Alfa y Omega > Nº 763 / 8-XII-2011 > Desde la fe > Cine
Cine: La conspiración e In time
Dos grandes del séptimo arte
Comparten cartelera dos directores de referencia del cine de cambio de siglo, Robert Redford y Andrew Niccol. El primero es director de películas tan interesantes como Leones por corderos, El hombre que susurraba a los caballos, Quiz Show o Un lugar llamado Milagro, por citar algún ejemplo. Al guionista y director Andrew Niccol, le debemos guiones excelentes como el de El show de Truman y películas como Gattaca
La conspiración

El actor Robert Redford, que ya ha demostrado en muchas ocasiones que es un gran director, nos ofrece uno de sus mejores títulos en esta película histórica, La conspiración, que recrea los juicios contra los asesinos del presidente Abraham Lincoln, abatido de un tiro el 15 de abril de 1865 mientras asistía a una representación en el teatro Ford. Concretamente, el film recrea la defensa de Mary Surrat por parte del joven abogado Frederick Aiken. Una defensa que contaba con la oposición frontal del Gobierno, del Estado Mayor del Ejército y, en general, de toda la opinión pública. La película se inscribe dentro de ese delicioso subgénero que es el cine de juicios, y lo hace brillantemente, con un estilo narrativo muy clásico y con unos actores excelentes, encabezados por James McAvoy, Robin Wright Penn, Kevin Kline y Evan Rachel Wood. La banda sonora de Mark Isham es excelente, como el trabajo fotográfico caracterizado por una persistente atmósfera polvorienta en los interiores.
La conspiración ofrece una reflexión interesante sobre el sentido profundo del Estado de Derecho, los límites del poder y la siempre pantanosa aplicación de la justicia humana. Pero no lo hace desde fáciles maniqueísmos entre buenos y malos, sino tratando de mostrar la complejidad de los puntos de vista, sin abandonar ese terreno ético tan querido para el cineasta Redford. El film transmite la nostalgia algo pesimista de un western crepuscular, en el que el hombre justo e incomprendido termina marchándose solitario en su caballo hacia quién sabe dónde.
In time

Andrew Niccol vuelve al reino de la ciencia ficción con un título que promete mucho más que lo que da. In time podía haber sido un hito en el género, y se ha quedado en una buena cinta de entretenimiento. Lo cual no es poco, pero es mucho menos de lo que esperábamos del cineasta neozelandés.
En un futuro no muy lejano, la ciencia ha conseguido detener el envejecimiento. Nadie aparenta más de veinticinco años. Sin embargo, ya no se vive más de veintiséis. A no ser que consigas más tiempo. Y es que el dinero ha sido sustituido por tiempo: se compra y se vende tiempo de vida; hay ricos, que viven miles de años, y pobres que viven al día, al minuto, y que mueren cuando consumen su último segundo. En ese ambiente de conflicto social, nuestro héroe Will Salas, un jornalero sin recursos temporales, recibe un día una herencia insospechada de un amigo improvisado, Henry Hamilton: cien años. Con esa fortuna Will Salas tratará de cambiar el mundo.
Justin Timberlake y Amanda Seyfried protagonizan este thriller de ciencia ficción, que poco a poco se convierte en una película de acción con no demasiada hondura ni originalidad. Una de las razones es que asimila completamente el tiempo al dinero, y, por tanto, la historia acaba siendo una típica lucha de clases en la que Will es un Robin Hood que roba a los ricos para favorecer a los pobres. El tema del tiempo, ideal para derivaciones antropológicas muy propias de la buena ciencia ficción, se desaprovecha aquí completamente. Los comentarios que ocasionalmente se vierten sobre la inmortalidad y cosas parecidas, son meras frases de corta-pega hollywoodiense.
Los aspectos técnicos son brillantes, la película está muy bien narrada, con el apoyo musical de Craig Armstrong, y el resultado es comercial, entretenido, pero al final es pura fórmula y buen oficio. Esa historia se merecía más, sobre todo en manos de ese director.
Juan Orellana