RetrocesoA&ONº 210/27-III-2000SumarioEn portadaContinuar

El carisma de la comunicación cristiana

En la Iglesia, cuerpo de Cristo, Dios Padre por su Espíritu suscita los carismas para el bien común, para la vida y la misión de la Iglesia. Pueden verse diversas listas de carismas en el NT (Rom 12,3 ss; 1 Cor 12, 4-11, 27-30; Ef 4, 7-11; Act 14, 27 nota de Biblia de Jerusalén; 1 Pe 4, 10-11). Son suscitados por el Espíritu para utilidad común, animados interiormente por la caridad (cf. 1 Cor 13). El Vaticano II prestó una atención particular a los carismas (cf. Lumen gentium 4, 7, 12; Ad gentes 4, 23, 28; Apostolicam actuositatem 3, etc.)

* ¿Se puede hablar del carisma de los comunicadores cristianos? Probablemente sí. En efecto, una persona que transmite el Evangelio en los medios de comunicación social, es doblemente agraciada, ya que actúa como apóstol del Señor y sabe utilizar unos instrumentos de comunicación con la complejidad que los caracteriza. El carisma del comunicador cristiano se especifica profundizando tanto en la eclesialidad de la transmisión de la fe como en la correcta utilización del medio de masas a través del cual comunica con las personas. Un carisma tiene siempre algo de síntesis creadora entre la fe y la vida, entre la fe y la cultura, entre la fe y la comunicación.

* Este posible carisma del comunicador cristiano se sitúa en la línea que en el Nuevo Testamento está relacionada sobre todo con el servicio a la Palabra de Dios: predicador, maestro, animador de la comunidad, etc.

* Este don de Dios parece actualmente tan necesario para la misión como escaso y difícil. Probablemente debe prestar más atención y ayuda la Iglesia a estos carismas, ya que en la sociedad marcada profundamente por los mass media, sin la actuación de los comunicadores cristianos, carecería la Iglesia de una presencia relevante y de un medio a través del cual el carácter universal del Evangelio se refleja especialmente. Los medios son areópagos, no templos de celebración o recinto de catequesis o aulas de teología.

* ¿Cómo se inserta el carisma del comunicador cristiano en la constelación de carismas de la Iglesia al servicio de la Palabra? Es bueno que el teólogo y el catequista, y el predicador y el profesor de Religión, aprecien y cuenten con el comunicador cristiano, y viceversa. Unas veces el Evangelio se adensa en la reflexión teológica y otras se sugiere algo en un artículo periodístico. Unas veces se proclama el Evangelio al vivo y otras veces se informa de hechos eclesiales; unas veces la forma pedagógica es muy importante, porque se debe facilitar a la posible multitud la incitación a la escucha o a la lectura, y otras la hondura no debe ser sacrificada porque el escrito se dirige a personas supuestamente preparadas, interesadas, esforzadas. Unas veces lo principal es la imagen y otras las palabras; unas veces lo principal es la argumentación y otras la sintonía cordial. Olvidamos más facilmente el contenido de un encuentro que la impresión que nos dejó.

* Es bastante claro, y nuestra experiencia cotidiana lo ratifica, que los grandes medios de comunicación social y la Iglesia no se entienden bien. En este contexto el comunicador cristiano tiene una misión muy importante. Contactar personalmente, abrir puertas, quitar prejuicios y miedos, ofrecer, solicitar respeto. Probablemente las dificultades mayores no proceden de las personas concretas sino de los intereses e ideologías en que sitúan los medios; en estos casos ya sería suficiente amortiguar el impacto negativo o buscar la clave por donde lo religioso puede ser presentado. Promoción social, el tercer mundo, obras culturales, etc. Siempre cabe levantar un poco el horizonte para situar cómo y por qué se mueven los cristianos en estos campos del servicio a la Humanidad.

* No es lo mismo que un comunicador cristiano trabaje en un medio de la Iglesia o lo haga en un medio del Estado o de iniciativa social. En el primer caso una serie de obstáculos desaparecen, que en los otros estarán siempre presentes. ¿De qué forma debe actuar un comunicador cristiano para que sea, al mismo tiempo, un cristiano fiel y un buen profesional? El doble factor de identificación puede introducir problemas personales de unidad interior, pero negar u ocultar la perspectiva cristiana es una equivocación que termina produciendo lástima por la actitud acomplejada. Un medio puede imponer selección de los temas religiosos, pero no puede exigir tergiversación de los datos o descalificación de las personas.

* Como en otras actividades de los profesionales, la formación permanente de los comunicadores cristianos es una de las exigencias prioritarias. Si cabe, es mayor en aquellos comunicadores con encomiendas eclesiales. La experiencia demuestra que muchas veces se produce un desfase entre los conocimientos profesionales, su compromiso cívico como comunicadores y una escasa, cuando no nula, formación religiosa, especialmente teológica, lo que a veces, con el tiempo, provoca una pérdida de identidad cristiana.

* Existe una amplia y rica doctrina de nuestra Iglesia sobre los medios de comunicación, especialmente a partir del pontificado de Juan Pablo II, que es de gran utilidad para los comunicadores cristianos. Son textos vivos que les ayudan a situarse ante la complejidad de sus problemas de profesión y, a la vez, les permite profundizar en su carisma específico. Interiorizar esos escritos, ponerlos en práctica en el trabajo diario es una tarea que realizan muchos comunicadores cristianos, unas veces en solitario y otras en grupo con el acompañamiento de organizaciones o de organismos de la propia Iglesia, como pueden ser asociaciones laicales específicas o las delegaciones diocesanas de Medios de comunicación social.

* El comunicador cristiano tiene que vivir en sintonía y comunicación permanente con su comunidad cristiana. El encuentro con los hermanos en la fe le fortalece en su misión de frontera o de intemperie; al periodista cristiano le ocurre lo que a todo cristiano en el mundo: Está presente en él, pero no es su hogar espiritual; está en él pero no es de él. Es un enviado, que retorna sin cesar a la comunidad que le envía.

+ Monseñor Ricardo Blázquez
Obispo de Bilbao