RetrocesoA&ONº 255/12-IV-2001SumarioMundoContinuar
Visita ad limina de los obispos de Japón
La sociedad nipona, enferma de tristeza
Los católicos representan en Japón apenas el 0,3% de la población en un país superdesarrollado
que vive con especial dramatismo la fractura producida por la crisis de valores. Éste ha sido el tema
fundamental tratado por el Papa durante la reciente visita ad limina de los obispos nipones
I. A.

La nación más rica del mundo (casi 39.000 $ de renta per cápita), la que ha vivido un desarrollo más espectacular en la segunda mitad del siglo XX, reponiéndose casi milagrosamente tras la devastadora segunda guerra mundial, hasta el punto de ponerse a la cabeza del mundo en cuanto a potencia económica, es, al mismo tiempo, una sociedad marcada por la ansiedad y la tristeza, según declara monseñor Shimamoto Kaname, arzobispo de Nagasaki, a la agencia vaticana Fides. Una sociedad obsesionada por el éxito económico, que margina al que no produce (ya hay propuestas de legalización de la eutanasia), en la que se han truncado los lazos familiares (243.000 divorcios en 1998), pero, sobre todo, una sociedad en la que los jóvenes no tienen ganas de vivir: sólo entre los estudiantes, en 1999, se dieron 30.000 suicidios.

A esto hay que añadir que, a pesar de que la presencia del cristianismo se remonta a san Francisco Javier, la presencia del catolicismo sigue siendo exigua: apenas 447.000 entre casi 130 millones de habitantes, en un país que se declara mayoritariamente shintoísta y budista, y donde la penetración de lo occidental siempre ha entrañado enormes dificultades.

Monseñor Berard Toshio Oshikawa, obispo de Okinawa, en una entrevista concedida a Radio Vaticano, admite que el 70% de los japoneses muestra un gran aprecio por el catolicismo, pero es dificilísimo convertir a la gente: la Iglesia es vista todavía como un producto de Occidente. El Papa animó a los obispos japoneses, durante la audiencia mantenida el 31 de marzo en la Santa Sede: ¡Remad mar adentro!, aunque haya momentos en que sintamos que hemos pescado poco o nada, y que, por lo menos en este momento, no haya nada que pescar. Pero Jesús dice: ¡Echad las redes! La fe nos asegura que el Señor conoce nuestro mundo mucho mejor que nosotros. Respecto al problema de la inculturación, que ya fue abordado en el pasado Sínodo de Asia, el Papa afirma: El desafío es presentar el de modo que esté en perfecta armonía con la entera tradición mística, filosófica y teológica de la Iglesia.

Monseñor Shimamoto reconoce que las actividades de la Iglesia japonesa se centran básicamente en la educación y la asistencia, más que en la evangelización directa. Además, el clero nipón tiene un promedio de edad en torno a los 70 años: de los tres seminarios que hay en el país, apenas salen una decena de sacerdotes al año. La gran esperanza de la Iglesia en Japón es la gran cantidad de inmigrantes católicos (450.000, mayormente filipinos) que llegan al país, y a los que atienden los sacerdotes formados en el seminario diocesano internacional Redemptoris Mater de Takamatsu. En Japón hay también 13 familias misioneras, del Camino Neocatecumenal, llegadas de todas partes del mundo.

Precisamente, poco antes de la visita ad limina, los obispos japoneses habían publicado una Carta pastoral, informa la agencia vaticana Fides, en la que se abordan los principales problemas de la sociedad japonesa, sobre todo la crisis de la familia, la degradación de la sexualidad y el aumento de los abortos, el mantenimiento de la pena de muerte y la introducción de la eutanasia, entre otros. El Papa ha llamado a los obispos a acoger y dejarse influir por la vitalidad que aporta la llegada de inmigrantes católicos a Japón, así como a acoger con discernimiento pero generosamente a las comunidades y movimientos nacidos últimamente en la Iglesia.