Alfa y Omega > Nº 771 / 2-II-2012 > Aquí y ahora > El cardenal arzobispo de Madrid
Con la gentileza de

La voz del cardenal arzobispo
La JMJ ha dado muchos frutos en la vida consagrada
Con ocasión de la Jornada Mundial de la Vida Consagrada, el cardenal arzobispo de Madrid presidirá la Eucaristía, esta tarde, a las 19 horas, en la catedral de la Almudena. Sobre esta Jornada, que tiene como lema Ven y sígueme. Vida consagrada y nueva evangelización, ha sido entrevistado en la cadena COPE por Javier Alonso Sandoica:
Encuentro de Benedicto XVI con jóvenes
religiosas, en el monasterio de El escorial,
durante la JMJ de Madrid 2011
El próximo día 2 de febrero es la fiesta de la Presentación del Señor, y se celebra la Jornada Mundial de la Vida Consagrada, con el lema, este año, de Ven y sígueme. Con los frutos, sobre todo, de la JMJ, parece ser que, de ahora en adelante, la vocación a la vida consagrada va a dar, cada vez, más juego, más frutos a la hora de servir al Señor y a los demás...
Efectivamente, nosotros vamos a celebrar en la diócesis de Madrid, como siempre, este día con un momento central, que es la celebración de la fiesta de la Purificación de Nuestra Señora y la Presentación del Niño Jesús en el Templo, en la catedral de La Almudena, a las siete de la tarde. Su tradición es ya considerable. La participación de las consagradas y de los consagrados en la misma es siempre un gozo para el obispo diocesano, y, creo yo, una muestra más de cómo la vida consagrada en la diócesis de Madrid está implicada en eso que se llama la nueva evangelización. Y pone de manifiesto la forma tan activa y tan intensa en la que los consagrados y las consagradas en Madrid vivieron la JMJ. Yo creo que no sin fruto, sobre todo en el orden vocacional, en orden a presentar de nuevo, de una forma visible y atractiva para los jóvenes de nuestro tiempo, ese ideal de seguir a Cristo de una forma literal, hasta en los modos de, por ejemplo, considerar el valor del amor humano, de la libertad, de la pobreza, de la relación con los bienes de este mundo, la relación con los demás, etcétera; asumiendo esa forma de desprendimiento total del Señor, que después encuentra en el momento de la Cruz su expresión más sublime y más fecunda.
De hecho, ha dado muchos frutos la JMJ en la vida consagrada...
No disponemos todavía de datos abundantes y detallados, pero las noticias que llegan son que, efectivamente, ha sido así. Primero, para la propia vitalidad de las comunidades de religiosos y religiosas, de los Institutos seculares, etc. Se los ve con una alegría nueva, con un afán de compromiso con su misión dentro de la Iglesia y en relación con la santificación del mundo y, de una manera muy especial, con la cristianización o la evangelización de los jóvenes. Y luego, también en relación con las noticias que te llegan de jóvenes, tanto varones como mujeres, que parece que han iniciado un capítulo nuevo de su vida buscando su realización en los caminos de las Congregaciones, de la vida consagrada según los distintos carismas. Por cierto, bastantes o muchas, por el camino de la forma contemplativa de la consagración; y otros, por la forma activa de la consagración.
Protagonistas de la evangelización
El lema de este año habla de la vida consagrada y la nueva evangelización. ¿Cómo van por todo el mundo predicando el evangelio?
La acción misionera de la Iglesia, sobre todo en el segundo milenio, pero también en el primero, se ha apoyado muy fundamental e intensamente en la vocación para la vida consagrada y para el ministerio apostólico, para seguir la misión de los primeros y fundamentales evangelizadores, que son Pedro y los Doce, tratando de vivir su vida con una entrega radical al Señor; diríamos, según la forma apostólica, rigurosamente tomada y literalmente vivida. Los monjes, los benedictinos del primer milenio fueron los grandes protagonistas de la evangelización de la Europa del centro y del norte. Las nuevas formas de vida sacerdotal, que nacen en la Edad Media con las Órdenes mendicantes, son los predicadores fundamentales del evangelio, en Europa y también fuera de Europa: se adentran en África, en Asia. San Francisco de asís es figura pionera, ejemplar en este campo. Y no digamos santo Domingo y los dominicos. Luego, las Órdenes sacerdotales que nacen con el Concilio de Trento
-la Compañía de Jesús, etc.- abren un capítulo novísimo y fecundísimo de acción misionera en todo el mundo, sobre todo en España y, desde España, para América. Y así en el siglo XIX y en el siglo XX. La misión, especialmente la misión ad gentes de la Iglesia en todos los tiempos, pero sobre todo en los tiempos modernos y contemporáneos, pivota en torno a la vida consagrada de una forma predominante.
Es verdad que también los seglares y el clero secular se han empeñado mucho en esta acción misionera, sobre todo a partir de los siglos XIX y XX. En la América nuestra, mucho antes. Pero también es verdad que el grueso y el peso principal de la misión lo han llevado los consagrados y las consagradas hasta ahora mismo. Lo que pasa es que ahora nos encontramos ante un nuevo campo, que es el de los países de viejas raíces cristianas, profundamente descristianizados y, en muchos casos, apóstatas de su fe y de sus tradiciones más queridas, más profundas del sí a Cristo. Y aquí nos encontramos todos: consagrados, consagradas, sacerdotes diocesanos, la comunidad diocesana... Y aquí se impone una comunión de fuerzas en torno al ministerio y a la guía pastoral del Papa, que es el pastor de la Iglesia universal, y de los obispos en sus respectivas diócesis que, en comunión con él, son los pastores de las Iglesias particulares. Ahí está, debe de estar, nuestro empeño, nuestro reto para los próximos meses y para ese nuevo periodo de nueva evangelización que el Santo Padre quiere inaugurar con el Sínodo del próximo mes de octubre y con el Año de la fe.