Alfa y Omega > Nº 770 / 26-I-2012 > Mundo
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Ataque de la Administración Obama contra la libertad religiosa
No hay lugar para los católicos en esta América
«Suscitan preocupación ciertos intentos de limitar la libertad religiosa» en Estados Unidos». Lo denunciaba, el jueves, Benedicto XVI. Sólo 24 horas más tarde, se producía el mayor ataque conocido en este país contra la libertad de conciencia: los hospitales católicos estarán obligados a ofrecer servicios como la contracepción, la abortiva píldora del día después, o esterilizaciones. Las organizaciones religiosas no estarán tampoco exentas de contratar para sus empleados seguros con esas coberturas


El Papa recibe a varios obispos norteamericanos,
en visita ad limina
La Iglesia católica y las demás confesiones tendrán que plegarse, o cerrar sus hospitales, colegios, comedores sociales... El Departamento de Sanidad ha desatendido las peticiones -sobre todo de los católicos, pero también de evangélicos y judíos- y no contemplará excepciones significativas en las normas de aplicación del Seguro Médico obligatorio que va a introducir el Presidente Barack Obama.
La Iglesia en Estados Unidos siempre ha defendido el proyecto de un sistema de cobertura sanitaria universal, pero la Administración demócrata ha convertido ese viejo sueño en pesadilla. Un comunicado del Departamento de Sanidad anunciaba, el pasado viernes, que, a partir del 1 de agosto de 2013, un año después de la entrada en vigor de la norma, no habrá excepciones de conciencia que justifiquen la negativa a contratar seguros con servicios de contracepción, píldoras abortivas -la píldora del día después- o procedimientos de esterilización.
«Nunca antes un Gobierno federal había obligado a los individuos y organizaciones a violar su conciencia», denunciaba el neo cardenal Timothy Dolan, arzobispo de Nueva York y Presidente de la Conferencia de Obispos Católicos. «El Gobierno no debería obligar a los americanos a actuar como si el embarazo fuera una enfermedad que hubiera que prevenir a cualquier coste», añadía, y hacía un llamamiento a la resistencia cívica: «Que vuestros representantes electos sepan que queréis que vuestros derechos y libertades religiosos y de conciencia sean restaurados». Está en juego -afirmaba un comunicado de la Conferencia Episcopal- el respeto a derechos constitucionales esenciales.
Batalla cultural
Un día antes, al recibir a un grupo de obispos norteamericanos en visita ad limina, Benedicto XVI habló de «graves amenazas al testimonio público de la Iglesia en cuestiones morales, merced a un laicismo radical cada vez más difundido en los ámbitos político y cultural», y denunciaba «en particular, ciertos intentos de limitar la más impagable de las libertades de América: la libertad religiosa». Ante este reto, «la Iglesia está llamada, a tiempo y a destiempo, a proclamar el Evangelio», y a hacer frente a «nuevas y potentes corrientes culturales cada vez más hostiles al cristianismo». El llamamiento del Papa no se dirige sólo a los obispos. Una vez más, Benedicto XVI insistió en «la necesidad de un laicado católico, bien formado, dotado de un fuerte sentido crítico ante la cultura dominante y de coraje para hacer frente a un secularismo reductivo que quiere deslegitimar la participación de la Iglesia en el debate público sobre las cuestiones que determinan el futuro de la sociedad estadounidense».
En esta lucha, los católicos deben servirse de la razón. La Iglesia -dice el Papa- «quiere convencer proponiendo argumentos racionales en los foros públicos», desde «un razonamiento moral basado en la ley natural». Y añadía: «La separación legítima de la Iglesia y el Estado no puede interpretarse en el sentido de que la Iglesia debe guardar silencio sobre ciertos temas».
Los ejemplos son de sobra conocidos, y han sido reiteradamente denunciados en público por los obispos, que incluso han puesto en marcha, el pasado mes de octubre, un Comité ad hoc para la defensa de la Libertad Religiosa en Estados Unidos. Una queja habitual es que se obligue a los contribuyentes a financiar abortos con sus impuestos. El hecho es común en Europa, pero en Norteamérica suscita gran controversia.
A esto se añade, ahora, que no habrá excepciones para los hospitales católicos en la dispensa de la píldora abortiva. Asimismo, según la Conferencia Episcopal, la Administración ha boicoteado importantes programas de atención a inmigrantes y víctimas del tráfico de mujeres para explotación sexual, eliminando su financiación pública por negarse a promover el aborto. También se quiere obligar a los colegios católicos a dispensar preservativos, estén o no de acuerdo los padres de los alumnos, mientras que a los capellanes militares se les prohíbe hacer cualquier mención negativa de la sodomía.
La introducción del llamado matrimonio homosexual en algunos Estados y las normativas legales contra la discriminación han sido otra fuente de problemas. Un funcionario municipal no puede negarse a registrar matrimonios o uniones de hecho del mismo sexo, y algunas de las más importantes agencias de adopción del país, al ser católicas, se negaron a entregar niños en adopción a estas parejas y fueron obligadas a cerrar.
