Alfa y Omega > Nº 771 / 2-II-2012 > Ver, oír y contarlo > Ver, oír y contarlo
Letales cortinas de humo

El socialismo murió en toda Europa poco después de la caída del Muro de Berlín, víctima de su ideología obsoleta y del enorme déficit que generaban servicios públicos desmesurados. No obstante, «el socialismo sigue políticamente rampante y capaz de ganar elecciones en cuanto se le presenta la oportunidad». Así lo expone el eurodiputado Alejo Vidal-Quadras, en su nuevo libro Ahora, cambio de rumbo (Editorial Planeta).
Analizan también ese fenómeno, en Nueva Izquierda y cristianismo, con prólogo de Jaime Mayor Oreja (Ediciones Encuentro), Francisco José Contreras y Diego Poole: «Las diferencias entre derecha e izquierda -en lo que se refiere al modo de producción- han llegado a ser superficiales... Privada, pues, de su proyecto clásico, la izquierda ha tenido que buscar uno nuevo, y lo ha encontrado en el magma liberacionista y freudomarxista», o dicho en pocas palabras, en la revolución cultural del 68: «ideología de género, permisividad sexual, aborto libre, cuestionamiento de la familia tradicional, hostilidad al cristianismo, idealización de las culturas no occidentales y denigración de la occidental... Los partidos de derecha insisten en calificar de cortinas de humo (lanzadas por la izquierda para distraer la atención de lo que realmente importa) medidas como la legalización del matrimonio gay, la ampliación del aborto, la implantación de la Educación para la ciudadanía, o los crecientes ataques dialécticos a la Iglesia. La derecha política sigue operando con el viejo paradigma: el del siglo XX, cuando las diferencias entre derecha e izquierda guardaban relación, sobre todo, con la forma de organizar el sistema productivo. No ha entendido todavía que el centro de gravedad de la pugna ideológica ya no se sitúa en lo económico, sino en lo moral y cultural: el modelo de familia, el principio y el fin de la vida, la ingeniería genética, el papel social de la religión...»
Coincide plenamente Vidal Quadras: «Además de emprender las imprescindibles reformas en los terrenos económico, social e institucional, el Gobierno que inicia su andadura no ha de olvidar que la verdadera batalla es la de las ideas y las conciencias»,.
Desde esa óptica, más allá de la derecha política, el gran adversario a batir para la izquierda es la Iglesia, una izquierda heterogénea que aspira a liderar un PSOE crecientemente frentepopulista. Hazteoir.org lo documenta en el informe Los ataques a la libertad religiosa en España 2004-2011. «Meses antes del triunfo electoral de 2004, el PSOE empezó a fijar de manera especial la diana de su demagogia populista más radical en los creyentes, y ése ha sido el leit motiv de la vida política socialista lo largo de casi ocho años», expone el Informe.
En los años 2004 y 2005, «el tono pendenciero con que los miembros del Gobierno y los dirigentes del Partido Socialista se refirieron, durante este tiempo, a las relaciones económicas del estado con la Iglesia católica, sus amenazas de asfixia económica, las constantes alusiones a supuestos privilegios, a riquezas y a bienes millonarios de la Iglesia, recordaban viejos discursos decimonónicos».
Hasta 2008, hubo múltiples agresiones a los católicos, «desde el poder, por medio de leyes concretas, a través del adoctrinamiento en el sistema educativo, de los medios de comunicación controlados por el PSOE...» Y de ahí, la agitación se traslada a la calle. «Después de esos cuatro primeros años avivando las tensiones, buscando el cuerpo a cuerpo con la Jerarquía y presentando a los creyentes, especialmente a los católicos, como enemigos públicos de la democracia, la labor de agitación pasó del PSOE y del Goberno a la calle. A partir de 2009, empiezan los ataques directos: asaltos a iglesias, cierre de lugares de culto, agresiones...» De 2004 a 2009, es inapreciable el número de asaltos y profanaciones de templos, pero se dispara a partir de esa fecha. El número total, en las dos legislaturas socialistas, es de más de 500 ataques.
«El Gobierno del PSOE -cree Hazteoir- ha actuado como un pirómano y, no contento con echar gasolina, ha prendido la hoguera que, luego, ha dejado en manos de sus seguidores callejeros. El resultado es una creciente presión cada vez más descarada».