Alfa y Omega > Nº 771 / 2-II-2012 > Aquí y ahora
Con la gentileza de

Jornada Mundial de la Vida Consagrada, bajo el lema Ven y sígueme
Jesús sigue llamando a una especial consagración
Hoy celebramos la fiesta de la Presentación del Señor. La Iglesia hace coincidir esta fiesta con la Jornada Mundial de la Vida Consagrada, cuyo lema de este año es: Ven y sígueme. Vida consagrada y nueva evangelización. Recogemos, en esta página, algunas declaraciones de obispos españoles sobre esta Jornada
Encuentro de religiosas con el Papa
en el monasterio de El escorial, durante
la Jornada Mundial de la Juventud
El arzobispo de Madrid, cardenal Antonio María Rouco Varela, se ha referido al impulso que la Jornada Mundial de la Juventud ha supuesto para la vitalidad de las comunidades de religiosos y los institutos seculares: «Se los ve con una alegría nueva, con un afán de compromiso con su misión dentro de la Iglesia, y, de una manera muy especial, con la evangelización de los jóvenes».
El arzobispo de Madrid también ha señalado que le llegan noticias de muchos jóvenes que, tras la JMJ, han iniciado una nueva etapa de su vida a través de la consagración: «Muchos, por el camino de la forma contemplativa de la consagración; y otros, por la forma activa de la consagración».
Las comunidades religiosas son familia
El obispo de Santander y Presidente de la Comisión episcopal para la Vida Consagrada, monseñor Vicente Jiménez Zamora, ha escrito que «los consagrados están llamados por su vocación, consagración y misión a vivir un estilo de vida que exige, en primer lugar, la santidad de vida a la que toda la Iglesia está llamada. Este estilo se expresa visiblemente en los consejos evangélicos vividos en comunidad. A través de ellos, se manifiesta la radicalidad y la novedad del seguimiento de Jesucristo. La consagración es así instrumento de nueva evangelización».
Por su parte, monseñor Juan José Asenjo, arzobispo de Sevilla, ha subrayado, en una Carta pastoral, que la vida consagrada «pertenece de manera indiscutible al núcleo más profundo de la vida de la Iglesia. Su santidad y uno de los rasgos más importantes de su ser en la Iglesia es la vivencia gozosa y comprometida de la comunión. Los religiosos y religiosas viven la comunión en el seno de sus comunidades como una verdadera familia, y tienen como arquetipo y modelo la unidad de la familia trinitaria. La vida fraterna de los consagrados refleja la hondura y riqueza de este misterio, y hace de las comunidades religiosas un espacio humano habitado por la Trinidad».
Jesús sigue llamando
El arzobispo de Barcelona, cardenal Martínez Sistach, ha recordado que «la historia de nuestros pueblos y ciudades no se puede escribir sin contar con la presencia y las obras de los monasterios y congregaciones religiosas. Pensemos en la construcción espiritual y cultural de Europa, y en las instituciones religiosas en el campo de la enseñanza, el cuidado de los enfermos, la asistencia a los ancianos, los pobres, los marginados, personas con discapacidades...»
El arzobispo de Pamplona, monseñor Francisco Pérez, ha escrito que la vida consagrada «es una muestra especialmente clara de que Jesús sigue llamando. Todas y cada una de las personas consagradas en un momento de su vida, a través de mediaciones diferentes y con tonalidades distintas, han escuchado las mismas palabras que un día pronunciara Jesús: Ven y sígueme. Por eso, los cristianos consagrados con una especial consagración son, en medio de esta sociedad secularizada y descreída, una demostración palpable de que Jesucristo vive, está presente en medio de nosotros, mirando con amor, llamando e invitando a seguirle».
El obispo de Osma-Soria, monseñor Gerardo Melgar, ha hecho hincapié en que, para el consagrado, «Cristo es la Persona de quien se ha enamorado, con quien se siente a gusto, a quien quiere con exclusividad, de tal manera que no admite ni necesita otros amores que le hagan feliz y den sentido a su vida, porque en Jesús ha encontrado todo cuanto necesita para alcanzar esa felicidad ansiada y el sentido pleno de la vida».
Santidad y evangelización
Monseñor Casimiro López, obispo de Segorbe-Castellón, considera que el primer medio de evangelización de los consagrados consiste en «un testimonio de vida entregada a Dios, en una comunión que nada debe interrumpir y, a la vez, consagrada al prójimo con un celo sin límites. Será sobre todo mediante su vida de santidad como los consagrados serán nuevos evangelizadores».
El obispo de Teruel y Albarracín, monseñor Carlos Escribano, ha declarado que la nueva evangelización «requiere de evangelizadores ardientes, encendidos en el amor de Cristo por los hombres. Para ello, es necesaria una vivencia radical de la vocación y un seguimiento generoso del carisma al que el consagrado pertenece».
Y monseñor Atilano Rodríguez, obispo de Sigüenza-Guadalajara, ha escrito que cada consagrado es una «riqueza impagable» para la Iglesia y la sociedad, por la que debemos dar gracias a Dios.
Enrique García Romero