Alfa y Omega > Nº 763 / 8-XII-2011 > Desde la fe > No es verdad
No es verdad
Máximo, en ABC
¡Dios te oiga, Máximo, Dios te oiga! ¡Ojalá lo que continúe a partir de ahora sea España!, porque la verdad es que las cosas no pintan demasiado bien, mientras ese chico de León que se va -como le ha llamado, en El País, uno de sus mentores intelectuales, el escritor Suso de Toro- intenta representar a España en la decisiva Cumbre de Bruselas. El desastre económico que ese chico de León nos deja a los españoles como perversa y nefasta herencia, antes o después acabará arreglándose, sobre todo, si el nuevo Gobierno sabe hacer lo que dice que va a hacer y lo hace; pero el legado, digamos, sociocultural de la alianza de civilizaciones y el desastre político va a necesitar mucho más tiempo que la economía para recuperarse, porque todo lo que tiene que ver con el pan del espíritu es mucho más de fondo que lo que tiene que ver con el pan de comer. El tal Suso de Toro ha escrito que «los políticos regeneracionistas, y Zapatero es un regeneracionista español puro, son percibidos con hostilidad por buena parte de la sociedad que ellos pretenden cambiar»; y habla de Zapatero como «alguien entregado a su sueño de España». ¡Válgame Dios Nuestro Señor! ¡Y qué conmovedora ternura me suscita esta nostálgica reflexión sobre este chico de León que se va! Así que Zapatero es un regeneracionista español puro... ¿Qué diría Joaquín Costa, si levantara la cabeza?
Ha pintado Antonio Mingote, en ABC, a don José Luis Rodríguez en una zapatería, zapato para arreglar en mano, y preguntándose, con cara de circunstancias: Y esto, ¿cómo se hace? El hijo del viento y el supervisor de nubes, preparado como pocos para la vida ordinaria, regeneracionista español puro, no debería tener problemas para reparar un zapato. ¿O eso no tiene gran cosa que ver con la alianza de civilizaciones? Váyase en buena hora este inútil zapatero y que la Historia le pase la factura que le tenga que pasar, y que Dios nos haga el favor, a los españoles, de no tener que verle más ni a él ni a sus compinches. Lo más saludable, desde todos los puntos de vista, sería no volver a tener que hablar nunca más de él para nada, pero mucho me temo que el daño que ha hecho nos lo impida. Desventuradamente, la sociedad española tardará mucho tiempo en reparar los destrozos que ha causado este individuo, que por cierto no se va a León, sino a Somosaguas, como corresponde a un socialdemócrata de toda la vida. Ya saben ustedes eso de que socialdemocracia es hacer socialismo con el dinero del capitalismo; y, por si acaso alguien ve en esta frase un elogio del capitalismo salvaje, quede claro que los desmanes del capitalismo salvaje están a la vista de todos los que los tenemos que sufrir.
José Javier Esparza ha escrito, recientemente, que «la izquierda tiene una especie de complejo de hiperlegitimidad». Así es, efectivamente. Lo que nadie normal se explica es por qué, ni quién se lo ha otorgado. Atareadísimos como están todos, ahora, en subir a la cucaña y en arañar lo poco que se pueda, no se les ocurre reflexionar sobre las causas del batacazo político que los españoles les han propinado en las últimas elecciones; sólo andan a la greña para ver qué y cómo y quiénes pueden coger alguna migaja de poder; vamos, quiero decir de sueldo, a fin de mes, que es de lo que se trata. Ahí tienen al Pumpido que sigue en el cargo, o a la socialista Magdalena Álvarez en la cucaña del Banco Europeo de Inversiones, cobrando 20.000 euros mensuales, mientras el número de hogares españoles que viven por debajo del umbral de la pobreza está como el paro: en el 22%. Los de Amaiur, igual que el Presidente de la Generalidad de Cataluña, no acuden a celebrar el Día de la Constitución, pero a cobrar sí; pues no faltaba más. ¿También cobran a fin de mes por imperativo legal, que es por lo que dicen que acatan la Constitución? Los crímenes cometidos no se borran por conseguir unos escaños en unas elecciones en las que se ha participado ilegítimamente. Mientras tanto, Le Figaro Magazine ha publicado un reportaje sobre las mejores Universidades del mundo, y las españolas no aparecen ni por asomo en ninguna especialidad, salvo en Business School, donde aparece únicamente el IESE. Pues ¡qué bien...!
Gonzalo de Berceo