Alfa y Omega > Nº 770 / 26-I-2012 > Aquí y ahora
Con la gentileza de

El cardenal Rylko conmemora la celebración del Cursillo de Cristiandad nº 1.000, en Córdoba
«¡El mundo necesita cristianos santos!»
El Presidente del Consejo Pontificio para los Laicos, el cardenal Stanislaw Rylko, presidió, el pasado domingo, la Eucaristía de Acción de Gracias por los 1.000 Cursillos de Cristiandad que se han celebrado en la diócesis de Córdoba. En su homilía, el cardenal Rylko animó a los cursillistas, y a todos los movimientos eclesiales, a «enfrentar, con renovada valentía, los graves desafíos que el mundo postmoderno plantea a la Iglesia»
El cardenal Rylko, durante la homilía, con el obispo
de Córdoba, monseñor Fernández, y el arzobispo
de Sevilla, monseñor Asenjo
«Hoy no tenemos tiempo para quedarnos quietos. ¡La tarea de evangelizar es apremiante y urgente! San Pablo (Patrono de los Cursillos de Cristiandad) nos reclama: El tiempo es corto... Es necesario, con renovada valentía, enfrentar los graves desafíos -a veces inéditos- que el mundo postmoderno plantea a la misión de la Iglesia»: así se dirigía el cardenal Stanislaw Rylko, Presidente del Consejo Pontificio para los Laicos, a los miles de cursillistas de cristiandad y miembros de otros movimientos eclesiales y asociaciones de laicos, que se dieron cita el pasado domingo en la catedral de Córdoba para participar en la Eucaristía de Acción de Gracias por la celebración del Cursillo de Cristiandad número 1.000 en la diócesis cordobesa. Una celebración que supone un hito en la historia de este movimiento eclesial, que, sólo en Córdoba, ha evangelizado a más de 33.000 personas desde 1954.
¡Cuántas conversiones!
Durante su homilía, el cardenal Rylko dio las gracias a Dios «por la obra de evangelización llevada adelante por el movimiento de Cursillos de Cristiandad», y destacó que, tras la celebración del Cursillo número 1.000 en Córdoba -que tuvo lugar del 12 al 15 de enero-, hay «un largo camino de abundante siembra evangélica», así como la labor de «diversas generaciones de cursillistas que, gracias a la experiencia de fe en este movimiento, han encontrado a Cristo. ¡Cuántas vidas transformadas, cuántas auténticas conversiones! ¡Cuántos hombres y mujeres, gracias a este movimiento, han descubierto la belleza de la vocación cristiana que brota del Bautismo! ¡Cuántos matrimonios reconstruidos, cuántas familias sanadas! ¡Cuántos frutos de santidad!»
Asimismo, el Presidente del Consejo Pontificio para los Laicos recordó que «el movimiento de Cursillos de Cristiandad, nacido en Mallorca en los años cuarenta y que hoy está presente en 63 países de todos los continentes, desde el inicio ha querido dar un nuevo impulso misionero al cristianismo, en un mundo que se hacía cada vez menos cristiano». Y dado que «hoy -especialmente en Europa- la situación se ha hecho aún más dramática», la labor de todos los movimientos eclesiales supone «una respuesta oportuna del Espíritu Santo a los desafíos que el mundo lanza a la Iglesia de nuestros tiempos. ¡La Iglesia os mira con gran esperanza y cuenta con vosotros!»
Instrumento indispensable
De hecho, Rylko no sólo se dirigió a los cursillistas, sino que explicó que todos los movimientos eclesiales son «un don del Espíritu y un instrumento indispensable de la misión evangelizadora», y exhortó a todas las asociaciones laicales a ser «escuelas de santidad, de misión y de comunión; verdaderos ejercitatorios de la santidad para los hombres y las mujeres de nuestro tiempo». Y, a pesar de que «la creciente erosión de la fe y la difusa emergencia educativa generadas por la cultura post-moderna hacen que esta tarea no sea fácil», el purpurado explicó que «vuestra tarea prioritaria es formar cristianos adultos y maduros en la fe, ¡es decir, santos!»
Para lograrlo, «los movimientos eclesiales deben convertirse cada vez más en lugares de encuentro con Cristo, que cambia la vida de las personas, y en escuelas de oración, que suscitan en los fieles un deseo profundo de santidad». Porque, si los movimientos laicales renuncian a anunciar a Cristo, tanto hacia fuera como hacia dentro de sus propias estructuras, los más perjudicados serán quienes se encuentran lejos de Dios: «Sus existencias se deslizarán inevitablemente hacia la superficialidad, la banalidad, la mediocridad. ¡El mundo necesita cristianos santos, es decir, verdaderos cristianos!», explicó Rylko. Y concluyó: «El riesgo para todos nosotros, bautizados, es el de ceder a la indiferencia, a la tibieza, a la falta de compromiso... El Señor espera de cada uno de nosotros la valentía de tomar decisiones radicales por el Evangelio, la prontitud para apostar todo por el reino de Dios, la plenitud de la vida cristiana».
Anunciar a Cristo, no otra cosa
La celebración del Cursillo número 1.000 en la diócesis (algo que sólo se había alcanzado en Puerto Rico) ha dado pie a que el obispo de Córdoba, monseñor Demetrio Fernández, haya escrito una Carta pastoral a los cursillistas, en la que les anima a mantenerse «fieles a vuestro carisma fundacional y a la historia de un Movimiento que, a pesar de los pecados de sus miembros, ha producido frutos abundantes de santidad, porque no ha perdido el primer vigor que da la confianza en la gracia». Así, según explica en la Carta, «la experiencia de Cursillos nos enseña a todos que la evangelización consiste siempre en el anuncio explícito de Jesucristo, no en otra cosa. Y que el objetivo de la evangelización consiste en que toda persona humana se encuentre con Jesucristo y se enamore de Él. Y esto es imposible transmitirlo si uno no lo vive, y si no lo vive con pasión. Hoy necesitamos evangelizadores así».
José Antonio Méndez