La nueva agenda

El pasado lunes, la Marcha por la Vida conmemoró,
en Washington, D.C., el 39 aniversario de la liberalización
del aborto. Entre los diversos actos, la basílica
de la Inmaculada Concepción acogió una Vigilia presidida
por el neo cardenal Dolan
En 2006, Barak Obama, entonces senador por Illinois, decía que «los secularistas se equivocan cuando piden a los creyentes que dejen su religión en la puerta antes de entrar en la plaza pública». Su ahora Vicepresidente, Joe Biden, lanzaba -sólo medio en broma- la amenaza de estrangular con su rosario a quienes afirmaran que las posiciones de su partido se hallaban en oposición a su fe católica. Ahora, incluso la llamada izquierda católica, que siempre ha apoyado a Obama, ha dicho basta. Desde el National Catholic Reporter, Michael Sean Winter lanzaba un Yo acuso como el de Zola, y, «como liberal y afín al Partido Demócratra», lamentaba que el mensaje que transmite el Presidente es que «no hay espacio en este gran país nuestro para las instituciones que nuestra Iglesia ha construido a lo largo de los años». También el padre John I. Jenkins, que desafió a su obispo, al invitar a Obama a pronunciar una conferencia en la Universidad católica de Notre Dame, ha reconocido que los hechos han puesto a quienes tendían la mano al Presidente en «una situación insostenible».
La política social ha acercado tradicionalmente a los católicos al Partido Demócrata, pero ahora se interpone entre ambos una agenda ideológica radical. El viraje ha tenido también impacto en la política exterior. La Comisión para la Libertad Religiosa, dependiente del Departamento de Estado, a punto ha estado de cerrar, y aunque finalmente se ha salvado, ha visto seriamente recortados sus fondos, que son los que hacen posibles los conocidos informes sobre violaciones de la libertad religiosa en el mundo, que tanto molestan a países como China o Arabia Saudí. A cambio, el Gobierno norteamericano anunció en diciembre que la promoción de la ideología de género será prioritaria en su política exterior.
Ricardo Benjumea
La fe en las Primarias republicanas
En España y otros países de Europa, la democracia interna de los partidos políticos es más la excepción que la regla, pero en Estados Unidos no hay Presidente que no llegue al cargo sin haber superado cientos de debates públicos, primero, en las primarias de su partido, y después con el candidato del partido adversario. Durante el proceso, el candidato debe someterse a diario a una batería de preguntas de la prensa (en Norteamérica no se lleva lo de las ruedas de prensa sin preguntas), cuando no directamente de los propios votantes. De este modo, emergen los asuntos que realmente interesan a los ciudadanos, y la religión y los valores que se compromete a defender cada aspirante suelen generar gran atención. Por eso, no sorprende que la cuestión religiosa y moral esté siendo central en las primarias que celebra el Partido Republicano para buscar un rival que dispute la Casa Blanca a Barack Obama. Ahora bien: el modo en que este factor religioso entra en juego no es siempre el predecible...
El candidato favorito es Mitt Rommey, ex Gobernador de Massachusetts, millonario con fama de centrista, aunque muy restrictivo en inmigración. Su condición de mormón no ha impedido que le respalden cinco antiguos embajadores norteamericanos ante la Santa Sede. Los hay de Presidentes republicanos y demócratas (a los embajadores los nombra el Presidente y cesan con él), pero el nombre que destaca entre todos es el de Mary Ann Glendon, Presidenta de la Academia Pontificia de las Ciencias Sociales. Los firmantes de la carta salen al paso de críticas extendidas entre los republicanos y valoran «la defensa del matrimonio y la familia» en este candidato, además de «su experiencia, su enfoque y su empeño por el bien común».
Las Primarias no les están yendo mal a dos candidatos católicos. Por un lado, está Rick Santorum, cuyos mayores apoyos están entre los evangélicos conservadores. El gancho electoral entre los republicanos del ex senador por Pensilvania son sus credenciales pro vida, aunque en política social o inmigración se aleja de la doctrina social. Mucho más coherente en ese aspecto es Newt Gringrich, ex Presidente del Congreso y artífice de la dura oposición conservadora a Bill Clinton. Gingrich se convirtió de la Iglesia Baptista al catolicismo en 2008, y promovió un conocido documental sobre Juan Pablo II. Sus convicciones pro vida y pro familia son también firmes, pero no su trayectoria: antes de su conversión, el político se divorció dos veces, y está casado con una tercera mujer. Muchos republicanos no le perdonan su pasado. Tampoco una de sus ex, empeñada en reventarle la campaña.
© 2006. Alfa y Omega, Semanario católico de información. Fundación San Agustín, Arzobispado de Madrid