Alfa y Omega > Nº 766 / 29-XII-2011 > Día del Señor > La voz del Magisterio
La voz del Magisterio

El hombre es el camino de la Iglesia. Con estas palabras quiero referirme a las múltiples sendas por las que el hombre camina, y subrayar el deseo de la Iglesia de acompañarle en los caminos de su existencia terrena. Entre ellos, la familia es el primero y el más importante. Es un camino común, aunque particular, único e irrepetible, como irrepetible es todo hombre; un camino del que no puede alejarse el ser humano. Él viene al mundo en el seno de una familia, debe a ella el hecho mismo de existir como hombre. Cuando falta la familia, se crea en la persona que viene al mundo una carencia preocupante y dolorosa que pesará posteriormente durante toda la vida. La Iglesia, con afectuosa solicitud, está junto a quienes viven semejantes situaciones. Sabe, además, que normalmente el hombre sale de la familia para realizar, a su vez, la propia vocación de vida en un nuevo núcleo familiar. Incluso cuando decide permanecer solo, la familia sigue siendo, por así decirlo, su horizonte existencial como comunidad fundamental sobre la que se apoya toda la gama de sus relaciones sociales. ¿No hablamos acaso de familia humana al referirnos al conjunto de los hombres que viven en el mundo? La familia tiene su origen en el mismo amor con que el Creador abraza al mundo creado. Tanto amó Dios al mundo, que dio a su Hijo único; con su encarnación, se ha unido, en cierto modo, con todo hombre. Nacido de la Virgen María, se hizo verdaderamente uno de nosotros. Si Cristo manifiesta plenamente el hombre al propio hombre, lo hace empezando por la familia en la que eligió nacer y crecer. No sólo con ella, sino, de alguna manera, con cada familia, análogamente a cuanto se afirma del Hijo de Dios, que en la Encarnación se ha unido, en cierto modo, con todo hombre. Siguiendo a Cristo, que vino para servir, la Iglesia considera el servicio a la familia una de sus tareas esenciales. En este sentido, tanto el hombre como la familia constituyen el camino de la Iglesia.
Juan Pablo II, Carta a las familias, 1-2 (1994)
© 2006. Alfa y Omega, Semanario católico de información. Fundación San Agustín, Arzobispado de Madrid