Alfa y Omega > Nº 770 / 26-I-2012 > Desde la fe > ¿Arte?
¿Arte?
El Cristo, en el Teatro Español

Verá, Excelencia, no es sólo cuestión de religión, sino de buena educación. Imagínese que, en una exposición, el artista, en un alarde de valentía, cubriera los genitales de un actor desnudo con una foto suya, de V.E., o de un deudo suyo. En ese caso, V.E. podría invocar el derecho a la propia imagen para exigir que no fuera su foto la utilizada como vehículo de creatividad artística. Ahora, imagine que es la foto de una persona ya difunta de su familia, o de un inválido desconocido. En tal caso, podría invocar que esa utilización de tal foto ofende sus sentimientos. El que V.E. albergara, respecto de la persona cuya foto así se exhibiera, profundos sentimientos de afecto, gratitud, compasión, etc., no constituiría ningún fenómeno patológico; los demás, aunque no compartiéramos esos sentimientos, no tendríamos razón para negarlos en V.E., y entenderíamos, a partir de experiencias personales semejantes, que V.E. exigiera que se retirara esa foto, e incluso sugiriera la posibilidad de que fuera sustituida por la de alguien querido del artista. Tal vez, éste experimentara hacia ese alguien tales sentimientos que no le pareciera bien exhibirla públicamente de tal guisa. No se trataría ahora del derecho a la propia imagen, sino del derecho de cada persona a que se respeten sus sentimientos más profundos y normales. No respetarlos puede constituir una ofensa jurídicamente penalizable. En el plano más hondo y elemental, se trata, antes que nada, de una cuestión de buena educación. A quien diga no albergar sentimientos religiosos ni saber qué es eso, le diré que determinados usos de imágenes religiosas son tan ofensivos para mis sentimientos como lo sería para los suyos el mismo tipo de utilización de la imagen de la persona para él más querida. Por eso, para exigir que no se haga de una imagen de Cristo crucificado el uso al que se le somete en estos momentos en una exposición en el Teatro Español, del Ayuntamiento de Madrid, tengo, al menos, las mismas razones que puedan tener otras personas para que la imagen que se emplee con la misma finalidad no sea la de su difunta madre. A quien no considere otras razones le diría, pues: No se trata de una guerra de religión, sino de una cuestión de simple buena educación y de derechos ciudadanos constitucionales. Atender esas razones no tiene por qué acarrearle a la imagen, quizá pavorosamente temida por V.E., de reaccionario derechista catolicón intransigente. No atenderlas nos obligaría a pensar -con el debido respeto- que tienen sus Excelencias, sobre estos asuntos, muy oscuras las ideas y muy claros los miedos.
Teófilo González Vila
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