
Hijo mío, ahora ya no puedo hablar contigo como una madre con su hijo. No seré admitida. Sólo me cabe el lugar anónimo del cristiano: el lugar que Tú me has dispensado cuando me has elegido para ser tu Madre. Yo quería llegar a ser tu Madre y, al mismo tiempo, ser tu creyente. Y ahora sólo nos es posible comunicarnos como creyentes.
Te veo cargar la dura cruz. No puedo ayudarte como tu Madre, sólo puedo estar junto a Ti con mi fe. Y yo te adoro. Sé que cargando la cruz, también estás en el cielo. Y te busco junto al Padre. Y te adoro y te ofrezco mi sufrimiento saturado de dolor. Y te suplico que mi dolor pueda ayudarte a cargar tu cruz.
Te ruego, concédeme que mi fe sea fortalecida por Ti, también cuando ya no estás presente. Concédeme que mi fe esté a disposición de todos los que te pertenecen y te aman. Dóname ser Madre de todos los tuyos. La Madre de Uno crucificado a muerte, la Madre de todos los cristianos crucificados con Él, la Madre de todos los que sufren y creen en Ti, la Madre de todos los que te anhelan y te buscan.
Haz de mí una Madre dolorosa, para que esté junto a ti en el dolor, como ahora en el dolor Tú estás junto a todos nosotros. Amén.