Alfa y Omega > Nº 766 / 29-XII-2011 > Desde la fe > No es verdad
No es verdad
Almarza, en Más
Eficacia y pragmatismo por encima del compromiso ideológico; poco glamour y mucha seriedad y sensatez: así podría definirse la primera semana del nuevo Gobierno que preside don Mariano Rajoy. Durante los últimos cuatro años, los españoles hemos tenido que sufrir un Gobierno de la ficción, del camelo, de supervisar nubes...; que si la Alianza de civilizaciones, que si la economía creativa, que si la paridad. De repente, nos llegan unos ministros que sencillamente nos dicen lo que hay, la verdad: que los próximos trimestres van a ser de recesión económica y que esto son lentejas que si quieres las tomas, y si no las dejas. Y la gente normal y corriente no sale de su asombro, pero lo entiende, porque cuando se está enfermo lo esencial es saber de qué, reconocer la enfermedad. Sin eso, es imposible curarse. Y, claro, España no puede ser el cortijo que ha sido para los socialistas, donde los señoritos de turno hacían y deshacían a su capricho y antojo. Falta todavía -y las gentes más lúcidas lo echan de menos, con razón- que se aplique el escarmiento, porque lo que han hecho con España en los últimos años no puede olvidarse con un ya han perdido las elecciones y han salido del Gobierno. Eso no basta. No se pueden ir de rositas y se están yendo, a Somosaguas o adonde sea. Cierto es que a muchos se les ha acabado la mamandurria y ya tienen bastante con arreglárselas como puedan, si es que pueden y saben; pero donde haya responsabilidades penales, aparte de políticas, hay que exigirlas y obligarles a resarcir en nombre de la mera dignidad y justicia. Si no, no escarmentarán...
Me han contado que estos días, cuando algunos niños se están acercando a los pajes de los Reyes Magos para entregarles sus cartas y pedirles sus regalos, son varios los que les han dicho: «Yo no quiero nada para mí, sólo quiero un trabajo para mi papá». Otros sólo les dicen: «No quiero regalos, sólo un bocadillo». Y me cuentan que los pajes de sus Majestades los Reyes de Oriente vuelven la cara para que no les vean llorar. Así que es muy de agradecer que los nuevos políticos no sólo digan, sino cumplan a rajatabla eso de decirnos la verdad, cueste lo que cueste. De mentiras inútiles ya estamos saturados, y de sus terribles consecuencias también. Es de justicia destacar, en este sentido, la ejemplaridad del discurso de Navidad de Su Majestad don Juan Carlos I.
Ya hemos tenido suficiente cultura de la chapuza y de la subvención, y también hemos tenido suficiente de palabras y más palabras, repetidas hasta la náusea, de que nadie es más que otro. Se lo atribuyen a don Miguel de Cervantes, y es verdad; sólo que se les olvida la segunda parte que añadió también don Miguel de Cervantes: Nadie es más que otro si no hace más que otro. ¿Por qué se les olvidará esta segunda parte de la frase? Habría que preguntárselo cada hora a todos esos cantamañanas que han prometido su cargo por imperativo legal. Por imperativo legal jura y promete su cargo todo quisqui, sólo que algunos lo hacen por convicción además. Los que lo hacen sólo por imperativo legal, ¿por qué no renuncian a los privilegios, al sueldo, a la plaza de avión asegurada en primera, a las pensiones blindadas, etc.? Deberían tener la decencia de pedir perdón y de no abrir la boca durante, por lo menos, ocho años; especialmente los que han sido elegidos por un par de cientos de miles de ciudadanos que no habrían tenido que participar en unas elecciones democráticas porque son el brazo político de unos terroristas. Aquí todos no han sido elegidos igual de democráticamente. El gran don Antonio Fontán escribía: «Es como si un gran esfuerzo -el que se hizo en la transición- hubiera dado paso a una generalizada fatiga en toda la nación..., se sabía contra qué ir: ahora no se sabe a dónde». Es no ya sorprendente, sino indignante, que el portavoz de Amaiur en el Congreso le cuente ahora a El País: «La verdad es que no tenía que haber habido ningún muerto». ¡A buenas horas mangas verdes! Eso, antes, porque lo cierto y verdad es que hubo casi mil y que sus familiares, víctimas, siguen sufriendo. Y otro par de cientos de miles de ciudadanos vascos, con derecho a votar en Vascongadas, no han podido hacerlo. Los de Amaiur han recurrido que se les haya negado grupo parlamentario propio. ¿Para recurrir sí vale la Constitución y para cobrar a final de mes también?
¡Qué tengan un muy Feliz Año 2012!
Gonzalo de Berceo