Alfa y Omega > Nº 771 / 2-II-2012 > España
Ante la emergencia educativa, don Juan Carlos Corvera, Presidente de Educatio Servanda:
«Los centros conocen la realidad mejor que el estado»
La Fundación que preside lleva por nombre Educatio Servanda, o sea, Para conservar la educación. Y, en efecto, a eso se dedica don Juan Carlos Corvera, que cada mañana se pone al servicio de los alumnos, sus familias y sus profesores, para «mantener o recuperar, según el caso, una sociedad basada en los valores del humanismo cristiano, que ahora están siendo cuestionados con demasiada ligereza y excesiva violencia». Lleva años dedicándose a la docencia, y ahora vuelca sus esfuerzos en la gestión de centros


«Las familias saben lo que quieren para sus hijos
mejor que el estado». Corvera, en el centro,
en el Congreso de Educatio Servanda de 2009
¿En qué afecta a los centros escolares la emergencia educativa denunciada por Benedicto XVI?
La emergencia educativa tiene su origen en una crisis antropológica grave. El hombre ya no sabe quién es. Por eso, es preciso aplicar un tratamiento preventivo, que vaya a la raíz y descienda hasta los primeros peldaños de la construcción de la persona, lo cual sucede en el ámbito de la educación: en las familias, de manera sustantiva, y en los centros escolares.

Y esto, ¿cómo se manifiesta en el día a día de un colegio?
Se dan muchas circunstancias concretas. La más dramática es la falta de capacidad de muchas familias para interiorizar y ponerse al frente del proceso educativo de sus hijos. Las familias rotas, los horarios laborales, las muchas horas que nuestros hijos están sometidos a todo tipo de impactos visuales sin control, etc., dificultan mucho el ya de por sí complicado proceso de educar a un hijo. Eso se traduce en todo tipo de disfunciones en el ambiente escolar: falta de respeto a los docentes, alumnos consentidos, hiperreactivos a las frustraciones, sin capacidad de sacrificio...

Entonces, ¿cómo puede un centro ayudar a paliar esta emergencia?
Los centros educativos son subsidiarios de los padres en la educación de sus hijos, pero es cada vez más importante que los centros trabajen en una doble dirección. La primera, el acompañamiento educativo (y no sólo instructivo) a los alumnos, junto a sus padres. Pero cada vez es más necesario trabajar con las familias, para recordarles que son lo sustantivo en la educación, y así ofrecerles medios de formación y acompañamiento a ellos mismos como padres.

Ante las reformas que ha anunciado el Gobierno, ¿qué medidas han de adoptarse para mejorar la vida académica de los centros?
Es preciso otorgar a los padres una verdadera capacidad de elección de centro. En Madrid se trabaja en reformar el sistema de puntos de la escuela concertada. No será definitivo, pero estaremos más cerca del objetivo. Las leyes educativas deben estar exentas de ideología, lo cual no ocurre... ¡desde que tengo memoria! Una vez que encontremos una legislación desideologizada, tendremos que, sin olvidarnos de la absolutamente necesaria escuela pública, facilitar todo tipo de centros de iniciativa privada, que sí podrán tener un ideario concreto, según su concepción de la educación, para que las familias puedan elegir.

La mayor autonomía de los centros es una constante en las reivindicaciones. ¿En qué consiste?
Con carácter general, debería hacerse en la educación lo que se ve como necesario en el mundo laboral: una mayor flexibilidad, para que sean los centros, que conocen mucho mejor que el estado la realidad educativa (composición de su alumnado, necesidades y solicitudes de las familias...), los que tengan libertad de acción en el proceso educativo. Eso sí, el estado debe comprobar que el centro cumple su misión, y debe hacer pasar a los alumnos (y, por extensión, a los centros) por exámenes de reválida. Pero autonomía también es, y en primer lugar, la aplicación del ideario que las familias han elegido para sus hijos, sin tener que pleitear con la inspección para defenderlo.

Aumentar la oferta de concertados, ¿minusvalora la escuela estatal, por dedicarle menos recursos?
Una plaza de enseñanza concertada cuesta un tercio de una pública. Es decir, con los recursos que la Administración emplea para un centro público, hace tres concertados. Así, amplía la oferta educativa a las familias y aumenta su capacidad de elección. ¿Deben seguir existiendo centros públicos? Si fuese sólo una cuestión de recursos, la escuela concertada no tendría demanda y ocurre lo contrario. El problema de la pública no es de recursos, sino de modelo educativo. Cuando se abrió el centro Juan Pablo II, en Alcorcón, tenía 310 matrículas, mientras que el público de la zona que pretendía abrir a la vez tenía 16. Las familias saben lo que quieren para sus hijos mejor que el estado.

Cualquier escuela, estatal o de iniciativa social, puede transmitir valores para combatir la emergencia educativa. ¿Qué aporta el ideario católico de un centro?
Cada uno educa en función de la concepción que tiene de la persona. Para un colegio católico, la persona tiene una dimensión trascendente, que es preciso trabajar para hablar de educación integral. Dentro de su labor educativa, se debe trabajar esta dimensión como una más, junto con la afectiva, la volitiva y la intelectiva. El colegio no puede conceder la fe a un alumno, sólo Dios puede hacerlo, pero sí debe procurar el ambiente para que ese encuentro se dé. Y, además de este hecho trascendental, el catolicismo ilumina un modelo de persona a imagen de Jesucristo, y eso incluye una manera de trabajar las otras dimensiones de la persona, por ejemplo en el campo de las virtudes. Eso explica, en parte, la aparente contradicción de que muchos no creyentes apuesten por la enseñanza católica.
José Antonio Méndez
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