Alfa y Omega > Nº 771 / 2-II-2012 > Desde la fe > No es verdad
No es verdad
Máximo, en ABC
No sé qué le habrá parecido a Máximo, firmante de la viñeta que ilustra este comentario, la idea que ha surgido en Italia y que el Corriere della Sera ha destacado en su portada de otorgar un premio a quien denuncie la corrupción y a los corrompidos: el premio en metálico consistiría en un tercio de la suma recuperada. No sé qué les parecerá a ustedes; a mí me parece que la idea está llamada a tener mucha aceptación, y es posible que no acabe con la corrupción, pero no estaría mal si consiguiese reducirla significativamente. Por apuntar solamente un par de botones de muestra, la descomposición del régimen andaluz ha llegado a tal punto que la Junta de andalucía, en suspensión de pagos, desvió a comisiones 150 millones de euros destinados a los parados. Como ha denunciado ABC, el PP calcula que el ejecutivo de andalucía pagó entre 150 y 200 millones de euros
-que se dice pronto- a las Consultoras que gestionaron los Expedientes de Regulación de Empleo. Esto no es mera corrupción; esto entra de lleno en el capítulo de presuntos delitos, y no basta con que los responsables pierdan las próximas elecciones en Andalucía: eso sería pagar la responsabilidad política, pero no la penal.
Pasando de lo público a lo privado, se ha publicado recientemente que don Francisco Luzón, máximo responsable de la División América del Grupo Santander y destacado miembro del Banco del mismo nombre, deja su cargo y, tras su renuncia voluntaria, podrá cobrar más de 65 millones de euros. La motivación aduce la extraordinaria labor profesional realizada a lo largo de 15 años como Consejero ejecutivo. Tiene que haber sido verdaderamente extraordinaria, en un país en el que la pensión máxima de un profesional con 40 años de ejercicio profesional es de 2.000 euros mensuales. Se ve que la labor profesional de los profesionales normales y corrientes a lo largo de 40 años, no de 15, no ha sido tan extraordinaria. Una pregunta de fondo se impone:
¿Quién de ellos ha contribuido más al bien común real?
Hemos podido oír estos días a una excitadísima Carmen Chacón pidiendo a gritos que el Gobierno dé la cara en España, no en Bruselas. Hace falta tener una cara de cemento armado y un cinismo a prueba de bomba para pedir a gritos algo que durante ocho años la señora Chacón y el señor Rubalcaba, miembros de un Gobierno socialista que ha dejado a España en la ruina, no ha hecho ni ha pedido. Si del terreno político pasamos al judicial, el espectáculo en torno al juez Garzón es difícilmente definible. Ignacio Camacho ha escrito estos días que «la lógica jurídica del proceso a Garzón fracasa ante la eficaz propaganda emotiva del anti-franquismo sobrevenido». Hasta el más indocumentado en asuntos legales sabe que no se puede juzgar a un muerto, ni exigir responsabilidades penales a quien no se le exigió en vida, se llame Franco o se llame Stalin
-competencia que Garzón no osaría asumir-. El mariachi de palmeros nacionales e internacionales que acompañan, junto con los líderes de los dos sindicatos mayoritarios, la movida callejera debería ruborizar a cualquiera con un mínimo de sentido de la dignidad; pero esto es lo que hay. Mientras, no falta algún que otro etarra que reconoce que siguen teniendo armas, pero que no las van a usar; a lo mejor es para hacerse fotos de recuerdo.
No ahora, sino el 17 de junio de 2010, recordé en este rincón lo que Pablo Iglesias, fundador del Partido Socialista, manifestó respecto a la Ley: «Los socialistas estarán en la legalidad mientras la legalidad les permita adquirir lo que necesitan; fuera de la legalidad..., cuando ella no les permita realizar esas aspiraciones». Con estos precedentes fundacionales, ¿a alguien puede extrañarle la idea de justicia que los socialistas y su mariachi de palmero tienen? Es evidente que para ellos la Justicia es self service, a la carta, a gusto y capricho; pero hay algo inamovible moralmente: que el fin no justifica los medios; tampoco cuando se acaba el chollo y se cierra el grifo; tampoco cuando El País descubre que, increíblemente, el PP ganó las elecciones y quiere cumplir su programa electoral, se trate de la Justicia, del aborto o de la Educación para la ciudadanía.
Gonzalo de Berceo