Alfa y Omega > Nº 770 / 26-I-2012 > PequeAlfa
Texto: María Martínez López. Ilustraciones: Asun Silva


El 31 de enero es día de fiesta en muchísimos colegios de todo el mundo: es el día de San Juan Bosco, el sacerdote italiano que, en el siglo XIX, fundó los salesianos y las salesianas, dos congregaciones religiosas dedicadas a la educación. Su caso es curioso, porque no toman el nombre de su fundador, sino de san Francisco de Sales, el modelo en el que se fijó san Juan Bosco.
Desde muy joven, a Juan le sorprendía que los sacerdotes de su época fueran muy serios y no trataran con los jóvenes. Cuando tenía nueve años, había soñado que Dios le llamaba a acercar a otros niños a Dios tratándolos con amor. Aunque entonces no lo entendió, más adelante supo que Dios quería que fuera sacerdote precisamente para estar con los jóvenes. Tenía las herramientas para ello, pues desde siempre atraía a todo el mundo con su forma de ser sencilla, y su capacidad para entretener a los demás. Cuando todavía vivía en su pueblo, solía organizar reuniones en las que contaba historias, y hasta hacía trucos de magia, habilidades que siempre conservó. Eso sí, siempre intentaba que hubiera también algún rato de oración.
Para ser sacerdote, dejó su pueblo y se fue a estudiar a Turín. En esa época, la ciudad se estaba llenando de fábricas, y muchos chicos pobres del campo llegaban a ella para buscar trabajo. Explotados en las fábricas, pobres y sin familia, corrían el peligro de terminar cometiendo algún delito y acabar en la cárcel. A Don Bosco le preocupaba mucho su situación. Un día, ofreció a uno de estos chicos darle clases y enseñarle el Catecismo los domingos. Cada semana, aparecían más niños a estas clases. Don Bosco descubrió que, si alguien se hacía amigo de estos chicos, les enseñaba, les buscaba un buen trabajo, los visitaba, les daba catequesis y, sobre todo, los quería, podían ser buenos cristianos y gente honrada.
Así empezó el Oratorio de San Francisco de Sales: al principio, don Bosco reunía a los niños los domingos en el campo para jugar y aprender. Luego, consiguió un pequeño edificio, y algunos de los chicos se fueron a vivir con él. Él mismo escribía los libros de texto para que estudiaran. También pidió a su madre que se fuera a vivir con ellos y fuera como una madre -Mamá Margarita- para los chicos. Como la labor crecía, buscó entre sus chicos a jóvenes que quisieran ser sacerdotes, y fundó los salesianos. Poco después, hizo lo mismo con las Hijas de María Auxiliadora (salesianas) para atender de la misma forma a las chicas.


Los salesianos tienen el honor de que, de entre sus alumnos, han salido dos de los cuatro únicos niños que la Iglesia ha nombrado santos o Beatos sin ser mártires. Santo Domingo Savio fue uno de los primeros niños en entrar en el Oratorio de San Francisco de Sales. Quería ser sacerdote, y pasaba gran parte de su tiempo rezando y ayudando a Don Bosco en todo, pero no alcanzó su sueño, porque, con 15 años (era 1857), se puso enfermo y murió. El ejemplo de este chico influyó mucho en la Beata Laura Vicuña. Esta niña chilena, nacida en 1891, se mudó a Argentina al morir su padre, y su madre la envió a un colegio de María Auxiliadora. Su madre empezó a vivir con un hombre sin haberse casado con él, y Laura sufrió mucho al saber que a Dios no le gustaba eso. Así que decidió que lo mejor que podía hacer, con permiso de un sacerdote, era ofrecer su vida a Dios a cambio de que su madre volviera a acercarse a Él. Dos años después, hubo una inundación en el colegio, y Laura se puso enferma por quedarse con los pies metidos en el agua ayudando a las demás niñas. Murió con sólo 12 años, pero contenta porque su madre se había reconciliado con Dios.

