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Jesús Colina. Roma
No hay ninguna empresa de estudios de opinión que pueda llegar tan lejos. No queda prácticamente ningún rincón del planeta sin ser consultado. La Santa Sede lanzó en el verano de 1998 un sondeo entre todas las Conferencias Episcopales, diócesis, órdenes, congregaciones y personalidades eclesiásticas del mundo, para preparar el documento de trabajo del Sínodo mundial que tendrá por argumento la identidad y misión del obispo. Se trataba de una lista de 23 preguntas con cuyas respuestas se ha elaborado el Instrumento de trabajo (Instrumentum laboris), plataforma para las sesiones de la asamblea sinodal, que se celebrará en Roma durante prácticamente todo el mes de octubre. Se trataba de interrogantes directos: ¿Qué imagen predominante de la misión del obispo tiene la gente? ¿La imagen que tiene la gente de la misión del obispo coincide con la imagen que el mismo obispo tiene de ella? La tercera decía: ¿Cómo reacciona le gente a las enseñanzas del obispo acerca de cuestioes de fe o de moral? ¿Se hacen distinciones entre las enseñanzas del obispo y las del Papa? |
| El 1 de junio pasado, el cardenal belga Jean Pieter Schotte, Secretario General del Sínodo de los Obispos, presentó el documento de trabajo que se ha elaborado con las respuestas, que en esta ocasión han sido algo menos numerosas que en otros Sínodos, a causa de la atención que en todo el mundo había focalizado el Jubileo del año 2000 (respondió el 56,75 % de las instituciones consultadas).
Lo que más ha sorprendido a la Secretaría del Sínodo ha sido la insistencia de las respuestas en un aspecto muy concreto: Lo que hace falta, ante todo, son obispos santos, venían a decir la gran mayoría de las Conferencias Episcopales, diócesis, congregaciones religiosas. Respecto al proyecto inicial, la Secretaría ha añadido al Instrumento de trabajo un nuevo capítulo que lleva por título Misterio, ministerio y camino espiritual del obispo. Éste será, de hecho, el tema central de este Sínodo, que tendrá una importancia decisiva para la Iglesia, pues culmina las asambleas episcopales mundiales que han tenido por objetivo impulsar la renovación que trajo hace tres décadas el Concilio Vaticano II. Se habían analizado todos los estados de vida, faltaba sólo el ministerio del obispo. Y la renovación en la Iglesia debe comenzar y concluir por los obispos. En el próximo Sínodo participarán 161 obispos, de las 112 Conferencias Episcopales del mundo. Además, según la normativa sinodal, estarán presentes seis patriarcas, cinco obispos de rito oriental, diez miembros de la Unión de Superiores Generales de religiosos, y 27 responsables de organismos de la Curia Romana. Juan Pablo II ha nombrado a tres Presidentes delegados para el Sínodo. Se trata de los cardenales Giovanni Battista Re (Prefecto de la Congregación vaticana para los Obispos), Ivan Dias (arzobispo de Bombay), y Bernard Agrè (arzobispo de Abidjan, costa de Marfil). El Relator General del Sínodo será el cardenal Edward Michael Egan (arzobispo de Nueva York). Es interesante constatar que todos estos cardenales fueron creados por Juan Pablo II en febrero pasado. |