Alfa y Omega > Nº 766 / 29-XII-2011 > PequeAlfa
Texto: María Martínez López. Ilustraciones: Asun Silva
Muchas gracias a todos los que nos habéis enseñado cómo el nacimiento del Niño Jesús ha dado lugar a distintas tradiciones, todas muy bonitas, en tantos lugares distintos del mundo. De todas los trabajos que hemos recibido, éstos son los ganadores de nuestro concurso de Navidad. ¡Enhorabuena!

El Primer Premio de colegios y grupos es para el grupo Nuestra Señora de los Dolores, de Lanzarote.
Nos han mandado un trabajo precioso y muy bien preparado sobre cómo se celebra la Navidad en Colombia, porque algunos niños son de allí. Resumimos algunas de esas tradiciones:
* La Noche de las velitas (7 de diciembre): «Todas las familias colombianas encienden centenares de velas en las ventanas, en las aceras y en las calles. Esa misma noche, se enciende el alumbrado público. Pero es una tradición más impulsada por el comercio -para vender las luces- que por la religión. La fiesta católica sería la vigilia de la Inmaculada Concepción de la Virgen».
* La Novena de Aguinaldos al Nino Jesús (del 16 al 24 de diciembre): «Son nueve días de encuentros con familiares, amigos y vecinos para recordar el camino de José y María desde Nazaret hasta Belén. Rodeamos el pesebre para rezar y cantar villancicos. La novena empezó porque doña Clemencia de Jesús, fundadora del colegio La Enseñanza, de Bogotá, se la encargó a fray Fernando de Jesús Larrea. Años después, otra religiosa del mismo colegio le agregó los gozos, que entonamos con panderetas, maracas y hasta acordeones. Además, se come natilla y buñuelos y se baila».
* Nochebuena y Navidad: «Es costumbre que los niños le escriban una carta al Niño Dios contándole lo bien que se han portado durante el año. Aprovechan para pedir los regalos que quieren recibir en Navidad. La dejan en el pesebre, y de ahí desaparece porque el Niño Dios la ha recogido. Las familias se reúnen desde la noche del 24. A las 12 de la noche se hace un alto en la fiesta, se reparten los regalos que ha traído el Niño Dios. Luego se sigue con la cena de Navidad, que es un plato típico diferente según la región (ajiaco bogotano, tamales vallunos o tolimenses, pernil de cerdo...)»


«Para los habitantes de China, la Navidad no es una fiesta importante. Han heredado de la cultura occidental que es un tiempo para estar con la familia, y se reúnen para una gran comida. En las zonas urbanas se encuentran árboles de Navidad con luces», y otras decoraciones en las calles, las casas y los grandes almacenes. «Los niños esperan la visita de Papá Noel, a quien llaman Dun Che Lao Ren, el viejo hombrecito de las Navidades. Tristemente, es un sentido puramente comercial. Sólo el 1% de los habitantes son católicos, y ellos llenan de verdadero sentido estos días. Como son poquitos y están perseguidos, lo viven con mucha fuerza y muy unidos. Colocan el belén en casa, pero no suele gustarles que Jesús, María y José tengan rasgos asiáticos, porque saben que no eran así. Con la Misa, incluso teniendo que hacerla a escondidas, la Nochebuena es para ellos una de las noches más felices del año».
Parroquia San Román Mártir, de Cuenca

En varios países de Hispanoamérica se celebra la tradición de las piñatas. Rosa, de Madrid, gana el Primer Premio por explicarnos toda su historia: las piñatas tienen su origen en el año nuevo chino. Cuando la costumbre llegó a Italia hace siglos, le dieron un sentido cristiano. «La piñata está hecha con una olla de barro cubierta con papel de colores brillantes y representa al demonio, que suele presentar el mal como algo llamativo. Tiene siete picos que representan los siete pecados capitales. El hombre que le pega a la piñata representa la fe, que debe ser ciega; por eso lleva una venda en los ojos. Con la ayuda de Dios, se destruye el mal, se descubren los frutos que hay dentro de la piñata y se dejan caer las gracias de Dios», en forma de regalitos. En Italia, y luego en España, se hacía esto en Cuaresma. Pero los primeros misioneros que fueron a México descubrieron que los indios mayas tenían un deporte parecido a este juego, y decidieron usar las piñatas antes de Navidad para evangelizarles.
El Segundo Premio se lo lleva David, de Pozuelo de Alarcón (Madrid), que nos cuenta algunas cosas de la Navidad en Polonia. En Nochebuena, antes de cenar, se reparte entre todos el oplatek, una oblea rectangular con algún dibujo sobre el nacimiento de Jesús. Después, empieza la cena, que «tiene 12 platos, uno por cada Apóstol, pero en ningún plato se sirve carne, pues es época de ayuno. También es costumbre dejar en la mesa un sitio extra, para el caso de que un extraño o el Espíritu Santo aparezcan para compartir la comida».