Ojalá seáis de esos niños que, el domingo pasado, celebraron la Jornada de la Infancia Misionera. En ese caso, sois niños misioneros y sabéis que, este año, la Infancia Misionera habla de Jesús con los niños de América. La Hermana María Jesús Hernando, una misionera que conoce muy bien a estos niños, nos ha explicado estos días cómo se puede hablar de Jesús con los niños iberoamericanos más pobres. ¿Sabéis una cosa? A veces, para hablar de Jesús, no hacen falta palabras. La Hermana María Jesús y otras monjas como ella (Religiosas de los Santos Ángeles Custodios) tienen un método genial para que los niños se encuentren con Jesús: mostrarles con hechos cómo los ama. Muchos niños de Argentina, Chile, Puerto Rico... viven en la calle, no tienen papás y, a veces, no han tenido a nadie que les diera un poco de cariño. Al ver esta realidad, María Jesús y sus Hermanas rezaron a Jesús para preguntarle qué podían hacer, y Él les respondió: «Dadles una familia y un hogar». Y así lo hicieron. Ahora hay un montón de hogares en esos países, donde 8 o 10 niños viven como hermanos y alguna misionera hace de mamá. ¿Sabes cuál es la diferencia entre una casa o una residencia y un hogar? Que en el hogar se siente el amor. Estas misioneras han sido muy buenas al conseguir que esos niños sin ningún futuro hayan encontrado una familia que los alimenta, los cuida, los educa..., pero, sobre todo, que los ama con el amor de Jesús.
Dora Rivas



Además de sus colegios, los salesianos tienen una productora, Boscovisión, que rueda cortos sobre temas que afectan a los jóvenes. Algunos de estos cortos forman la serie Los Trotamundos, que empezó en 2000 y tiene ya 40 episodios. El padre Ángel Fernández, su responsable, elige el tema de cada película preguntando, a los chicos de distintos colegios, qué les preocupa. Suelen ser temas relacionados con la familia y los amigos. Con estas ideas, «yo hago un boceto del guión, y 15 chicos voluntarios lo adaptan a su lenguaje». De ahí sale el guión final. En verano, se ruedan tres o cuatro episodios de Los Trotamundos. Otros cortos se ruedan a lo largo del curso. En ellos participan alumnos -de sus colegios y de otros-, y también personas mayores. Ana, de 13 años, vive en Orense y lleva ya tres colaborando con Boscovisión. «Me gusta la interpretación, y al ofrecérmelo en el colegio no lo dudé. La historia que más me ha gustado hasta ahora ha sido la de dos hermanas, Ana y María, cuyos padres apenas están en casa. Ana irá descubriendo que tiene un don a medida que ayuda a una persona. Yo era María». Todas las historias tienen un matiz cristiano, y en algunas Dios tiene un protagonismo especial. Por ejemplo, ya han sacado dos cortos sobre cómo sería hoy la vida de la Virgen. Más información: boscovision@gmail.com


La semana que viene, además de celebrar a san Juan Bosco, la Iglesia tiene otra fiesta muy importante: La Presentación del Señor, cuando Jesús fue presentado en el Templo. Si aún tenéis el belén en casa, es el momento de quitarlo, porque se trata de la última fiesta relacionada con la Navidad. 40 días después de Navidad, la Virgen y san José llevaron a Jesús al Templo. La ley judía decía que todos los primogénitos -el primer hijo de cada familia- pertenecían a Dios, y sus padres tenían que pagar un rescate simbólico para recuperarlos. También era el día de la purificación de las madres, a los 40 días de haber dado a luz. Para los cristianos, esta fiesta significa que Dios se acerca a su pueblo, representado en el Templo y en los dos ancianos, Simeón y Ana, que le reconocieron como el Mesías: Luz de las naciones y gloria de su pueblo, Israel. Como Jesús es nuestra luz, desde el siglo V esta fiesta se celebra en muchos lugares con procesiones con velas, y por eso se llama también fiesta de La Candelaria. Además, en Canarias hay una advocación de la Virgen con este mismo nombre.