Alfa y Omega > Nº 764 / 15-XII-2011 > Testimonio
La Congregación del Ave María celebra su 400 aniversario
400 años de pan y cariño
Cada mañana, en la calle Doctor Cortezo nº 4 de Madrid, una interminable fila de personas espera, a la puerta del Comedor Ave María, para desayunar caliente. Hace 400 años que, en este mítico lugar, la Congregación del Ave María, fundada por san Simón de Rojas, trabaja por los más necesitados. El próximo 18 de diciembre, festividad de la Expectación, celebran su aniversario

Cruzar la calle Atocha, de Madrid, justo a la altura de la Plaza de Jacinto Benavente, es una aventura de contrastes, y más, en Navidad. A un lado, los tradicionales puestos de regalos, las luces, y el ajetreo de la comercial calle Carretas. Al otro lado, justo en la esquina del mítico Cine Ideal, una multitud de personas espera pacientemente, cada día, al alba, frente a una puerta marrón. Si el viandante no se acerca al lugar, no verá el pequeño y disimulado cartel que señala, en el dintel, que esa puerta que se abre todas las mañanas pertenece al Comedor del Ave María.
La Real Congregación de Esclavos del Dulce Nombre de María, a la que pertenece el comedor -que gestiona la Familia Trinitaria-, está de fiesta estos días. Celebra que hace 400 años -el 21 de noviembre de 1611-, san Simón de Rojas la puso en marcha, en el convento de la Santísima Trinidad de Madrid, para hacer vida el encuentro con Dios y María sirviendo, ayudando y amando a los más necesitados. «La Congregación -cuenta el padre Paulino Alonso, trinitario responsable del comedor- nació para dar culto a la Virgen, como tantas otras. En aquella época, incluso había riñas entre Congregaciones por ver quién conseguía más aceite para encender las luminarias». Pero san Simón de Rojas fue más allá, y pensó que esa inversión podría, también, alimentar a los más necesitados. El primer Libro de Acuerdos de la Congregación recoge sus palabras literales: ¿No será mejor que esto que se gasta en luminarias se convirtiese en dar de comer a los pobres, que será más acepto a Nuestro Señor y agradable a su Madre Santísima? Tan sólo siete años después, el 18 de diciembre de 1618, se pone en marcha el Comedor del Ave María.
Con María, pan y cariño

Un grupo de personas, espera a la puerta
del Comedor del Ave María
Hasta el año 1871, las comidas se repartían en el convento de los Trinitarios Calzados, en Madrid. Y desde entonces, se reparten en la Casa-Capilla actual, situada en la calle Doctor Cortezo número 4; 397 años ofreciendo, como dicen todos los que trabajan en el comedor -la Familia Trinitaria, congregantes y voluntarios-, con María, pan y cariño.
El Comedor del Ave María ofrece, en la actualidad, 360 desayunos cada mañana -excepto domingos y festivos-, repartidos en cinco turnos. «Consiste en cerca de medio litro de café con leche o cacao, galletas o un sandwich, y un bocadillo», cuenta el padre Paulino, que ofrece el dato de 91.697 desayunos distribuidos durante el curso pasado. ¿Quiénes pueden entrar? Según el orden de llegada, todos: «No tenemos requisitos; bastantes problemas tienen ya», afirma el trinitario, y recuerda que el perfil ha cambiado notablemente: «En los 80 y 90 abundaban las personas con problemas de drogodependencia; a partir del año 2000, venían muchísimos inmigrantes marroquíes, y luego se sumaron los venidos de América Latina. Ahora, desde 2009, han aumentado los españoles en paro. Incluso hemos puesto en marcha un servicio de distribución de bolsas de alimentos a cinco familias cada semana».
Algunos comercios de la zona proporcionan comida -churros, pan o sandwiches que no se venden al final del día-, pero no son muchos los que lo hacen. «En muchas tiendas que hemos preguntado, nos dicen que no les sobra nada», explica el padre, extrañado. Aun así, el comedor se sostiene holgadamente gracias a los incesantes donativos económicos que llegan de particulares: «La gente responde muy bien, porque ven lo que hacemos. El gasto anual ronda en torno a los 115.000 euros y, de momento, no hemos tenido problemas», señala el responsable. La ayuda que recibe el Ave María no es sólo económica: «Cada día, tengo que decir a una persona o dos que no podemos acoger a más voluntarios», admite el padre Paulino. Muchos de ellos estarán, el domingo, acompañando a la Congregación del Ave María en su día grande, con un desayuno especial y la Santa Misa, a las 12 horas.
Cristina Sánchez
© 2006. Alfa y Omega, Semanario católico de información. Fundación San Agustín, Arzobispado de Madrid