Un profesor con una idea, un colegio que la apoya y un montón de alumnos dispuestos a dedicar unas cuantas horas a una actividad especial. Si se junta todo esto, se pueden conseguir, por ejemplo, 1.800 euros para ayudar a los enfermos y los niños huérfanos de Etiopía. Es la experiencia del colegio Edith Stein. Cada año, este colegio organiza una actividad de manualidades solidarias: los niños de cada clase hacen una manualidad distinta, y se las dan a los padres a cambio de un donativo. La idea de mandar lo recaudado este año a la Casa de la Misericordia, de las Misioneras de la Caridad, en Goba (Etiopía) fue de Lourdes Escudero, una profesora que ha pasado tres veranos ayudando a las Misioneras en este país. Tanto las quiere, que incluso pasó allí su viaje de novios. En Goba, las Misioneras de la Caridad atienden a gente muy enferma, y también tienen un orfanato.
En la clase, dice Pedro Garroz (5º de Primaria), «hemos hecho un bote para lápices y gomas, con un canuto de papel higiénico y cartulina. Ha estado bien, hay mucha gente enferma en el mundo, y teníamos que ayudarles». Jorge Tejado es de 1º de la ESO, y dice: «Estuvimos casi una semana y media haciendo pulseras y cubiletes de madera». Él, además, trajo otros dos que había hecho en casa. Un día, el colegio se llenó de pequeños mercadillos. «En nuestra aula -explica Jorge-, pusimos los puestos con mesas, como si fuera la barra de un bar, y un cartel en la pizarra. Los padres iban pasando. Ayudar a la gente necesitada te da la sensación de estar completo». Lourdes añade que, «cada manualidad, tiene un significado. En mi clase, hicimos una maraca, para acordarnos de los niños de África cada vez que suene, y cantamos una canción para los padres». En total, han recaudado 1.800 euros, con los que las Misioneras de la Caridad comprarán, sobre todo, cosas básicas, como alimentación y medicinas.


Los niños que veis en la foto son coreanos, y participaron en la Misa del Gallo de Nochebuena, presidida por Benedicto XVI. Son parte de un grupo de niños de Corea del Sur que han visitado Roma esta Navidad. El miércoles anterior, tres de ellos le regalaron al Papa las redacciones y los dibujos ganadores de un concurso convocado por la archidiócesis de Seúl, con motivo del 60 aniversario de la ordenación como sacerdote del Papa, que se celebró hace unos meses.
También pudieron felicitarle la Navidad al Papa personalmente los niños de la Acción Católica italiana, a los que recibió, el 19 de diciembre. Ellos le contaron que van a recoger fondos para construir una biblioteca y una guardería en Bolivia, y a Benedicto XVI le encantó la idea: «¡Bravo por esta iniciativa! Mostráis que sois un grupo de chicos inteligentes, porque vuestra atención no se centra sólo en los compañeros de colegio o de juegos, sino que quiere llegar allí donde a tantos coetáneos vuestros les falta lo necesario para vivir de un modo digno. Sed siempre sensibles hacia los que necesitan ayuda; haced como Jesús, que no dejaba a nadie solo con sus problemas, sino que le acogía siempre, compartía su dificultad, lo ayudaba y le daba la fuerza y la paz de Dios».
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Los niños de Granada quisieron imitar, unos días antes de Navidad, la costumbre mexicana de las posadas. El Centro Cultural Nuevo Inicio, del Arzobispado de Granada, organizó esta actividad.
El pasado día 20 de diciembre, todos los niños que quisieron, bien equipados con instrumentos musicales, recorrieron varias calles del centro de la ciudad de Granada cantando villancicos. Querían recordar así cómo san José y María recorrieron las calles de Belén buscando un sitio para refugiarse, en el que el Niño Jesús pudiera nacer.
Estas Posadas granadinas terminaron en el Arzobispado con una obra de teatro y una piñata.