Alfa y Omega > Nº 763 / 8-XII-2011 > Cartas
Perseguidos

El padre Hernández, carmelita, ha sido testigo del éxodo de millón y medio de católicos iraquíes, que han tenido que partir a otros lugares para salvaguardar su integridad. Vecinos católicos le cuentan, a diario, cómo reciben cartas con proyectiles para forzar la conversión de sus hijos al Islam. En Pakistán -país de los puros-, un niño católico no puede jugar con un niño musulmán porque lo contaminaría. El cuerpo del padre Iván Grgic apareció en Banja Luka con 60 balazos. El padre Philip y la Hermana Cecilia se encontraban en el interior de su iglesia cuando un camión cargado de dinamita irrumpió en el templo y lo convirtió todo en cenizas, también a ellos. En las recientes inundaciones de Pakistán, los organismos gubernamentales encargados de socorrer a los damnificados, marginaban a los católicos que no aceptaran la conversión al Islam. En Damasco, Siria, un sacerdote recibe a diario la visita de un joven, angustiado porque sus padres, amigos y vecinos le han amenazado de muerte por haberse convertido al catolicismo. China respeta sólo a los cristianos que pertenecen a la Asociación Patriótica China, controlados por el Gobierno y sin reconocer la autoridad del Papa, mientras entre 8 y 10 millones de chinos viven su fe católica en la clandestinidad, con peligro de muerte. En Cuba hay un comisario político en cada parroquia. Y así, suma y sigue. Hace unos días, la asociación Alborea, de Albacete, invitó a Javier Fariñas, de Ayuda a la Iglesia Necesitada, para que nos hablara de los 350 millones de cristianos perseguidos a causa de su fe. Estoy de acuerdo con Javier: el gran favor que podemos hacerles es contar sus historias.
Juan Pablo L. Torrillas
Albacete
Ciencia y religión en el siglo XXI

En el Simposio internacional Ciencia y religión en el siglo XXI: ¿diálogo o confrontación?, celebrado en Madrid los días 10 y 11 de noviembre, los participantes pudimos escuchar afirmaciones rotundas por parte de los ponentes, acerca de la aberración que supone el creacionismo (interpretación científica de la Biblia, que no hace ciencia) para la ciencia y para la religión, o el error de quienes introducen a Dios en la ciencia, al modo del Dios tapa-agujeros del siglo XVIII. Una de las conclusiones principales del Simposio se podría resumir en las ideas de Lemaitre, padre de la teoría del Big Bang: el científico, en su trabajo, prescinde en cierto sentido de su fe, porque ésta no se relaciona directamente con su actividad científica, mientras que el creyente cuenta con los mismos recursos para su investigación que el no creyente, pero su fe en Dios Creador le ayuda a entender el sentido último de su vida y la racionalidad del cosmos. Otra conclusión: finalidad y existencia de Dios no son conceptos científicos; la ciencia nada puede decir al respecto, ni a favor ni en contra; pero no-científico no quiere decir anti-científico o irracional, como tampoco es irracional el conocimiento estético del mundo. Ciencia y religión pueden dialogar porque se interesan por el mundo aunque desde diferentes ópticas. La confrontación ocurre cuando no se entiende el papel de la ciencia o el de la religión, o si se manipulan con intenciones ideológicas. ¿Diálogo o confrontación? Diálogo, que es posible y fructífero.
Maite Pelacho López
Zaragoza
Las políticas y la maternidad

He visto, con estupor e incredulidad, cómo una política se ha reincorporado a su trabajo a los 9 días de dar a luz a su primer hijo. Como madre que compatibiliza el cuidado de sus hijos con el trabajo fuera de casa, manifiesto el profundo rechazo y malestar que me produce esta situación. Son estas mujeres políticas quienes tendrían que predicar con el ejemplo, mostrando que el cuidado de los hijos no es incompatible con una carrera profesional brillante, y que la conciliación es posible. Porque conciliar no es vivir como si el hijo no existiera, ni demostrar que una mujer es capaz de todo a pesar de ser madre. Conciliar es que tu hijo sea parte de tu vida, aunque tengas que trabajar fuera de casa para atender las necesidades de la familia, sin que el hijo sea un handicap en tu desarrollo profesional. Con ejemplos como éste, se transmiten nefastos mensajes. Uno, que las 16 semanas de baja son un capricho que no necesitan ni la madre ni el bebé; otro, que las mujeres realmente imprescindibles en su trabajo tienen derecho a renunciar a su baja, con lo que se crean dos categorías de trabajadoras -las importantes y las prescindibles- y se dan argumentos al empresario para presionar a la mujer para que renuncie a su baja: «Eres tan importante para la empresa que no puedes ausentarte 4 meses». Un tercero, que la renuncia a la baja (incluso a la obligatoria de las 6 semanas inmediatas al parto) es un derecho de la madre, por lo que nos olvidamos del bebé, ese ser indefenso que parece no tener derecho ni siquiera a ser cuidado por quien lo ha llevado 9 meses en su seno, aunque ni le haya cicatrizado el cordón umbilical que lo unía a ella. Los vínculos madre-hijo parecen ser tonterías para una mujer para la que su trabajo sea importante. Y por último, se hace ver que el parto es un proceso físico del que una mujer comprometida con su empresa no necesita recuperarse. Con todo, lo más triste es que este mensaje venga de una política que pertenece a un partido que, según su programa, apoya a la familia. Espero el día en que una política sea capaz de mostrar que se puede ser madre, tener como prioridad a tu familia y ser buena profesional.
Marisa Delgado
Madrid
La Iglesia que sirve
Todo vale a los laicistas para ridiculizar a la Iglesia, sin reconocer el bien que los discípulos de Jesús hacen en el mundo. Miles de misioneros, curas y monjas, están en primera línea, junto a los empobrecidos. Luis María Ansón escribía así, no hace mucho: «He recorrido más de cien países y he comprobado que allí donde hay un hospital dedicado a enfermos sidosos, en las leproserías, en los asilos de ancianos terminales, en los hospitales para enfermos infecciosos, ya sea en África, en Asia, en Iberoamérica y en Europa, sólo hay curas y monjas, muchos de ellos españoles. Nunca me encontré, en estos sitios, con esos manifestantes que vociferan contra el Papa, contra la Iglesia y los católicos. (...) En las ciudades estercoleras de África, en los pueblos escombreras de Asia, en las favelas de Brasil, en los ranchitos de Caracas y en otros muchos lugares, trabajan con los pobres y para los pobres miles de Teresitas de Calcuta». Ésa es la Iglesia de Jesús a la que se vapulea sin piedad. No hay distinciones entre jerarquía e Iglesia de base, porque sólo hay una Iglesia. Me encantaría que quienes vociferan contra el Papa convivieran con enfermos, infecciosos y niños abandonados, y les dieran de comer, les limpiaran y se pusieran a su servicio. En Cáritas, Manos Unidas y en las parroquias les pueden informar.
José Carretero Ruiz
Málaga
Las cartas dirigidas a esta sección deberán ir firmadas y con DNI, y tener una extensión máxima de 20 líneas.
Alfa y Omega se reserva el derecho de resumir su contenido