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¿En qué nación han comenzado a misionar? En el Perú. Inesperadamente enlacé un día con el obispo peruano monseñor Demetrio Molloy, de la diócesis de Huancavelica. Andaba él buscando misioneros para su extensísima zona de 22.000 Km2 y cerca de medio millón de habitantes. Sin embargo, tiene solamente 17 sacerdotes. Está enclavada en el centro de los Andes. Una geografía impresionante, muy difícil para la evangelización por las imponentes cordilleras y la carencia de infraestructuras, carreteras, etc.
¿Cómo responde la gente? La mitad de la zona no ha visto a un sacerdote en 20 años. El trabajo es inmenso. La gente es apacible y está ansiosa de tener sacerdotes. De lo contrario, la invasión de las sectas protestantes norteamericanas es agobiante. Antes de volver a España, un día ante el mapa de toda la diócesis, el señor obispo trazó ante mis ojos una raya, dividiéndola por la parte sur. Me dijo: Todo esto es para ustedes, los misioneros de Cristo Rey. Yo amaba mucho al señor obispo don José Guerra, al que conocía y admiraba. Prediquen en esos lugares, catequicen, casen los matrimonios, visiten a enfermos, acojan a los niños, sean los verdaderos padres de tantas miles de almas que no tienen quien les hable de Jesús y de la Virgen María. Me emocioné viendo llorar en ese instante a aquel obispo valiente y misionero. Por eso están nuestros misioneros en las montañas de Huancavelica, del Perú. |
| ¿Pero España no necesita también ser evangelizada?
España también necesita la nueva evangelización. Por eso estamos presentes en 14 parroquias de Cuenca que carecían de sacerdotes. Nuestros misioneros dirigen también en la villa de Sentmenat, cercana a Barcelona, un colegio de enseñanza media muy prestigiado para fomentar vocaciones y, junto a él, una escuela apostólica para las vocaciones que ya apuntan. Hay que fomentar las vocaciones en España. Pero si vieran, los que así me hablan, la urgencia del trabajo que se abre en el Perú, y en general en toda la América hispánica, cambiarían de opinión. En España, mejor o peor, están atendidos todos los pueblos, todas las comunidades, todas las parroquias. No creo que haya lugares en España, como le decía antes, con más de 20 años sin ver a un sacerdote. ¿Creen ustedes que su atención primaria ha de ser Hispanoamérica? Nuestro fundador, el obispo monseñor Guerra Campos, quería que estuviéramos a las órdenes del Papa. Hoy tenemos peticiones de Rusia y de África que no podemos atender, al ser aún pocos. Es natural que Hispanoamérica sea más propicia para la acción evangelizadora procedente de España, por la ventaja de no tener que invertir tanto esfuerzo en el aprendizaje de lenguas y costumbres, y continuar así también la acción misionera de nuestros antepasados. Cuando estuve en Perú me llovieron peticiones del Ecuador, de Centroamérica y de otras diócesis peruanas. Es doloroso comprobar que allí, como aquí, una gran mayoría de hombres viven alejados de Dios y de la Iglesia. ¿Ve esperanzador este momento de la Iglesia ante el nuevo siglo? No tengo la más mínima duda. Todos los miembros de nuestra sociedad, se irían en bloque a los lugares de misión. Nuestros jóvenes estudiantes me dicen: Padre, si somos generosos con el Señor, Él nos mandará docenas de vocaciones y los medios para formarlas. Déjenos marchar ya. Si a la juventud se le exige, da mucho más de lo que se puede esperar. Al volver a España después de abrir la misión en Perú, venía recordando lo que realizan hoy nuestros misioneros con relativa comodidad en desplazamientos y medios sanitarios, sin comparación con lo que realizaron nuestros descubridores y misioneros hasta dejar la vida para ensanchar el Reino de Dios. Es la mayor gloria de España, de la que somos herederos. Estoy seguro de que, con la intercesión desde el cielo de don José Guerra Campos y de los misioneros que nos han precedido, vendrán a ayudar al movimiento misional multitud de bienhechores y de vocaciones. Nuestra pequeña Sociedad Misionera de Cristo Rey, dentro de su humildad, ampliará más y más su radio de acción para el aumento de la Iglesia en el nuevo siglo. Alfa y Omega |