|
|
Éste es uno de los mejores órganos que hay en España para interpretar la música barroca -comenta el compositor-; por eso hicimos aquí un LP titulado Obras clásicas al Órgano, preferentemente con temas de Bach. Normalmente, mi trabajo como compositor no lo realizo en el órgano sino en casa, delante del piano. Programo los discos por temas, y poco a poco elaboro las melodías, los textos. Al poco tiempo, vuelvo a perfeccionarlos hasta dar el visto bueno a las 15 o 20 canciones; pasan 2 o 3 meses y selecciono ya las que irán al disco.
En el mundo litúrgico hispanoamericano se escuchan y cantan tus canciones. Incluso, diría que hay más interés que en España por la música religiosa. Se aprecia más júbilo y entusiasmo en muchas celebraciones. Por ejemplo, en el viaje del Papa a Cuba, el episcopado cubano distribuyó 100.000 cantorales. Aquí en España los feligreses no tienen mucho interés por el canto dentro de la liturgia; se encuentran sin ilusión por hacer que la música sea parte integrante de la celebración. No se invierte en preparar organistas, monitores de canto, directores de coros de niños, de coros parroquiales, restauración y compra de buenos órganos, adquisición de material para los fieles (libros de cantos, discos), equipos de sonido para oir música clásica religiosa en los templos, etc. ¿Razones? Por un lado, la insuficiente preparación musical en las escuelas; por otro, la pobreza económica en la mayoría de las parroquias españolas, etc. ¿Cómo, dónde, a qué años comenzaste a estudiar música? Mi primera experiencia emocionante fue cuando a los 4 años, con el dedo índice de la mano derecha, conseguí hacer sonar una nota en el piano de la casa del maestro del pueblo. A los 8, inicié mis estudios con Manuel Zoco, tío del famoso futbolista Ignacio, en Aibar, donde nací y viví hasta que fui al seminario. Posteriormente finalicé la carrera de órgano y composición en el Conservatorio de Pamplona, con los profesores Taberna y Remacha. También obtuve la licenciatura y el magisterio en Música religiosa en Roma. |
| Y tu experiencia con la música de vanguardia en Darmstadt o el diploma de mérito en composición en la Academia de Siena, en la cátedra Petrassi, ¿no te animaron a continuar con la gran orquesta o los grandes coros?
Efectivamente, he hecho algunas obras importantes en este estilo, pero al final de los años sesenta opté por componer música popular litúrgica para el pueblo y para los coros parroquiales. En aquellos años postconciliares hice mi primer disco, Jesucristo-Siete tiempos. Nunca me he arrepentido por aquella decisión, ya que estoy seguro de que mi música se oye o se canta durante día y noche a lo largo del mundo. Viniendo al mundo de los jóvenes, de los padres, al mundo de la enseñanza, ¿qué aconsejarías a los responsables de la educación? En el campo religioso, animaría a los padres a cuidar la alimentación musical de los niños. Una buena parte de la música religiosa está contaminada por vídeos, temas y textos muy lejanos al Evangelio. Un alumno de secundaria no debería salir de un colegio religioso sin saber 30 temas clásicos de música cristiana. En el mundo litúrgico, el gregoriano es maravilloso, pero cantarlo es dificilísimo; por tanto, ni el gregoriano, ni la música modal o seudogregoriana van a solucionar y elevar la participación litúrgica. Hay que crear música nueva, cercana a las melodías populares, y a los textos litúrgicos o bíblicos, sin menospreciar la creación de poemas nuevos.Son necesarios. ¿Alguna otra sugerencia? En España vamos muy retrasados en muchos aspectos: a nivel familiar, además del cantoral religioso que deberían tener en casa, debería cuidarse mucho más el tipo de música que se compra. Por desgracia, los cristianos estamos alimentando a los cantantes que llevan una conducta anticristiana. A nivel escolar, debería darse un mayor conocimiento de la música clásica religiosa (es la mejor música que existe) y aprender el núcleo de 100 canciones litúrgicas que se cantan en las parroquias, además de 20 o 30 canciones infantiles y juveniles. A nivel parroquial, los feligreses deben ofrecerse para cantar, formar grupos de canto en todas las celebraciones, y los sacerdotes y el consejo pastoral deberían buscar los medios necesarios para formar a organistas, instrumentistas, y tener el material suficiente (libros, cantorales, micrófonos, instrumentos, etc.) A nivel diocesano y nacional, se necesita un Instituto o centro docente que ofrezca titulaciones, como en todas las naciones europeas, incluso en Centroamérica. Aunque es difícil alcanzar el nivel alemán o norteamericano, las comisiones diocesanas y la jerarquía española deben conseguir dinero para esta tarea músico-litúrgica. Por ejemplo, lo que sucede con la música en las bodas, es un ejemplo de anarquía y descontrol, en perjuicio de la auténtica participación musical dentro de la liturgia. Julián Sánchez |