Alfa y Omega > Nº 772 / 9-II-2012 > Testimonio
Orense recibe a su nuevo obispo, monseñor Leonardo Lemos
«Se nota mucho todo lo que se ha rezado por mí en Orense»
Tras dos años de sede vacante, Orense recibe, el sábado, a su nuevo obispo, el hasta ahora canónigo de la catedral de Santiago de Compostela, don Leonardo Lemos. Reconoce estar abrumado tanto por la expectativa despertada, como por las múltiples muestras de afecto en los homenajes de despedida en Santiago. Son muchas las tareas que ha desempeñado en esta diócesis, pero los momentos que más dentro del corazón se lleva son los que ha pasado en el confesionario


Monseñor José Leonardo
Lemos Montanet, nuevo obispo
de Orense
A finales de noviembre, en plena clase de Antropología Filosófica, sonó su móvil. «¡Comprenda mi situación...! -comenta don Leonardo-. Me había olvidado de apagar el teléfono. Eran algo más de las siete de la tarde, y lo que menos espera uno es recibir una llamada de la Nunciatura. Pensé que era una broma de un cura amigo... ¡Menos mal que el señor nuncio es un hombre con gran sentido del humor!»
Después de Navidad, hizo unos Ejercicios «con muchísima paz», paz que, «gracias a Dios, no he perdido en ningún momento. Dios me está ayudando. Creo que es por todo lo que se está rezando en Orense. Lo noto en una enorme lluvia de gracia».
En Orense se queda corto afirmar que se le espera con los brazos abiertos. Tras dos años de sede vacante, la expectativa es máxima, aunque don Leonardo se apresura a puntualizar: «No hay desgobierno, como algunos han dicho. Hay un Administrador Apostólico, el anterior obispo (monseñor Quinteiro, hoy obispo de Túy-Vigo), gran amigo y compañero en las tareas académicas del Instituto Teológico. El programa pastoral se ha ido llevando a cabo punto por punto».
Pero se acerca el momento de la ordenación episcopal, y la serenidad del nuevo obispo, que cumplirá los 59 años el 31 de mayo, a veces flaquea... «Estos días, el corazón me está traicionando un poco, por los homenajes que me están haciendo en la diócesis de Santiago, en la que he vivido los últimos 32 años como sacerdote y antes como estudiante». La pasada semana, cerca de 300 sacerdotes abarrotaron en su despedida la capilla del Seminario Mayor. «Esto te emociona».
También en Orense han sido enormes las muestras de afecto. «¡Se han colgado fotografías mías en todas partes!», dice sorprendido. Los ecos le han llegado a su rincón favorito de Santiago, en el que afirma haber vivido los momentos más gratificantes de su ministerio: el confesionario. En este lugar, donde ha sido testigo de muchas conversiones a través del que ha llamado el Sacramento de la Alegría, se le acercó hace unos días un joven de Orense: «Oiga, ¿sabe usted que se parece mucho al nuevo obispo?» Como buen gallego, don Leonardo le respondió con otra pregunta.
La vocación
El futuro obispo cuenta que se hizo sacerdote «por llamada particularísima de nuestro Señor». A finales de los años 60, siendo alumno del Instituto de Enseñanza Media de Ferrol, «un 19 de marzo, en la Misa de una, en la iglesia del Carmen, celebraba la Misa un sacerdote muy anciano». Era el día de San José, campaña del Seminario: «Aquel sacerdote nos retó a los jóvenes: ¿No puedes ser tú uno de esos llamados? Sentí una sensación, incluso física, una especie de estremecimiento especial en mi interior, percibiendo como una certeza interior de que uno de ésos tenía que ser yo, y a partir de ese momento cambió toda mi vida. Yo era un estudiante normal, de misa dominical y punto; y la confesión, algunas veces al año... A partir de aquello, me tomé en serio la vida sacramental, la oración, la dirección espiritual. Y el resto lo fue haciendo Dios, poco a poco». En 1971, entró en el seminario. Ya diácono, en 1978, ingresó en la Sociedad Sacerdotal de la Santa Cruz, vinculada al Opus Dei. Fue ordenado el 19 de mayo de 1979 por monseñor Ángel Suquía. Su primer destino fue como formador en el Seminario Menor. Después, su arzobispo le envió a ampliar estudios a Roma, donde se doctoró en Filosofía. Desde su vuelta, ha sido profesor y Vicedirector del Instituto Teológico Compostelano, formador del Seminario Mayor, director técnico del Seminario Menor, director del Instituto Superior de Ciencias Religiosas..., tareas estas últimas que ha compaginado con la dirección de un colegio de Secundaria y Bachillerato, y con su trabajo, desde 1987, como sacerdote adscrito de la parroquia de San Fernando. Desde 2007, es canónigo de la catedral de Santiago.
Todo en la Caridad
El 16 de diciembre, se anunció su nombre como obispo de Orense. Su prioridad, afirma, son los sacerdotes, «porque ellos son los que prolongan la actividad del ministerio episcopal de una forma capilar. Eso es fundamental». Y están «los dos Seminarios, el Centro de Estudios, el Instituto Teológico, el Instituto de Ciencias Religiosas... Son instituciones de las que creo que hay que preocuparse prioritariamente, porque uno de los problemas que tenemos es la falta de formación, como advierte el Papa».
Y Cáritas... «En la situación que vivimos, otra de las acciones prioritarias debe ser la acción solidaria que está ejerciendo la Iglesia en Orense a través de Cáritas». Por cierto: Omnia in Caritate, Todo en la Caridad, es el lema que ha escogido don Leonardo. Tomado de la Primera Carta a los Corintios, Caritate se escribe en mayúscula, porque «no se refiere tanto a la virtud teologal de la caridad, cuanto a la misma realidad de Dios, que es Amor». El lema recuerda al de otro ilustre orensano, que fue arzobispo de Santiago, el cardenal Fernando Quiroga (Omnia in caritate fiant), sobre quien don Leonardo publicó, en 2004, un libro.
Ricardo Benjumea
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