Alfa y Omega > Nº 770 / 26-I-2012 > En portada
La misión del Camino Neocatecumenal, según Benedicto XVI
Llevar a los hombres a Cristo
La gratitud por casi 50 años de entrega a la Iglesia marcó el encuentro que mantuvo el Papa con 7.000 miembros del Camino Neocatecumenal, en el que envió a varias familias en misión y aprobó los rituales de su Directorio catequético. También les pidió una unión profunda con los obispos y fidelidad a los textos litúrgicos de la Eucaristía. He aquí lo esencial de las palabras del Papa:
Benedicto XVI saluda a Kiko Argüello
Durante estas décadas de vida del Camino Neocatecumenal, uno de vuestros empeños ha sido proclamar a Cristo resucitado. Llevar a Cristo a los hombres y a los hombres a Cristo: esto es lo que anima toda obra evangelizadora. Vosotros lo hacéis en un recorrido que ayuda a descubrir la belleza de la fe y la alegría de ser cristiano.
Se trata de un compromiso no siempre fácil. A veces estáis presentes en lugares en los que se precisa un primer anuncio del Evangelio; a menudo os encontráis, en cambio, en áreas que, aun habiendo conocido a Cristo, se han vuelto indiferentes hacia la fe. Allí, vuestro testimonio han de ser como la levadura, que, con paciencia, respetando los tiempos, con sensus Ecclesiæ, hace que crezca toda la masa. La Iglesia ha reconocido en el Camino un don especial que el Espíritu Santo ha otorgado a nuestros tiempos, y la aprobación de sus Estatutos y de su Directorio catequético dan fe de ello. En vuestra valiosa labor, buscad siempre una comunión profunda con la Sede Apostólica y con los pastores de las Iglesias particulares.
Queridas familias: la Iglesia os da las gracias, y os necesita para la nueva evangelización. No tengáis miedo: quien lleva el Evangelio nunca está solo.
Os ha sido leído el Decreto por el que se aprueban las celebraciones presentes en el Directorio catequético, que, sin ser estrictamente litúrgicas, forman parte del itinerario de crecimiento en la fe. Es un elemento más que os muestra cómo la Iglesia os acompaña en un discernimiento paciente que comprende vuestra riqueza, pero que atiende también a la comunión y a la armonía de todo el Corpus Ecclesiæ.
El Misterio Pascual, que es el contenido auténtico de la liturgia, es también obra de la Iglesia. Esto se aplica de modo especial a la celebración de la Eucaristía. Para favorecer un nuevo acercamiento a la vida sacramental por parte de aquellos que se han alejado de la Iglesia o que no han recibido una formación adecuada, los neocatecumenales pueden celebrar la Eucaristía dominical en la pequeña comunidad, tras las Primeras Vísperas del domingo, conforme a las disposiciones del obispo diocesano. Pero toda celebración eucarística es acción del único Cristo en unión de su única Iglesia, y está por lo tanto abierta a cuantos pertenecen a esa su Iglesia. La celebración en las pequeñas comunidades, regulada por los libros litúrgicos -que han de seguirse fielmente- y con las particularidades aprobadas en los Estatutos del Camino, ayuda a cuantos recorren el itinerario neocatecumenal a percibir la gracia de estar insertados en el misterio salvífico de Cristo. Pero también durante el camino importa no separarse de la comunidad parroquial en la celebración de la Eucaristía, que es el lugar auténtico de la unidad de todos.
¡Ánimo! El Señor no deja de acompañaros. Os aseguro mi oración y os doy las gracias por vuestras muchas señales de cercanía.