Alfa y Omega > Nº 766 / 29-XII-2011 > Desde la fe > Punto de vista
Punto de vista
Navidad: luz y paz...
Sobre las crestas de Gredos, desde hace unos pocos días, ha aparecido esplendorosa la nieve, iluminada por el sol que nace de lo alto. Esto nos recuerda que viene Dios, hecho Niño, a vivir entre nosotros. Y viene con la Paz.
Hoy nuestro mundo no vive en paz. Desde su nacimiento hasta hoy, hay división y enemistad entre pueblos, en la misma familia, en el interior de cada hombre. ¿Y aquella paz que Él nos anunció, que nos dejó como testamento: Mi Paz os dejo, mi Paz os doy?
El mundo anhela la paz. En esta Navidad va a resonar en nuestros corazones el canto de paz y esperanza que los ángeles anunciaron a los pobres pastores de Judea, que en Belén, Dios había tomado nuestra carne y había nacido Niño de las entrañas virginales de María. Navidad es una invitación a recibir la paz que Dios viene a traer a la tierra. En medio de la sociedad que nos rodea, marcada por el hedonismo, el placer, el consumismo y la violencia, debemos convencernos de esta verdad si queremos reconocerle y acoger la propuesta que viene a traernos: La paz es un bien que se promueve con el bien: es un bien para las personas, las familias, las naciones de la tierra y para toda la Humanidad, pero es un bien que se ha de custodiar y fomentar mediante iniciativas y obras buenas.
Ante el dramático panorama de los violentos enfrentamientos fratricidas que se dan en el mundo, ante los sufrimientos indecibles e injusticias que se producen, la única opción realmente constructiva es detestar el mal y adherirse al bien. No se supera el mal con el mal.
La paz es un anhelo imborrable en el corazón de cada persona, por encima de las identidades culturales. Por esto, cada uno ha de sentirse comprometido en el servicio de un bien tan precioso, procurando que ningún tipo de falsedad contamine las relaciones. Todos los hombres pertenecen a una misma y única familia. La exaltación exasperada de las propias diferencias contrasta con esta verdad de fondo. Hay que recuperar la conciencia de estar unidos por un mismo destino, trascendente en última instancia, para poder valorar mejor las propias diferencias históricas y culturales, buscando la coordinación, en lugar de la contraposición, con los miembros de otras culturas. Estas verdades son las que hacen posible la paz, y son fácilmente comprensibles cuando se escucha al propio corazón.
La verdad de la paz llama a todos a cultivar relaciones profundas y sinceras, estimula a buscar y recorrer la vía del perdón y la reconciliación, a ser transparentes en los negocios y fieles a la palabra dada. El reconocimiento de la plena verdad de Dios es una condición previa e indispensable para la consolidación de la verdad de la paz. Dios es Amor que salva, Padre amoroso que desea ver cómo sus hijos se reconocen entre ellos como hermanos, responsablemente dispuestos a poner los diversos talentos al servicio del bien común de la familia humana. La Paz se va construyendo en el corazón de cada hombre.
Mª del Rosario Sáez Yuguero
Rectora de la Universidad Católica de Ávila