamente.
En la escena del maná en el desierto, se ve al hombre que reza y a la mujer y el niño que lo recogen, para indicar que aquello que necesita el hombre no se procura con las propias fuerzas. Todo lo que necesita el hombre se encuentra en Cristo.
La multiplicación de los panes y los peces hace visible cómo lo que es asumido en la liturgia se trasustancia en un don universal: el pan no sólo se convierte en verdadero Pan, es decir, en Cristo, sino en Pan ofrecido por muchos. Nuestra caridad no es simplemente un esfuerzo heroico por dar, sino que es una dimensión de la caridad de Dios.
A la entrada de la capilla, se encuentra la escena de los discípulos de Emaús; con ellos sucede lo que es la Pascua de Cristo, y pasaron de la desilusión, la tristeza y el fracaso, a la experiencia del amor de Cristo y, por tanto, pascual. Dos personas que se están separando y alejando de la comunidad resucitan como dos personas de comunión, y vuelven a la comunidad de Jerusalén para testimoniar al Resucitado. Cuando se reza ante el Santísimo, no hay que olvidar que se está contemplando nuestra verdad: nosotros como Iglesia, Cuerpo de Cristo. La devoción al Santísimo no puede deslizarse hacia un misticismo individualista, porque su verdad nos mantiene en una sana, apostólica y caritativa dimensión eclesiológica. Quien rece en esta capilla saldrá de ella a través de la puerta de los discípulos de Emaús, y entrará en la dinámica creativa de la Iglesia y, a través de ella, hacia todo el mundo.