RetrocesoA&ONº 255/12-IV-2001SumarioDesde la feContinuar
Con ojos ...de mujer
Muerte y Resurrección
En estos días, los cristianos vivimos unos de los momentos litúrgicos más intensos de todo el año. Acompañamos a Jesús en su acto de entrega absoluta y de amor sin límites a los hombres, pasando por la amargura de apurar el cáliz hasta el final, la humillación, la condena, el Calvario y la muerte en la Cruz. Pero también vivimos el acontecimiento más glorioso para el hombre: la Resurrección. Bendita palabra: Resurrección. Pocas letras, pero muy llenas de significado. Y es que los cristianos sabemos que la muerte no es el final del camino, como dice la canción. Sabemos que, tras la Pasión y la Cruz, está la gloria de la Resurrección. Y éste es nuestro gran consuelo.

Consuelo para los que, como quien esto escribe, en este Sábado de Pasión, acabamos de perder a un ser muy querido, santanderino: don Agapito Amieva, sacerdote de Jesucristo y de la Iglesia, y, sobre todo, amigo. Y AMIGO con mayúsculas, de los de verdad. No hay palabras para describir una amistad que nos ha hecho como personas y como cristianos, y lo que su pérdida supone. Pero estoy segura de que somos muchos los que, a partir de hoy, echaremos de menos su fecunda presencia. Muchos que, a lo largo de los años, a su lado, hemos encontrado apoyo y consuelo. Este Sábado de Pasión es silencio, en la antesala de la muerte. La de don Agapito, y la de tantos otros, no tendría sentido sin la muerte de Quien fue para él el único camino que dio sentido a su vida, Jesucristo.

Nos queda el gran consuelo de saber que la vida de don Agapito, llena de amor, no ha terminado. Y que la Resurrección de su memoria se ha hecho ya una realidad. En la esperanza del abrazo definitivo, nunca te olvidaremos, don Agapito, porque tú nos enseñaste a no olvidar nunca a quien nos ha convocado al encuentro del amor definitivo.

María Dolores Gamazo López