Alfa y Omega > Nº 763 / 8-XII-2011 > Raíces
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Leonardo, en la National Gallery: la exposición del año
Historia de lo visible y lo invisible
La National Gallery de Londres reúne, por primera vez, nueve de las quince obras pictóricas que se conservan del artista del Renacimiento italiano, Leonardo da Vinci, en la exposición Leonardo da Vinci: pintor en la corte de Milán

Retrato de mujer, La Belle Ferronnire, de Leonardo da Vinci (1493-4). Museo del Louvre, París
La Biblioteca Real de Turín guarda el único autorretrato de Leonardo da Vinci (1452-1519). En él se detalla a un hombre de 60 años que destila, tras su mirada azul y frondosa barba, bondad, belleza y misterio. En el misterio de lo humano y lo divino encontró este polifacético artista su fuente de inspiración. Lo que pretendía captar no solía surgir en el posado, y por ello prefería observar e imaginar. Era espectador de la vida durante el tiempo que fuese necesario para capturar el alma del ser humano, en ese momento en el que no se predispone a ser captada, para luego reproducirlo. Sus obras son más que formas de exquisita precisión técnica: «Sus pinturas expresan movimiento, son un espejo de la naturaleza, es capaz de mostrar lo invisible (); su energía creativa emula a Dios y el poder de Dios está en sus pinturas», afirma Luke Syson, uno de los Comisarios de la exposición, en la National Gallery, de Londres, Leonardo da Vinci: pintor en la corte de Milán.
Leonardo fue ingeniero, arquitecto, escritor, filósofo y anatomista, y, a largo del tiempo, han sido innumerables las muestras dedicadas a estudiar sus aportaciones en estos campos Pero también fue pintor y, en esta ocasión, nos hallamos con la primera muestra que ha conseguido juntar casi todo el legado de la faceta en la que más destacó: la plástica.
Tras cinco años de trabajo para configurar y juntar todas las obras del artista, la National Gallery acoge en su exposición 9 de los 15 cuadros que se conservan, de los 20 que sabemos que Leonardo pintó a lo largo de su vida. Pertenecen a su etapa en la Corte de Milán, de 1482 a 1500; es entonces cuando entra a trabajar como músico para el Gobernador del Ducado de Milán, Ludovico Sforza, y se inicia así la etapa en la que el pintor desarrolló todo su potencial, justo antes de pintar la Mona Lisa. Junto a sus pinturas, la National Gallery exhibe un total de 90 obras, que incluyen 50 dibujos y bocetos de Leonardo, además del trabajo de algunos de sus discípulos.
Cabe destacar que este acontecimiento ha servido para certificar la autoría del pintor de dos de las obras que han dado lugar a más controversia: la Bella principessa y el Salvator mundi. Durante más de cinco siglos, la obra Cristo, salvador del mundo estuvo perdida. Los descendientes del coleccionista británico Frederick Cook la vendieron en subasta, en 1958, por 45 libras, pensando que se trataba de una copia de Giovanni Boltraffio, uno de los discípulos de Leonardo. Y es en 2005 cuando la adquiere el consorcio neoyorkino R.W. Chandler, en el que participaba el historiador de arte Robert Simon, que se encargaría posteriormente de su restauración y de la investigación con los mejores expertos que ha certificado su autenticidad respaldada por la National Gallery. Entre las obras que nunca han sido expuestas de modo conjunto, están también las dos versiones de su Virgen de las rocas. La fascinación por la anatomía humana de Leonardo es patente a lo largo de la muestra, en sus estudios de partes del cuerpo y, sobre todo, en el retrato inacabado de San Jerónimo, que llega a Londres desde el Museo Vaticano.
En el período que abarca la exposición, Leonardo da Vinci evolucionará en lo que se refiere a la representación de las emociones, de la óptica y del interior del alma, y a ello podemos asistir en esta muestra, que permanecerá abierta hasta el 5 de febrero, en la National Gallery de Londres.
Rosa Puga Davila
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