Alfa y Omega > Nº 770 / 26-I-2012 > Aquí y ahora
Con la gentileza de Logotipo de Análisis Digital
La natalidad desciende, por segundo año, entre las inmigrantes
El riesgo de vivir en el desierto demográfico
La expresión invierno demográfico empieza a quedarse corta para referirse a los índices de nacimientos que tenemos en España. Según los últimos datos del INE, no es que se haya enfriado el crecimiento de la natalidad y de la nupcialidad, es que nos aproximamos a un desierto demográfico, en el que ni siquiera florecen los frutos de la inmigración: la crisis y la asunción del ritmo de vida occidental hacen que la natalidad siga bajando entre las mujeres de origen extranjero. El problema es de fondo


Un parque sin niños, en Medina del Campo
(Valladolid): Castilla y León es la tercera Comunidad
con menos natalidad
Hasta ahora, la bajada de la natalidad y de la nupcialidad en España, unida al aumento de la esperanza de vida, llevaba a los sociólogos a hablar de un invierno demográfico, en el que sólo florecían los frutos de la inmigración: las mujeres de origen extranjero provenían de culturas más pro-natalidad y pro-familia, y aportaban los hijos que las españolas no tenían. Sin embargo, los datos que publicó el Instituto Nacional de Estadística (INE), el pasado 18 de enero, ya no permiten esa lectura: España ha entrado en un auténtico desierto demográfico, donde la natalidad sigue estancada a la mínima entre las españolas, y baja entre las inmigrantes por segundo año consecutivo. Entre algunos medios, empieza a cundir la alarma -el 19 de enero, El periódico de Aragón titulaba Aragón se muere de viejo-, pero se apunta sólo a los efectos de la crisis -La crisis se ceba con la natalidad, titulaba Cinco Días-.
Los porcentajes ayudan a esclarecer la realidad. Según el Movimiento Natural de la Población y los Indicadores Demográficos Básicos, publicados por el INE la semana pasada, en 2010 se hubo un 1,7% menos de nacimientos que en 2009, y en el primer semestre de 2011 creció la brecha: hubo un 1,1% menos de nacimientos que en el mismo período de 2010. Mientras el índice de reemplazo generacional necesita estar en 2,1 hijos por mujer, en España estamos en el 1,3. Además, cada vez se casan menos parejas y lo hacen más tarde (69.864 parejas contrajeron matrimonio en el primer semestre de 2011, un 5,7% menos que en ese período en 2010), y hay más nacimientos fuera del matrimonio (un 35,5% del total).
Sin embargo, el descenso de la natalidad y de la nupcialidad es progresivo desde 2002, con un leve repunte entre 2007 y 2008 (paradójicamente, en los inicios de la crisis), así que, si en tiempos de bonanza bajaban la natalidad y la nupcialidad por el ritmo de vida opulento, y en tiempos de crisis baja la natalidad y la nupcialidad por el ritmo de vida austero, ¿cuál es el problema? Don Benigno Blanco, Presidente del Foro de la Familia, explica que «estos datos muestran un problema de fondo y una punta derivada de las circunstancias socioeconómicas. En España, hay una tendencia a banalizar el matrimonio y la familia, incentivada por las leyes contrarias a la familia elaboradas por el Gobierno de Zapatero. Además, muchos inmigrantes vuelven a sus países y los que se quedan, como ocurre en toda Europa, se inculturizan y asumen esa mentalidad anti familiar. Cada vez hay más miedo a comprometerse y a dar vida; es el problema antropológico de una sociedad sin anclajes morales, que no tienen un concepto claro sobre el hombre. La crisis cultural de nuestra época es que hay padres que no saben transmitir valores a sus hijos, porque ellos mismos se han desnortado». Si el problema de fondo es cultural, la solución pasa por generar cultura favorable a la vida y a la familia.
José A. Méndez
© 2006. Alfa y Omega, Semanario católico de información. Fundación San Agustín, Arzobispado de Madrid