Alfa y Omega > Nº 770 / 26-I-2012 > Cartas
Abolir la iniquidad

Está claro que el nuevo Gobierno de la nación advierte entre sus prioridades crear empleo y reducir el déficit público; sin duda, un esfuerzo titánico, responsable y no exento de dificultades. No obstante, aquel no debe obviar otras prioridades que, por su gravedad, se deben acometer con gran celeridad. Hablamos de la derogación de la vigente ley orgánica de salud sexual y reproductiva y de la interrupción voluntaria del embarazo, una ley que permite abortos dolosos e impunes de quienes participan de ellos, constituyendo a todas luces actos tan atroces como reprobables. Con una mayoría parlamentaria absoluta, no caben dilaciones para restablecer el curso noble y natural de la vida, pues cada demora en el tiempo supone que nuevas muertes engrosen las estadísticas de los abortorios, engrosen los bolsillos de quienes los consuman y que, a su vez, se enaltezca la autonomía personal de quienes adoptan la libre decisión de llevarlos a cabo. Por todo ello, apelando a un ejercicio garante de derechos y de recta gobernabilidad, muchos españoles deseamos que no haya más muertes de inocentes, y que la educación sexual cultivada en la intimidad familiar se base en el amor, el compromiso y la entrega, y no en una banal promiscuidad amparada en un despropósito meramente genital.
Vicente Franco Gil
Zaragoza
La mentira de la ley Aído
La señorita que anda paseando por Nueva York le coló a la sociedad española la ley más dañina contra la vida humana de cuantas hemos tenido. Bibiana Aído dijo que esa ley reduciría los abortos. En 8 años, nos acostumbramos a oír mentiras de quien ha estado al timón del país, pero las mentiras socialistas sobre una cuestión como la vida son inadmisibles. Según el informe de Sanidad, de 2010, sobre el aborto, el número ascendió a 113.031. La ministra de Sanidad en funciones, Leire Pajín, mintió al afirmar que el número de abortos ha descendido respecto a 2009: ha crecido en 1.550 niños no nacidos. Molestan los regates que hacen los políticos con el más sagrado de los derechos, el de la vida. Que entiendan que no es cuestión de que crezca o que decrezca el número de abortos, es que no tendrían que suceder. Despertemos del letargo, sacudámonos la naftalina que nos embriaga por obra de la ingeniería social de Zapatero, traspasemos la frialdad de las cifras y seamos conscientes de lo que representan 113.031 niños que no nacerán. No se trata de ser de izquierdas o de derechas. Cuando se trata de la vida humana, no hay puntos de vista: es sagrada. Es el momento de actuar como sociedad civil, levantar la voz y hacernos notar. Aprovechar el Gobierno nuevo para presionar y que legislen a favor de la vida. Hay muchos puntos que pueden hacer: derogar la vigente ley del aborto, elaborar un programa transversal de ayuda a la maternidad, garantizar a la mujer una información clara sobre el desarrollo fetal...
Álvaro Herrero de Béthencourt
Internet
Nigeria, en estado de emergencia
Mientras nosotros celebrábamos la Navidad, cientos de católicos en Nigeria eran víctimas de atentados por parte de Boko Haram, un grupo islamista que quiere imponer la sharía en el país más poblado de África. Fue durante la Misa de Navidad, en distintas iglesias, y hubo más de 40 muertos y multitud de heridos. No es la primera vez que se atenta en este país contra los cristianos: en la Nochebuena de 2010, murieron 80 personas en varios atentados contra cristianos, en la ciudad de Jos. A pesar de la condena internacional de que ha sido objeto por sus atentados, la secta islamista armada Boko Haram (La educación occidental es pecado) ha dado un plazo de tres días a los cristianos que viven en el norte de Nigeria para que abandonen esa región, mayoritariamente musulmana. Mientras todo esto está pasando, las democracias occidentales guardan silencio a la hora de defender, para las Iglesias cristianas, la libertad religiosa que el Islam sí tiene en nuestras sociedades. ¿Dónde está la Alianza de civilizaciones?
María Muñoz
Málaga
La virginidad no ha pasado de moda
He leído la historia de Vivian Sleiman, una joven venezolana de origen libanés, que ha convertido en bestseller el relato de su vida: La virginidad no ha pasado de moda. A primera vista, por su título, parecía llamada al fracaso, porque no es algo que se lleve mucho en un mundo obsesionado con el sexo. En ciertos ambientes, hablar de virginidad puede provocar risa y, sin embargo, ha sido el libro preferido por las adolescentes de su país, más que Harry Potter. ¿Cuál es el secreto de su éxito? Vivian se presentó al concurso de Miss Venezuela en 2001, con todos los requisitos para ser favorita: guapa, 1,79 metros, talla 90-60-90, piel blanca y cabello negro..., ¡pero no ganó! ¿La razón? Se retiró cuando uno de los miembros del jurado quiso llevársela a la cama como condición para ganar. El testimonio habla por sí solo. Bueno sería que entre las jóvenes cunda esta disposición a guardar su virginidad, frente a tanto desaprensivo que lo único que le interesa es convertir a la mujer en objeto de sus vicios. Al final, es la mujer la que sale perdiendo. Por eso, es reconfortante que una mujer de 30 años hable con todo desparpajo de su decisión de ser virgen hasta el matrimonio. Decía el filósofo y profesor Allan Bloom que «gran parte del desencanto actual de la juventud se debe al comienzo precoz de la actividad sexual. Parece ser que han vivido experiencias tan fuertes que ya nada les sorprende».
Eli B. Vila
Internet
En la Fiesta de la Familia
Es de agradecer que la prensa más allá de nuestras fronteras se hiciera eco de la Fiesta de la Familia, que convocó el arzobispo de Madrid, cardenal Rouco Varela. La asistencia masiva de familias jóvenes, con muchos niños pequeños, a pesar del frío que reinaba, puso de manifiesto que se valora cada vez más lo que significa el tesoro de la familia. Como dijo el Papa en su Mensaje dirigido a los congregados esa tarde en la Plaza de Colón, «la grandeza de la familia, el lugar escogido por Dios para su Encarnación, se expresa en términos de vocación y compromiso». La experiencia cristiana hace que se pueda vivir y experimentar de forma cotidiana lo que, a través de la razón, conocemos sobre la familia.
Rita Villena
Málaga
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